Una mujer y varios niños beneficiarios del proyecto «13 Casas» que han peregrinado a Roma
Las «13 Casas»: de un gesto de san Vicente de Paúl a un proyecto que ha cambiado más de 10.000 vidas
A sus cuatro siglos de existencia, la Congregación de la Misión mantiene vivo su lema de «evangelizar a los pobres», que, llevado a la práctica, ha transformado la vida de cientos de familias
Roma acoge estos días a cientos de peregrinos de la Familia Vicenciana que han llegado para celebrar el Jubileo por los 400 años de la Congregación de la Misión, fundada por san Vicente de Paúl en 1625. La coincidencia con la IX Jornada Mundial de los Pobres ha convertido la semana en un punto de encuentro entre historia, carisma y realidades muy concretas.
Entre ellas, están los representantes de la campaña internacional «13 Casas», uno de los proyectos más significativos del carisma vicenciano en la actualidad, que ha logrado transformar la vida de más de 11.000 personas en todo el mundo desde 2018.
Y entre esos rostros, resalta el grupo procedente del Perú, beneficiarios de la Villa San Vicente, un proyecto nacido en Chiclayo y bendecido en 2019 por quien hoy es el Papa León XIV, entonces obispo de esa diócesis.
Una acción del siglo XVII que inspira en el siglo XXI
La historia es conocida entre los vicencianos, pero quizá no fuera de sus muros. En 1643, Luis XIII donó a san Vicente de Paúl el equivalente a unos 800.000 euros actuales. El santo lo destinó a construir 13 pequeñas casas cerca de San Lázaro, la sede de su Congregación, para acoger a niños abandonados.
Las Damas de la Caridad asumieron los gastos corrientes; las Hijas de la Caridad, el cuidado diario. No se quedaron ahí: atendieron a desplazados de la guerra, acogieron a refugiados, fundaron el hospicio 'El Nombre de Jesús' y levantaron 'Las Pequeñas Escuelas' que sacaron de la pobreza a generaciones enteras.
Hoy, de los 7.000 millones de habitantes del planeta, cerca de 1.200 millones no tienen un hogar digno: migrantes, desplazados por la violencia, familias que sobreviven en barrios marginales o directamente en las calles. La Campaña «13 Casas» nace como respuesta a esta realidad, inspirada en aquellas primeras trece viviendas que Vicente de Paúl construyó tras ver una necesidad y responder con acción concreta.
Impulsada en 2018 por la Alianza Famvin para las Personas sin Hogar, la iniciativa nació con el propósito de mejorar la vida de quienes carecían de vivienda digna. Hoy, se ha convertido en una red global presente en 79 países, con 130 proyectos y 2.786 casas, alcanzando ya a más de 11.030 personas entre 2018 y 2024.
«Tener un techo es lo primero»
El Jubileo Vicenciano ha culminado con una peregrinación a Roma del 9 al 17 de noviembre, en la que participaron beneficiarios del proyecto provenientes de ocho países, junto a voluntarios. «Lo que hacemos es que la familia puede usar la casa durante cinco años. En ese tiempo ayudamos al migrante a estabilizarse: regularizar su situación, escolarizar a los hijos y facilitar que accedan a un empleo formal», explica Juan Carlos, uno de los voluntarios del proyecto «13 Casas» a El Debate.
Las familias no pagan alquiler; solo se cubren los servicios básicos de luz y agua. Además, cada familia aporta una cantidad mínima mensual al proyecto que ellos guardan automáticamente en el banco para que ahorren. Ese dinero permanece acumulado durante los cinco años, ayudándoles a contar con un respaldo económico al finalizar su estancia. «Al terminar el periodo, la familia recibe el monto acumulado. De esta manera salen con algo seguro y pueden comenzar una nueva vida», añade Juan Carlos. Cada ciclo abre la puerta a otros beneficiarios.
Entre los peregrinos que viajaron a Roma y se han beneficiado de una de estas casas se encuentra una familia venezolana que vivió cinco años en Villa San Vicente, en Chiclayo. El entonces obispo, monseñor Robert Prevost, inauguró el proyecto y bendijo la imagen de la Virgen Milagrosa que preside la villa. La familia recuerda los días de la pandemia, cuando muchos compatriotas fueron desalojados por no poder pagar los alquileres. Aunque ellos no lo vivieron directamente, fueron testigos de situaciones que describen como «muy duras».
«La Familia Vicenciana nos brindó la oportunidad de sentirnos en casa, de tener un hogar. Para los migrantes, una de las mayores preocupaciones es el techo. Si no tienes un lugar seguro, ¿qué les das a tus hijos? ¿Cómo trabajas? ¿Cómo te sientes protegido?», explican. Después de cinco años, esta familia ha iniciado un nuevo capítulo: han podido emprender, se compraron un coche y el padre puede trabajar gracias a él.
A sus cuatro siglos de existencia, la Congregación de la Misión mantiene vivo su lema de «evangelizar a los pobres», que, llevado a la práctica, ha transformado la vida de cientos de familias.