León XIV oficia la Santa Misa en el puerto de Rímini
Visita pastoral de León XIV a San Marino y Rímini
El Papa alerta en Rímini sobre el vacío del ocio moderno: «El verdadero descanso no es una fuga de la realidad»
Ante miles de fieles congregados en el puerto adriático, el Pontífice ha reivindicado que «la autoridad es servicio» frente a las tentaciones del poder
Tras una intensa jornada marcada por su visita a la República de San Marino y su paso por el célebre Meeting para la amistad entre los pueblos, el Papa León XIV ha clausurado su periplo pastoral con la celebración de la Santa Misa celebrada en el Puerto de Rímini, a orillas del Adriático. Ante una multitud de fieles, el Pontífice desgranó durante la homilía una certera radiografía del alma contemporánea, a menudo atrapada en el activismo estéril y la búsqueda de evasiones fáciles.
El Santo Padre aprovechó la fisonomía de Rímini —histórico epicentro del turismo italiano— para lanzar una advertencia crucial sobre el sentido del tiempo libre. En un mundo que confunde descanso con desconexión moral, León XIV denunció aquellas formas de entretenimiento que «conducen más bien a la dispersión y a la ruina que a un verdadero recuperar el sentido de uno mismo, y dejan un vacío en el corazón».
La ilusión de la «evasión» y el reencuentro interior
El Pontífice cuestionó la filosofía existencial del ocio mercantilizado: «Hay quienes las llaman 'evasión', como si la vida ordinaria fuera una prisión de la que huir». Frente a esta alienación moderna, el Papa contrapuso la verdadera concepción del reposo, recuperando unas históricas palabras de San Juan Pablo II en su visita a Rímini en 1982: «Descansar no significa separarse de uno mismo. Al contrario, descansar significa encontrarse con uno mismo y reconciliarse con el propio interior».
Para León XIV, la agitación exterior es incapaz de saciar el anhelo del ser humano. El verdadero sosiego pertenece a otra dimensión: «El lugar más verdadero en el que encontrar descanso, en el que encontrar a Dios para encontrarnos verdaderamente entre nosotros, no está fuera, en el caos, sino dentro de nosotros, en lo profundo del alma».
León XIV saluda a la multitud al llegar al puerto de Rímini
«La autoridad es servicio»
Tomando como punto de partida el pasaje evangélico en el que Jesús entrega las llaves a Pedro, el Obispo de Roma también abordó la naturaleza del liderazgo eclesial y civil. «En la Iglesia, a todos los niveles, la autoridad es servicio», aseveró con rotundidad, extendiendo esta exigencia en primer lugar al Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos.
Para ilustrar el peligro de desviar esta misión, León XIV recurrió a la lectura profética de Isaías sobre el funcionario Sebna, quien, cegado por la ambición y la codicia, abusó de su poder acumulando riquezas para sí y los suyos en lugar de promover el bien común. El mensaje papal fue inequívoco: todo lo que somos y poseemos es un don divino para ser compartido, y la misión del bautizado consiste en «abrazar, reunir, acoger, liberar, perdonar y emancipar a cualquiera que sea prisionero del pecado y de sus consecuencias».
Como modelo de esta entrega desinteresada, el Papa evocó la memoria del Siervo de Dios don Oreste Benzi, cuya vocación consistió en «dejarse conformar con Cristo pobre, con Cristo siervo [...] que vive en medio de nosotros en una forma de compartir directamente a partir de los últimos».
Una tierra de acogida «en cuerpo y espíritu»
El Pontífice no escatimó elogios para el carácter de los habitantes de la Romaña, a quienes describió como personas de índole «sencilla y jovial, laboriosa y solidaria», virtudes encarnadas en su rica historia de santidad y dinamismo eclesial. Es precisamente esta calidez, junto a la belleza natural de la costa, lo que atrae a miles de visitantes cada año.
Por ello, León XIV instó a la Iglesia local a potenciar un modelo de hospitalidad que responda no solo a las necesidades materiales de ocio, sino también a las del espíritu. Esta disposición, subrayó, debe manifestarse tanto con el turista que busca un justo reposo tras un año de fatigas, como con el desahuciado: «con quien, herido en el cuerpo y en el espíritu, pide refugio, comida y asistencia lejos de su patria».
Al concluir, el Papa hizo suyas las palabras que el obispo diocesano, monseñor Nicolò Anselmi, dirigió recientemente a sus fieles, recordando que actitudes como «la oración, la unidad, la escucha, la valentía, la sencillez, la gratitud y la belleza» deben estar presentes en cada fragmento de la vida cotidiana.