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29 de mayo de 2024

Carlos III, cuando era Príncipe de Gales, visitando una exposición en una iglesia en Londres

Carlos III, cuando era Príncipe de Gales, visitando una exposición en una iglesia de LondresGtres

¿Es realmente Carlos III el jefe de la Iglesia anglicana?

Reina una cierta confusión en cuanto al significado de ese liderazgo en particular del Rey, y en cuanto a la estructura misma de lo que conocemos comúnmente como Iglesia anglicana en general

En efecto, Carlos III es el supremo gobernador de la Iglesia de Inglaterra. Pero esta es solo una de las 42 Iglesias autónomas que forman parte de la Comunión anglicana, extendida especialmente donde hubo presencia británica, pero no solamente.
Un aspecto que se ha puesto de relieve con la muerte de Isabel II es su papel respecto a la Iglesia anglicana, de la que era líder. Sin embargo, reina una cierta confusión en cuanto al significado de ese liderazgo en particular, y en cuanto a la estructura misma de lo que conocemos comúnmente como Iglesia anglicana en general.

La Iglesia de Inglaterra

La Iglesia de Inglaterra surge en 1534 con la ruptura con Roma que propicia el Rey Enrique VIII de Inglaterra, con motivo de su deseo de que se declarase nulo su matrimonio con Catalina de Aragón. Al proclamarse a sí mismo jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, con objeto de controlar a los obispos y a los teólogos de las universidades de su reino, obtuvo de ellos el dictamen tan deseado para proceder a contraer nuevas nupcias con Ana Bolena. La ruptura de Enrique no supuso una acogida de la reforma protestante durante su reinado.
Ya antes se había señalado por su defensa de la fe católica en sus territorios, hasta el punto de que el Papa León X le concedió el título de Defensor de la Fe en 1521. Hasta 1547, año de su muerte, los protestantes fueron perseguidos con una saña similar a la que fueron sometidos los católicos, aunque con notables excepciones entre el clero, en donde el pensamiento reformado fue ganando influencia, merced a que los principales eclesiásticos que apoyaron a Enrique VIII en la consolidación de la separación eran, en general, simpatizantes de la teología de la Reforma.
Con el tiempo, los soberanos de Inglaterra han recibido el título de supremo gobernador de la Iglesia de Inglaterra, y disponen de la prerrogativa de nombrar los obispos para las diócesis, oído el primer ministro, que a su vez es asesorado en esta materia por los obispos miembros de la Cámara de los Lores. El primado de la Iglesia de Inglaterra es el arzobispo de Canterbury, que es quien la gobierna a efectos prácticos.
Será en los reinados de Eduardo VI y de Isabel I donde el pensamiento protestante empiece a influir claramente en la vida de la Iglesia de Inglaterra, hasta entonces similar en la liturgia y la doctrina a la católica. El cenit de la disputa interna en la Iglesia de Inglaterra entre los filocatólicos y los filoprotestantes tuvo su apogeo durante la revolución cromweliana, de tal modo que, con la restauración de la monarquía en 1660, se accedió abandonar la idea de una Iglesia oficial que agrupase a todas las tendencias dentro del reino de Inglaterra, y muchas Iglesias «no conformistas», que buscaban formas y doctrinas más protestantes, se desgajaron de la Iglesia oficial anglicana y su existencia fue tolerada.
Enrique VIII de Inglaterra, retratado por Hans Holbein el Joven

Enrique VIII de Inglaterra, retratado por Hans Holbein el Joven

Durante el siglo XVII fue tomando conciencia de sí misma una corriente doctrinal en la Iglesia de Inglaterra que deseaba rescatar una teología en conexión con la doctrina de la Iglesia antigua, la de los siete primeros concilios y la de los santos padres. Esta corriente se consolidó dentro de la Iglesia de Inglaterra con el nombre de high church, conocida también como anglocatólica. Se trata de una Iglesia que pone énfasis en el carácter episcopal de la misma –la sucesión apostólica–, la necesidad de los sacramentos por encima de cualquier doctrina en torno a la predestinación, y la fidelidad a las normas emanadas de la Tradición, en particular los siete primeros concilios.
Frente a esta corriente quedaría perfilada otra, la low church, que ponía más énfasis en las doctrinas típicas de origen protestante, tales como la predestinación o el libre examen. En el siglo XIX se abrirá paso una tercera corriente conocida como broad church, que vendría a incluir todos aquellos aspectos revisionistas propios de la mentalidad «liberal» protestante de desmitologización de la figura de Jesús, de renuncia en la práctica a la fe trinitaria o a la doctrina misma de la encarnación.

