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20 de abril de 2024

Cayetana Johnson

Cayetana JohnsonUniversidad Eclesiástica San Dámaso

Entrevista a Cayetana H. Johnson, arqueóloga en Tierra Santa

De las pocas expertas en arameo en España: «Era lengua franca en tiempos de Jesús y llegó hasta China»

La arqueóloga y experta en arameo afirma que 'La Pasión' de Mel Gibson despertó la curiosidad de sus alumnos por aprender la lengua de Cristo

Para interpretar fielmente a Jesucristo, Jim Caviezel (Mount Vernon, 1968) tuvo que estudiar la fonética del latín, hebreo y arameo. Su profesora bien pudo haber sido Cayetana H. Johnson, experta en arqueología bíblica, judaísmo y sus lenguas, entre ellas el arameo. Su especialización la lleva a pasar largas temporadas de excavación en Tierra Santa. Pero, cuando está en España, Johnson, una de las pocas profesoras de la lengua de Cristo, imparte sus clases en la Universidad Eclesiástica San Dámaso.
–Usted es una de las pocas expertas en arameo, la lengua que habló Jesús, en España. ¿Qué le llevó a estudiar esta lengua tan antigua y tan desconocida para muchos?
–Una curiosidad profunda sobre el contexto histórico en el que se desarrolla el mundo de la Biblia. No hay historia sin lenguas, ya que estas proyectan formas de ver el mundo y una sofisticada elaboración del pensamiento, la reflexión religiosa y el arte, el humanismo en general. Desde niña me imaginaba aquellos escenarios del pueblo hebreo, el origen del cristianismo y numerosos pueblos dentro de la misma Canaán como los vecinos: Anatolia, Mesopotamia, Egipto y... los arameos.
Cayetana H. Johnson es arqueóloga en Tierra Santa y profesora en la Universidad san Dámaso de Madrid

Cayetana H. Johnson es arqueóloga en Tierra Santa y profesora en la Universidad san Dámaso de MadridEvelio Jiménez

–¿Cómo es la sensación de poder acceder a los textos originales que nos transmiten la palabra y la vida de Jesús, así como de otros personajes y acontecimientos de la historia sagrada?
–Siempre suspiro porque cada vez que se trabaja sobre estos textos, hay algo nuevo que se te revela, se accede a la mentalidad sapiencial, político o social del momento histórico del texto concreto, ya sea una carta, un relato bíblico o la correspondencia diplomática entre grandes reyes y funcionarios. Con respecto a Jesús de Nazaret, se fusionan sus enseñanzas y la dimensión teológica-mesiánica de su contexto judío con proyección universal, es decir, a través del galileo vemos una extraordinaria riqueza de adaptación lingüística en armonía con su formación y cultura hebrea que los gentiles pudieron entender. Gracias al arameo viajamos en el tiempo.
–¿Qué dificultades se encuentra a la hora de estudiar y enseñar el arameo?
–Destaco la ignorancia sobre la existencia de esta lengua de prestigio pues fue la lingua franca durante muchos siglos (como el inglés actual) y contribuyó a la predicación cristiana en el entorno siríaco y los mandeos de Irak, estos últimos son los seguidores del Juan el Bautista, por poner un par de ejemplos, pues sabemos que el arameo llegó hasta China. Por ello suelo dar conferencias para mantener vivo el hecho de que el arameo existe. Es patrimonio cultural, además de espiritual, de todos como otras lenguas que formaron parte de grandes civilizaciones.
–El arameo es una lengua que se ha conservado sobre todo en manuscritos, inscripciones, papiros, que a veces están deteriorados, incompletos o mal copiados. ¿Eso supone un trabajo de edición crítica, de reconstrucción, de comparación y de interpretación, que requiere mucha más paciencia y rigor que otras disciplinas?
–Exacto. En los tiempos que corren, la paciencia brilla por su ausencia, se busca la información fácil e inmediata. Algo que valoro mucho desde la antigüedad es el hecho de que había paciencia, para el trabajo de labranza, para construir, para estudiar, y ello te permitía la reflexión. Los textos arameos, en todas sus facetas, exigen una relación de tranquilidad para establecer un diálogo a través de las etimologías de las palabras y sus usos según el momento en que fueron escritos, pues hay vocabulario que cayó en desuso o se actualiza con neologismos, sin perder el significado original.
Cayetana H. Johnson escribe en arameo en una pizarra

Cayetana H. Johnson escribe en arameo en una pizarraUniversidad Eclesiástica San Dámaso

–Usted es profesora en la Universidad Eclesiástica San Dámaso. ¿Qué perfil tiene su alumnado?
–He de reconocer que la película La Pasión de Mel Gibson ha hecho un favor inmenso, despertó la curiosidad y así tengo alumnos de perfil diverso, pues entre ellos tengo a historiadores, juristas, un controlador aéreo, una enfermera, por ejemplo, además del eclesiástico. También y en su conjunto, alumnos que vienen por curiosidad cultural y por hacer algo distinto, luego se enganchan. Por ello espero con gran interés la segunda parte de la película de Gibson, ambientada en los Hechos de los Apóstoles.
–A los que cursan su asignatura, ¿qué beneficios aporta el estudio del arameo para la comprensión de la Biblia y de la tradición cristiana?
–Es enorme y no exagero. A los alumnos de perfil religioso se les abre una nueva dimensión que les pone en contacto con las tradiciones textuales de la Biblia, pues el griego que identifica al cristianismo oriental y occidental tiene un trasfondo semítico inevitable y se nutren mutuamente con préstamos. Para aquellos que vienen por interés cultural, les sirve para entender la evolución histórica del cristianismo y su contexto con la realidad humana de muchos siglos de construcción en contacto con las costumbres, la vida cotidiana, incluso expresiones populares, como aquello que se oye de «maldecir en arameo».
La experta en arameo señala en un libro

La experta señala la palabra «arameo» en la Biblia en hebreo, en el Libro de EsdrasUniversidad Eclesiástica San Dámaso

–¿El arameo nos ayuda a entender mejor el sentido y el alcance de las palabras y las expresiones de Jesús, que a veces tienen matices o connotaciones que se pierden en otras lenguas?
–Eso es. Se nota especialmente en las etimologías. Jesús era llamado rabí con frecuencia, por tanto, estaba en contacto con la sabiduría de sus maestros y rabinos, que conocemos bien a través del Talmud y otros textos hebreos. Y aquí sí perciben mis alumnos la importancia de la paciencia pues estudiar arameo es entrar en el terreno de comentarios rabínicos contemporáneos al mismo Jesús, quien los adapta y desarrolla con maestría a la luz de su personalidad divina.
–¿Qué consejo le daría a alguien que quisiera aprender arameo?
–La paciencia y la conciencia de que el tiempo es otra dimensión cuando se aborda el estudio de lenguas como el arameo. La gramática es propia de una lengua semítica y la escritura es distinta en su trazado y, al comienzo, uno puede sentir que no se es capaz. Todo lo contrario. Aprender arameo es todo un reto para el alma y la mente. Cuando mis alumnos interiorizan pasajes como las secciones arameas de Daniel y Esdras de la Biblia, inmediatamente reconocen los temas en cuadros de grandes museos, por ejemplo, y al leer alguna inscripción, como la del banquete del rey Baltasar, lo viven con gran alegría.
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