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El padre Jan Świerc (extremo superior izquierdo) y sus compañeros mártires serán beatificados el próximo 6 de junioarchidiócesis de Cracovia

La sangre de los mártires salesianos que forjó la vocación de San Juan Pablo II: Polonia se prepara para su beatificación

El próximo 6 de junio, la Iglesia polaca elevará a los altares al padre Jan Świerc y sus compañeros, testigos de la fe cuyo sacrificio en los campos de concentración nazis marcó profundamente los años de juventud de Karol Wojtyła en Cracovia

Mientras la Iglesia en Polonia ultima los preparativos para la ceremonia de beatificación de los salesianos mártires de la Segunda Guerra Mundial, sale a la luz la íntima conexión entre estos futuros beatos y la figura de San Juan Pablo II. Según informa la Agencia Info Salesiana (ANS), el testimonio personal del Papa polaco resulta clave para comprender la magnitud de este sacrificio, que no solo se convirtió en un testimonio supremo de fe, sino el «fermento» de nuevas vocaciones, incluida la del propio Karol Wojtyła.

Un ambiente de fe bajo la sombra de la cruz

La relación del joven Wojtyła con los Salesianos comenzó en 1918 en la parroquia de San Estanislao Kostka, en el barrio de Dębniki (Cracovia). Allí, el futuro Pontífice descubrió y profundizó en el misterio de la Iglesia. Sin embargo, la prueba de fuego llegó con la ocupación nazi, cuando la mayoría de los sacerdotes de la parroquia fueron deportados a campos de concentración.

Juan Pablo II recordó en diversas ocasiones cómo vio con sus propios ojos a los religiosos ser llevados por los ocupantes. «La mayoría de ellos encontró la muerte en el campo durante la guerra», relató el Papa, destacando la entereza de aquellos hombres que prefirieron la tortura antes que pisotear un rosario, como fue el caso de uno de los miembros de la comunidad.

El «sacrificio de sangre» que despertó una vocación

Para el entonces joven Karol, la entrega de los hijos de Don Bosco fue determinante. Según recogen las crónicas de ANS, el Papa confesó en su libro Don y misterio y en diversas homilías que su vocación sacerdotal maduró plenamente gracias a las oraciones y al «sacrificio de la sangre martirial» de sus pastores.

«Estoy convencido de que a la vocación sacerdotal contribuyeron las oraciones y los sacrificios de mis hermanos, de mis hermanas y de los pastores de entonces», afirmó el Pontífice en 1972. De hecho, los datos históricos subrayan esta influencia: tras el arresto masivo de los salesianos, surgieron en aquel ambiente once nuevas vocaciones sacerdotales.

La vinculación era tan estrecha que el siervo de Dios padre Ignacy Dobiasz, uno de los miembros de aquella comunidad salesiana golpeada por el nazismo, fue quien celebró el funeral del padre de Karol Wojtyła en febrero de 1940.

El próximo 6 de junio, Cracovia vivirá una jornada histórica con la beatificación del padre Jan Świerc y sus compañeros. La Iglesia no solo reconoce así la santidad de unos hombres que dieron la vida por Cristo, sino que rinde homenaje a aquellos que, con su testimonio extremo, permitieron que floreciera una de las figuras más determinantes de la historia contemporánea: la de San Juan Pablo II.