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Monseñor Edoardo Cerato, de la Congregación del Oratorio de San Felipe NeriLorenzo Iorfino

«Quien quiera algo que no sea Cristo, no sabe lo que quiere»: El legado de San Felipe Neri, el santo de la alegría profunda

Monseñor Edoardo Cerrato reflexiona sobre la figura histórica y espiritual de San Filippo Neri desde sus históricas estancias en Roma

En el marco de la festividad de San Felipe Neri, Lorenzo Iorfino –periodista y estudiante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz– se traslada a las estancias del santo en la iglesia de Santa Maria in Vallicella, en pleno centro de Roma, para entrevistar a monseñor Edoardo Cerato, obispo emérito de Ivrea (Italia), de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, conocidos como los oratonianos.

La esencia del carisma oratoriano consiste en situar a Cristo en el centro absoluto de la vida, dando prioridad a la dirección espiritual y a la confesión para acercar a los fieles a Dios. Esta misión se lleva a cabo siguiendo el modelo del Familiaris coetus, la Congregación: una comunidad concebida como una familia estable en la que la fraternidad y el apoyo mutuo sostienen la vocación sacerdotal. Todo ello se vive bajo el signo de la alegría cristiana, entendida no como un sentimiento superficial, sino como una paz profunda que nace de la conciencia de haber sido elegidos por el Señor para una vida de servicio.

A lo largo de la conversación, monseñor Edoardo Cerato desgrana estas claves espirituales y humanas desde su propia experiencia. Además, el sacerdote —que cuenta con una dilatada trayectoria como docente— reflexiona sobre la necesidad de volver a situar a Cristo en el centro para evitar las polarizaciones actuales dentro de la Iglesia. A sus 77 años, explica también por qué la alegría de San Felipe Neri sigue plenamente vigente: porque brota de la certeza de pertenecer a Dios incluso en medio del sufrimiento.

Un apostolado nacido del confesionario

–San Felipe Neri llegó a ser una figura clave para Roma en pleno siglo XVI. ¿Cuál era el verdadero corazón de su apostolado sacerdotal?

–Filippo se ordenó sacerdote en 1551, en plena época del Concilio de Trento. Continuó como sacerdote lo que ya había emprendido como acto de apostolado: el Oratorio, es decir, el encuentro con las personas, la guía en un camino de vida espiritual, de oración, de preparación para los sacramentos.

Pero añadió lo propio del sacerdote: la celebración de los sacramentos, especialmente el confesionario, que es verdaderamente el corazón de su apostolado sacerdotal. Dijo alguien, creo que San John Henry Newman, que en aquel tiempo no había necesidad en Roma de 'bautizadores', sino de padres espirituales y de confesores. Y Felipe se dedicó precisamente a esto: no a llamar a los alejados al cristianismo, sino a llevar a los cristianos hacia Cristo.

–El Oratorio se define como un «Familiaris cetus», un grupo familiar. ¿Cómo ayuda esta dimensión de familia a la vida del sacerdote hoy, frente al temor de la soledad?

–El concepto típicamente 'felipino' y oratoriano de stabilitas dice precisamente esto: tú entras en una familia y vives en esa familia. No pasas —y lo digo con todo el respeto— como en otros institutos donde las casas individuales están hechas para delegaciones pastorales y la comunidad puede cambiar en poco tiempo. La Congregación del Oratorio es una familia; la familia no cambia. Esta dimensión de familia hace más apetecible la vida del sacerdote porque la vocación se responde también por este estilo de vida, que no es solo comunitario, sino algo más: es un grupo familiar donde el apoyo recíproco y el afecto te hacen superar dificultades.

El secreto es la conciencia de que has sido elegido antes de elegir túmonseñor Edoardo Cerato

–Usted ha sido docente durante más de veinte años. ¿Cuál es el desafío de hablar al corazón de los jóvenes en la sociedad actual?

–La escuela ha cambiado, pero lo que no ha cambiado es que el corazón del hombre es siempre el mismo. Los grandes deseos y aspiraciones profundas del ser humano no cambian con el tiempo: la aspiración a la libertad, al amor, al saber. Noto que los chicos de hoy no están ideologizados como los de hace 20 o 25 años, cuando las ideologías daban sus sentencias y visiones.

Hoy hay una mayor apertura, una búsqueda de lo que está «más allá». Yo recuerdo cómo vibraban los alumnos cuando estudiábamos a Leopardi y todo el sentido del infinito y del misterio, o en Dante, el homo viator que camina hacia una meta. Como me escribió un gran maestro una vez: «Ministerio sacerdotal y enseñanza en la escuela no son dos misiones, sino la espléndida plenitud de una sola».

La unidad de la Iglesia: en Cristo

–A menudo se analizan los pontificados desde la contraposición o la polarización. ¿Cómo se ve esta realidad desde la centralidad de Cristo?

– La historia de la Iglesia, incluso solo a nivel de los Romanos Pontífices, muestra que siempre está caracterizada por la diversidad porque cambian los tiempos y cambia la personalidad de quien es elegido. Pero hay una unidad sustancial en su tarea: proclamar y testimoniar que «Tú eres el Cristo, el hijo de Dios vivo». Yo he visto esto en los ocho Papas de mi vida, desde Pío XII hasta el actual. Cristo es el centro. San Pablo decía: «Para mí vivir es Cristo». «Quien quiera algo que no sea Cristo, no sabe lo que quiere», decía Felipe; y esto no es una novedad, es la realidad de siempre en la Iglesia, aunque en ciertos momentos se ofusque por el predominio de otras cuestiones que, siendo buenas, no son tan fundamentales.

–Hoy en día, muchas personas rechazan quizá la vocación sacerdotal, o la respuesta a esa vocación, porque piensan que en esta vida encontrarán infelicidad y represión. Entonces le pregunto: ¿cuál puede ser el secreto para que un sacerdote sea feliz?

–Ser feliz no significa que todas las cosas vayan bien o estar siempre alegre y exultante. La felicidad es algo profundo: es esa paz, esa serenidad y confianza que sientes incluso en los momentos más duros. Por eso, cuando se dice que Felipe Neri es el «profeta de la alegría», no, no es el profeta de la alegría superficial, sino de la alegría cristiana, de esa paz que el Señor puede dar en la medida en que estás en comunión con Él.

Yo diría que es la conciencia de que has sido elegido antes de que tú mismo eligieras. Has sido elegido, y no por cualquiera, sino por el Señor del cosmos y de la historia, para entrar no en un rol de funcionario, sino en una vida de servicio y de amor.

He cumplido 77 años; he hecho muchas cosas en la vida, he vivido muchísimas experiencias y, sin duda, también he pasado por momentos de dolor y sufrimiento, pero, en fin, qué le vamos a hacer: christianus sum.