La Comunión Anglicana

A día de hoy existen cerca de 100 millones de bautizados en las distintas Iglesias que forman parte de la Comunión Anglicana. Esta es la asociación de todas aquellas Iglesias que comparten por herencia las doctrinas –y tendencias– de la Iglesia de Inglaterra. Con la Guerra de Independencia de los Estados Unidos se produce una ruptura entre las comunidades de origen anglicano con la metrópoli y con su rey. Dará lugar a la Iglesia episcopaliana, la versión norteamericana de la Iglesia anglicana. Con el acceso a distintas formas de autonomía o independencia irán surgiendo iglesias nacionales de carácter anglicano ahí donde hubo dominio británico: Escocia, Irlanda, Australia, Canadá, Nigeria y así hasta 42 provincias de la Comunión, casi todas en el ámbito de influencia inglés en África, Asia, Caribe y Oceanía, aunque también minoritariamente en América Central, del Sur, o en la propia España.
Quien preside en la comunión a las distintas Iglesias anglicanas no es el soberano de Inglaterra, sino el arzobispo de Canterbury, que es a la vez primado de la Iglesia de Inglaterra y de la Comunión Anglicana. Pero así como en la Iglesia de Inglaterra su primado es de jurisdicción, en la Comunión Anglicana lo es de honor. Quien regula de facto la vida de la Comunión Anglicana es un órgano colegiado denominado Conferencia de Lambeth. Muchas de las decisiones polémicas de los últimos decenios que tienen que ver con la Comunión Anglicana han adquirido carta de ciudadanía en las conferencias de Lambeth, tales como la ordenación de las mujeres, la legitimación de la anticoncepción, la relajación de la consideración de distintas conductas sexuales hasta entonces juzgadas pecaminosas y las diversas controversias en relación al ejercicio de la homosexualidad tanto entre los fieles como en los propios ministros. Cada diez años tiene lugar la asamblea de la Conferencia, y tras cada una de los últimos decenios se han producido escisiones de grupos inconformistas con las nuevas disposiciones, o se han producido declaraciones unilaterales de algunas Iglesias de la Comunión, en donde la mayor parte de las veces trata de miembros o iglesias de tendencia anglocatólica que no ven con buenos ojos los cambios doctrinales y de costumbres que se han ido introduciendo.

De los anglocatólicos a los ordinariatos

Durante el siglo XIX van creciendo dentro de la Iglesia de Inglaterra los movimientos de reforma de la misma de clara orientación católica, hasta el punto de que su influencia fue tal que muchos de sus miembros llegaron a enfrentarse con la autoridad de los obispos y de las universidades. El movimiento tractariano, con san John Henry Newman a la cabeza, intentó primero reformar la Iglesia de Inglaterra conforme a un ideal doctrinal católico, y por último generó un clima cultural en la clase media británica y en los entornos académicos tal, que supuso la reconciliación con la Iglesia católica de muchos de sus miembros, que se encontraron en vía muerta en sus aspiraciones frente a la Iglesia que deseaban reformar. Muchas figuras de prestigio de la vida pública británica fueron dando el paso a la reconciliación con la Iglesia católica, y dio lugar a una literatura apologética cuya popularidad dura hasta nuestros días, incluyendo figuras literarias de la altura de G.K. Chesterton, J.R.R. Tolkien o incluso en el ámbito anglocatólico dentro de la propia Iglesia de Inglaterra como C.S. Lewis.
A partir del Concilio Vaticano II se intensificaron, sobre todo en la década de los 70, las conversaciones de carácter doctrinal entre la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia Católica. Pero pronto esas conversaciones entraron también en vía muerta, debido a la deriva doctrinal y de costumbres de la propia Comunión Anglicana. Muchos anglocatólicos deseaban encontrar una forma de dar el paso a la comunión con Roma, y ha sido en el pontificado de Benedicto XVI en el que se articuló el modo de facilitar el paso a la comunión con Roma, a través de los Ordinariatos personales para ex anglicanos (former Anglicans, en inglés). En estos Ordinariatos se les ha permitido preservar su estructura comunitaria, y algunos elementos litúrgicos y espirituales de la comunión anglicana compatibles con la liturgia y espiritualidad católicas. A día de hoy son tres los Ordinariatos personales, y que agrupan a antiguos anglicanos provenientes de las Iglesias de Inglaterra, Escocia, Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón, y que agrupan oficialmente a unos 10.000 bautizados.
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