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Monseñor Diego Sarrió, obispo en Argelia

Monseñor Diego Sarrió, obispo en Argelia

El obispo valenciano que vive en Argelia y se prepara para la visita del Papa: «Se espera sobre todo fruto interior»

El misionero Diego Ramón Sarrió Cucarella, actual obispo de Laghouat, analiza el papel de la comunidad cristiana ante la inminente llegada de León XIV al país norteafricano

En enero del año pasado, el Papa Francisco confiaba la diócesis de Laghouat, en Argelia, al misionero valenciano Diego Ramón Sarrió Cucarella. Miembro de los Padres Blancos y antiguo decano del Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islámicos de Roma, Monseñor Sarrió se encuentra hoy al frente de una de las cuatro diócesis que este lunes recibirá la visita del Papa León XIV. En una entrevista concedida a Obras Misionales Pontificias, el prelado dibuja el perfil de una Iglesia que no se define por cifras, sino por la calidad de su presencia.

La realidad eclesial en Argelia es la de una comunidad pequeña, pero «profundamente viva», según explica el obispo. Formada por estudiantes, trabajadores, migrantes y religiosos de diversas nacionalidades, el obispo valenciano la describe como una «Iglesia mosaico» que se encuentra en constante renovación. Para Sarrió, el valor de esta comunidad reside en ser una presencia «humilde, fraterna y fiel» en medio de una sociedad de una abrumadora mayoría musulmana, lejos de cualquier búsqueda de visibilidad o poder.

Ante la inminente llegada del Santo Padre, la comunidad cristiana local vive el acontecimiento como un signo de comunión. El obispo valenciano recalca que, para una Iglesia tan reducida, sentir la cercanía del Sucesor de Pedro es un recordatorio de que forman parte de un cuerpo más amplio. «Se espera sobre todo un fruto interior: que esta visita ayude a abrir los corazones a la confianza mutua, al encuentro y a la paz», afirma el prelado, subrayando que el Papa llega como un «apóstol de la paz».

Una fe «desarmada»

Monseñor Sarrió destaca un concepto que resuena con fuerza en su ministerio: el de una Iglesia «desarmada y desarmante». En sus palabras, la misión en Argelia no consiste en ganar terreno, sino en suscitar el encuentro. Esta propuesta se basa en la escucha y la cercanía, buscando ser una presencia humilde y fraterna en medio de una sociedad mayoritariamente musulmana. Es lo que él denomina el «diálogo de la vida», donde evangelizar significa, ante todo, vivir el Evangelio.

La memoria de los mártires de Argelia también desempeña un papel fundamental en la identidad de esta Iglesia. Sin embargo, el obispo valenciano aclara que este recuerdo no se vive desde el dolor, sino como una llamada a la fidelidad. Estos hombres y mujeres, explica, no murieron «contra» nadie, sino «al lado» de otros, eligiendo permanecer junto al pueblo argelino en sus momentos más difíciles. Este testimonio ha generado un respeto sincero entre la población musulmana.

Por eso la misión es un camino de doble sentido. Asegura que en el encuentro con el otro, el propio cristiano es evangelizado, viendo cómo su fe se purifica y se hace más humilde. Siguiendo la estela de Carlos de Foucauld y su «pastoral de la bondad», el diálogo interreligioso se convierte en una forma concreta de testimoniar el amor de Dios, respetando siempre los ritmos de cada persona y reconociendo la acción del Espíritu más allá de las fronteras visibles.

El puente de San Agustín

La figura de San Agustín de Hipona emerge también como un referente esencial para la Iglesia en Argelia. León XIV tiene previsto visitar Annaba (la antigua Hipona) el próximo 14 de abril, un lugar que monseñor Sarrió considera un puente entre culturas y religiones. Para el obispo, el legado del santo norteafricano es una invitación a volver al corazón y a entender la fe como una búsqueda constante habitada por la misericordia de Dios.

Como pastor de una diócesis que abraza el vasto territorio del Sáhara argelino, Sarrió encuentra en el desierto una llamada a lo esencial. La misión en este contexto se mide por la fidelidad y no por resultados estadísticos. El objetivo, señala, es discernir lo que Dios ya está realizando en la vida de cada individuo y ponerse a su servicio, manteniendo siempre la esperanza en el misterio pascual.

«Los católicos abordamos este diálogo con la convicción de haber descubierto, en Jesucristo, el rostro auténtico de Dios. Mientras esperamos que otros puedan también hacer este descubrimiento, buscamos discernir lo que Dios ya está realizando en la vida de cada uno. En el fondo, evangelizar es reconocer su acción y ponernos a su servicio», señala. En este sentido, el prelado valenciano aclara que su esperanza «no es optimismo ingenuo, sino una confianza profunda». Mientras Argelia se prepara para recibir al Pontífice, la Iglesia local sigue apostando por esa cercanía que hoy lidera, con discreción y entrega, un misionero llegado desde Valencia.

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