León XIV durante una visita a la Universidad La Sapienza de Roma
El histórico regreso del Papa a la universidad romana que vetó a Ratzinger pero sí acogió a Muamar el Gadafi
León XIV ha advertido contra los peligros de un sistema que presiona a los jóvenes bajo el «chantaje de las expectativas» y la competitividad extrema, lo que genera una espiral de ansiedad
el Papa León XIV ha protagonizado una visita histórica a la Sapienza Università di Roma, la institución académica más grande de Europa y cuya fundación se remonta a 1303 por obra de Bonifacio VIII. En un clima de gran expectación, que ya se ha palpado estas semanas con los preparativos de los jóvenes de la capellanía universitaria, el Santo Padre ha querido proponer una «nueva alianza educativa» entre la Iglesia de Roma y la prestigiosa universidad, superando simbólicamente las tensiones de décadas pasadas.
Y es que en enero de 2008 se quedó abierta una herida cuando Benedicto XVI se vio obligado a cancelar su presencia en la inauguración del año académico tras una fuerte campaña de oposición interna. En aquel entonces, una carta iniciada por el docente Marcello Cini y secundada por 67 catedráticos — de los más de 3.000 profesores que formaban y forman parte de la universidad— criticó la invitación al Pontífice alemán, cuestionando su visión sobre la relación entre fe y razón y rescatando una polémica cita suya sobre el proceso a Galileo.
León XIV se dirige a estudiantes y docentes
La tensión, que culminó con manifestaciones y la ocupación del rectorado por parte de grupos estudiantiles, llevó a la Santa Sede a declinar la invitación para evitar mayores conflictos, dejando aquel potente y brillante discurso que preparó Ratzinger – y en el que invitaba a buscar la verdad– para ser leído por el rector de la universidad.
Conclusión del discurso de Benedicto XVI
Tan solo un año después, y pese a las fuertes protestas de grupos estudiantiles, Muamar el Gadafi–el militar y dictador libio que gobernó el país con mano de hierro durante más de cuatro décadas– sí visitó La Sapienza durante su primera visita de Estado a Italia.
El estudio como búsqueda de la verdad
Ante una Aula Magna repleta de docentes y alumnos, el Pontífice ha centrado su discurso en el valor trascendente del conocimiento. Para León XIV, el estudio no es un mero trámite para acceder al mercado laboral, sino un compromiso con la realidad: «Cuando el deseo de verdad se hace investigación, nuestra audacia en el estudio testimonia la esperanza de un mundo nuevo».
El Papa ha advertido contra los peligros de un sistema que presiona a los jóvenes bajo el «chantaje de las expectativas» y la competitividad extrema, lo que genera una espiral de ansiedad. «¡Nosotros somos un deseo, no un algoritmo!», ha exclamado, recordando que el ser humano no puede reducirse a números ni a materia ensamblada casualmente.
Retomando la figura de San Agustín como ejemplo de joven inquieto en busca de la sabiduría, el Papa ha instado a los universitarios a no dejar que nadie les robe el futuro en un mundo marcado por las injusticias. Ha planteado que los años de universidad deben ser el tiempo de los «grandes encuentros» para responder a la pregunta fundamental: «¿Quién eres?». En este sentido, ha subrayado que el saber sirve, ante todo, para «discernir quién se es» y cultivar la propia conciencia y el sentido de la justicia.
El magisterio como acto de caridad
Dirigiéndose a los profesores, León XIV ha definido la enseñanza como una de las formas más elevadas de amor: «Enseñar es una forma de caridad cuanto debe serlo socorrer un migrante en el mar». Ha pedido a los docentes que no se limiten a transmitir conocimientos técnicos, sino que den testimonio de valores con su propia vida y hablen al corazón de sus alumnos, valorando siempre la dignidad de la vida humana.
El discurso no ha obviado la convulsa situación geopolítica. El Papa ha denunciado el rearme militar en Europa y el mundo, criticando que se llame «defensa» a una inversión que empobrece la educación y la salud. Ha hecho un llamamiento a que la investigación y el estudio sean un «sí radical a la vida», especialmente frente a los conflictos en Ucrania, Gaza, Líbano o Irán.
León XIV, quien lleva apenas un año como Obispo de Roma, reveló haber recibido cientos de preguntas de los estudiantes, a quienes propuso usar las capellanías como espacios vivos donde la fe dialogue con sus inquietudes personales. Antes de partir, el Pontífice también se dirigió a los docentes, a quienes pidió formar un pensamiento crítico que no se limite a ser una «fotografía rápida» de la realidad, lanzándoles un desafío: «creer en sus estudiantes», recordándoles que educar implica amar la vida humana por encima de la mera transmisión de datos.