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León XIV besa a María Rosaria, de cuatro añosVatican Media

El «motor oculto» de León XIV: El Papa revela en Pompeya la fuerza que hace posible lo imposible

En el marco de su primer aniversario como Pontífice, el Santo Padre realiza una visita apostólica a Nápoles, donde visita las obras sociales y caritativas que dependen del Santuario de la Beata Virgen del Santo Rosario

Han pasado 365 días desde que un hombre llamado Robert Francis Prevost salió al balcón central de la Basílica de San Pedro para presentarse al mundo como el 267º sucesor de Pedro. Un año después, el Papa no ha querido permanecer hoy en Roma para ninguna celebración especial.

Por el contrario, ha elegido realizar una visita apostólica a Pompeya, en Nápoles, donde su primera parada ha sido el Santuario de la Beata Virgen del Santo Rosario, concretamente en la «Sala Luisa Trapani», donde le esperaban los beneficiarios de las las obras sociales y caritativas que dependen del Santuario.

En un encuentro con los acogidos, el Pontífice ha querido seguir las huellas de San Bartolo Longo —a quien él mismo canonizó el pasado octubre—, definiendo este lugar como un «triunfo de fe y caridad», virtudes que describió como «dos alas unidas en un mismo vuelo».

Durante su discurso, el Papa destacó que en el Santuario —cuya fiesta se celebra precisamente hoy y cuya historia y devoción están profundamente arraigadas en Italia— se experimenta diariamente la potencia de la Resurrección a través del amor. Según León XIV, el «Templo de la Caridad» y el «Templo de la Fe» se sostienen mutuamente: «La oración alimenta la acogida, el afecto, el servicio y el compromiso generoso», afirmando con rotundidad que «el amor realiza milagros que van mucho más allá de cualquier esfuerzo y expectativa».

El Rosario como «motor oculto»

Recordando los orígenes de la misión en Pompeya, el Santo Padre evocó la figura de San Bartolo Longo, quien supo ver el rostro de Cristo en una tierra entonces asolada por la malaria y los bandidos. El Papa puso especial énfasis en el trabajo con los huérfanos y los hijos de los encarcelados, a quienes Longo hizo sentir «el latido del corazón de Dios».

Frente a quienes auguraban un destino oscuro para estos jóvenes, el Papa recordó la convicción del santo: «El amor puede impulsar al bien incluso a los jóvenes más difíciles», subrayando que, en cualquier ámbito, «solo la caridad asegura victorias ciertas, grandes y definitivas».

Leone XIV no quiso finalizar su intervención sin señalar la base espiritual que sostiene toda la obra social de Pompeya: el Santo Rosario. Lo definió como el «motor oculto que hace posible todo lo demás». El Pontífice animó a los fieles a mantener viva esta devoción para que, a través de la mirada sencilla y maternal de María, «lo que Él ha hecho» penetre en los corazones y transforme nuestra existencia.

Dirigiéndose directamente a los jóvenes y niños acogidos, les pidió confiar en Jesús, a quien describió como el «Amigo que no nos abandona ni nos rechaza jamás, el Hermano que nos comprende y camina siempre con nosotros». Con un mensaje de esperanza universal, el Papa concluyó asegurando que Pompeya es un lugar de gracia donde se acude a la única fuente de amor capaz de dar al mundo serenidad y concordia: Dios.