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Misa con el cardenal Pizzaballa durante el Holy Land Co-ordination 2026Flickr Catholic Church England and Wales

Frente común de los obispos ante la situación en Tierra Santa: reactivar la «solución de los dos Estados»

Tras seis días sobre el terreno, la 'Holy Land Co-ordination 2026'– la delegación internacional de 13 obispos con presencia española– insta a los gobiernos a la presión diplomática sobre Israel para que respete el derecho internacional

después de una semana sobre el terreno, la Holy Land Co-ordination 2026 –la delegación internacional que reúne a obispos de distintos países para conocer sobre el terreno la situación de los cristianos en Tierra Santa–ha cerrado su misión en Jerusalén con un comunicado final donde señala la crudeza de la realidad en la región.

El grupo de 13 obispos de Europa y América del Norte, entre los que figura el arzobispo emérito de Urgel, monseñor Joan Enric Vives, ha calificado la situación en Gaza como una «catástrofe humanitaria» y ha advertido de que la «Tierra de la Promesa» se está reduciendo y poniendo a prueba de forma extrema, además de advertir que las voces israelíes que defienden los derechos humanos están «cada vez más amenazadas» y corren el riesgo de ser silenciadas.

El diagnóstico sobre los territorios ocupados es contundente. Tras visitar comunidades beduinas y la ciudad cristiana de Taybeh, los prelados han denunciado un sistema donde la dignidad depende del estatus civil. El comunicado recoge testimonios de violencia e intimidación constante por parte de colonos israelíes, incluyendo ataques nocturnos, robo de ganado y demolición de propiedades.

La delegación ha sido tajante respecto a la expansión de los asentamientos en Cisjordania, recordándoles su carácter «ilegal según el derecho internacional». Según los obispos, estas prácticas están empujando a la población local, especialmente a la comunidad cristiana, hacia una «emigración masiva» al hacer su vida cotidiana insoportable.

«Nadie nos ve»

Pero el comunicado final no se limita a la lamentación y establece una hoja de ruta con claras implicaciones políticas. En él, los firmantes instan a los gobiernos occidentales a ejercer «presión sobre Israel para que respete el orden internacional» y reclaman la reanudación de negociaciones sustantivas orientadas a una «solución de dos Estados» que garantice la seguridad de todas las partes. Al mismo tiempo, el texto afirma «el derecho de Israel a existir y vivir en paz y seguridad», pero subraya la exigencia de que esos mismos derechos sean reconocidos y garantizados a todos los pueblos arraigados en esa tierra.

Pese al trauma detectado, los obispos destacan el valor de las voces judías y palestinas que aún defienden el diálogo. Mencionan específicamente el impacto de escuchar a padres del Parents Circle que, habiendo perdido hijos en el conflicto, eligen el perdón en lugar de la venganza.

Es por eso que concluyen con una llamada a la comunidad internacional para que no dé la espalda a la región. Los obispos insisten en que su presencia anual es un signo de que la Iglesia católica sigue atenta y piden a los fieles de sus países que acudan en peregrinación como un gesto real de apoyo a una población que, en palabras de los locales, siente que «nadie nos ve».