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El Papa León XIV desembarca de su avión a su llegada al Aeropuerto Internacional de ArgelEFE

León XIV rompe el 'muro de París': Francia se prepara para recibir al Papa en visita de Estado

El Vaticano confirma que el Pontífice estadounidense viajará al país galo del 25 al 28 de septiembre, incluyendo una histórica parada en la capital que su predecesor evitó durante su pontificado

La Santa Sede ha oficializado lo que ya se perfila como uno de los hitos diplomáticos y religiosos más significativos del año: la visita del Papa León XIV a Francia, programada del 25 al 28 de septiembre. El anuncio ha sido recibido con entusiasmo por el Elíseo, cuyo presidente, Emmanuel Macron, no ha tardado en calificar el evento como «un honor» para la nación y «un gran momento de esperanza para todos», tal y como afirmó en X.

El programa incluye una visita a la sede de la Unesco, un gesto que cobra especial relevancia en el actual escenario internacional, dado que la organización atraviesa una etapa de incertidumbre tras la salida de Estados Unidos en el verano de 2025, bajo la administración de Donald Trump.

Un cambio de rumbo respecto a Francisco

La confirmación de este viaje marca un notable giro en la relación entre el Vaticano y el Estado francés. Si bien el Papa Francisco pisó territorio francés en tres ocasiones durante sus doce años en la sede de Pedro —visitando Estrasburgo en 2014, Marsella en 2023 y Córcega en 2024—, siempre declinó realizar una visita de Estado formal en la capital, a pesar de la insistencia de Macron.

Incluso en momentos de gran importancia para la fe y la cultura francesa, como la reapertura de la catedral de Notre Dame tras el devastador incendio de 2019, el anterior Pontífice evitó la ciudad del Sena. León XIV, en cambio, parece dispuesto a normalizar la presencia pontificia en las grandes instituciones, devolviendo a la Iglesia un papel central en el corazón de Francia.

Para los católicos franceses, este anuncio pone fin a una larga espera y promete ser, en palabras de Macron, «una alegría y un gran momento de esperanza para todos» que refuerza los lazos entre la Santa Sede y la «hija predilecta de la Iglesia», tal y como la han definido los historiadores a lo largo de los siglos.