Los seis hijos sacerdotes y una de las hermanas religiosas estuvieron presentes en un encuentro familiar
12 hijos, seis sacerdotes, dos religiosas, tres casados y uno en el cielo: «Están conquistando el mundo para el Señor»
Sonia Ibarra comparte el asombroso testimonio de su hogar y la red de oración que sostiene a presbíteros en todo el mundo
Sonia Ibarra se define a sí misma, con la humildad propia de las almas grandes, como una «simple madre de familia» argentina. Sin embargo, su realidad biográfica es un prodigio que desafía la lógica secular. Madre de doce hijos, Sonia y su marido Diego han sido testigos de cómo la gracia ha fecundado su hogar de manera sobreabundante: seis de sus hijos son sacerdotes y dos son religiosas. Del resto de su prole, tres han abrazado la vocación matrimonial (dos hombres y una mujer) y uno, en sus propias palabras, «ya goza de la presencia de Dios».
Para Sonia, la misión de una madre va mucho más allá de los límites terrenales. Su fin primordial ha sido siempre «entregar los hijos para que sean santos». Bajo la convicción de que «la vida es un soplo» y de que estamos simplemente de paso en esta tierra, Sonia ha educado a sus hijos con la mirada fija en la eternidad y en el motivo principal que debe mover a todo bautizado: «la salvación de las almas»
En la actualidad, mientras Sonia y su marido viven la aparente soledad de su hogar en Argentina, sus hijos se encuentran misionando en destinos tan diversos como Filipinas, Polonia, Estados Unidos y Bolivia. Pero para esta madre, la distancia no es ausencia, sino la culminación de una entrega: sus hijos están, como ella afirma con orgullo, «conquistando el mundo para el Señor».
Los santos de los últimos tiempos
Para Sonia, la entrega de un hijo a la Iglesia no es una renuncia, sino un «regalo enorme de Dios» orientado a la meta definitiva: la santidad y la salvación de las almas. Esta urgencia brota de una profunda preocupación por la orfandad espiritual del mundo. Evocando la espiritualidad de San Luis María Grignion de Montfort, Sonia anhela el surgimiento de los «santos de los últimos tiempos», aquellas almas que, según el santo francés, serán «más altas que cualquier otro árbol del mundo» por su grado de santidad.
Para Ibarra, el drama de la escasez y la pérdida de vocaciones afecta directamente al destino eterno de las personas. «Las almas se condenan porque faltan religiosos», advierte, recordando la visión de los pastorcitos de Fátima. Sin sacerdotes que administren los sacramentos o consuelen a los agonizantes, el riesgo de perdición se multiplica.
El apostolado de «Las 40 Horas»
La respuesta de Sonia a esta crisis se fraguó en 2014 cuando a través de la lectura conoció el testimonio histórico de Lu Monferrato, un pequeño pueblo italiano cerca de Turín. En 1881, por iniciativa de un grupo de madres sencillas que se propusieron rezar con fervor por las vocaciones de sus familias, el pueblo fue bendecido con un fruto extraordinario: prontamente florecieron 323 vocaciones consagradas, entre ellas la del beato Felipe Rinaldi, tercer sucesor de san Juan Bosco.Cuando un periodista, asombrado por tal milagro, preguntó al párroco local el secreto de aquel pueblo, este respondió con una frase que hoy es el lema del apostolado de Sonia: «Es que usted no conocía el corazón de nuestras madres».
Tomando a aquellas mujeres como capitaneas, y basándose en la devoción a las «40 Horas» que Jesús pasó en el sepulcro —mencionadas en los escritos de la mística Josefa Menéndez—, Sonia estructuró una cadena de oración mensual. Esta iniciativa, que comienza cada día 15 a las 15:00 horas, une hoy a mujeres de 46 países, desde la estepa de Rusia hasta las selvas de Papúa Nueva Guinea, pasando por Tanzania y Holanda. Se trata de un asedio espiritual al Sagrado Corazón para suplicar la perseverancia de los consagrados en crisis y el valor de los jóvenes llamados al seminario.
«El corazón de una madre puede convencer a Dios»
La genialidad de este apostolado radica en su asombrosa accesibilidad. Sonia ha sabido traducir la alta mística a la vida cotidiana de una madre, siguiendo la senda de Santa Teresita del Niño Jesús, quien recordaba que el Señor también camina «entre los peroles». La organización no exige grandes desplazamientos ni estructuras complejas; se trata de una unión de voluntades donde la oración puede ofrecerse desde una capilla de adoración perpetua o desde la propia cocina.
Sonia pone ejemplos concretos para la mujer de hoy: una madre puede inscribirse en el turno de las 19:00 horas y ofrecer ese tiempo mientras da la cena a sus hijos. «El corazón de una madre puede convencer a Dios», asegura, convencida de que un suspiro de amor maternal puede cambiar el curso de la historia. No hace falta ser una experta en teología o internet; basta el deseo de «enternecer el Corazón de Jesús» para que las bendiciones desciendan sobre los sacerdotes que sufren ataques o tentaciones.
Para aquellas mujeres que sientan la llamada a unirse a este «batallón» de intercesión, la puerta de entrada es el portal 40horas.org. Sonia anima a vencer cualquier obstáculo técnico o timidez inicial, pues la Iglesia se encuentra en una verdadera batalla espiritual. «Satanás se quiere llevar a las almas y nosotros no podemos estar impávidas», advierte Sonia, haciendo eco de las reveladoras advertencias de sor Lucía de Fátima, quien señaló que el ataque más feroz del enemigo se dirigiría contra los sacerdotes, sabiendo que la caída de un pastor arrastra consigo a muchas almas.
Frente a los seminarios vacíos en Occidente, este ejército de madres combate de rodillas, convencidas de que la oración unida y confiada es el arma más poderosa para suscitar los santos sacerdotes y religiosas que la Iglesia necesita con urgencia. «La confianza es la llave que conquista las gracias», concluye. En la sencillez de este apostolado reside la esperanza de una Iglesia renovada y revitalizada.