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Un sacerdote con la basílica de San Pedro de fondoCathopic

Dos de cada diez obispos norteamericanos, dispuestos a ordenar sacerdotes homosexuales pese a las directrices de la Santa Sede

Un riguroso informe de la Universidad de Notre Dame alerta sobre la alarmante disparidad de criterios en la selección de candidatos y la ocultación de problemas personales durante su etapa de formación en los seminarios

La determinación de la idoneidad de un candidato al sacerdocio se encuentra en el centro de un debate en la Iglesia de los Estados Unidos. Un exhaustivo informe publicado por el Instituto McGrath para la Vida Eclesial de la Universidad de Notre Dame ha sacado a la luz importantes discrepancias sobre cómo se evalúa a los futuros sacerdotes, revelando que el 22 % de los obispos estadounidenses encuestados estaría dispuesto a ordenar a varones con atracción por personas de su mismo sexo, aun cuando estos profesen un firme compromiso con el celibato.

El estudio, titulado «¿Los considera dignos? Doce propuestas para obispos, rectores, equipos de formación de seminarios y profesionales de la salud mental en la evaluación de la idoneidad de los hombres para las Sagradas Órdenes», ha sido elaborado por el reverendo Thomas Berg y el psicólogo Timothy G. Lock. Basado en una investigación del Centro de Investigación Aplicada al Apostolado (CARA), el documento advierte que las presiones derivadas de la escasez de sacerdotes jamás deben comprometer el discernimiento ni la exigencia en la formación de los candidatos.

Fractura de criterios entre obispos y formadores

Los datos recopilados evidencian una preocupante falta de cohesión entre la jerarquía y los propios formadores de los seminarios a la hora de aplicar los criterios de idoneidad. Mientras que un 10 % de los prelados afirma estar «completamente de acuerdo» con la ordenación de candidatos con atracción hacia el mismo sexo y otro 12 % se muestra favorable, la disposición a ordenar a estos candidatos desciende notablemente entre el personal que convive con ellos: solo el 16 % de los rectores de seminarios, el 12 % de los directores espirituales y el 9 % de los directores de vocaciones se manifestaron dispuestos a dar el plácet en estos casos.

Esta laxitud por parte de una quinta parte del episcopado contrasta con la disciplina oficial de la Iglesia. La instrucción de 2005 de la Congregación para la Educación Católica dictamina con claridad que aquellos que practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o apoyan la denominada «cultura gay» no deben ser admitidos en los seminarios ni recibir las sagradas órdenes.

Congregación para la Educación Católica

«A la luz de tales enseñanzas este Dicasterio, de acuerdo con la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cree necesario afirmar con claridad que la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay».

El informe desvela que, si bien el 68 % de los obispos y rectores de seminarios respalda este criterio, solo el 36 % de los profesionales de la salud mental de los seminarios lo apoya. Ante la dificultad de interpretar clínicamente términos teológicos como «profundamente arraigado», los autores señalan una práctica emergente entre psicólogos católicos que propone considerar como tal aquella atracción que persiste de manera estable durante más de cinco años.

La sombra de la ocultación y el desuso de las pruebas psicológicas

Más allá de la orientación afectiva, el informe de Notre Dame revela un dato alarmante para la confianza mutua dentro del seminario: el 23 % de los sacerdotes recién ordenados confesó haber ocultado aspectos de su vida personal —como compulsiones sexuales, traumas no resueltos, dependencias afectivas o dificultades psicosexuales de fondo— que debieron haber compartido con sus formadores durante su etapa formativa.

A esto se suma una sorprendente brecha en el plano de la salud mental y la praxis de los seminarios. Aunque el 100 % de los rectores de seminarios considera indispensable una evaluación psicológica inicial para identificar áreas de crecimiento en el candidato, apenas el 48 % la utiliza realmente para diseñar planes de formación personalizados. Asimismo, el 57 % de los psicólogos clínicos afirma haber atendido a seminaristas derivados a terapia que posteriormente no recibieron ningún tipo de seguimiento por parte del equipo formativo.

Ante la tentación de rebajar las exigencias debido a la acuciante escasez de clero, Berg y Lock lanzan una advertencia contundente: la necesidad numérica de sacerdotes no justifica rebajar el listón de la idoneidad. El juicio sobre si un candidato es digno no es un mero trámite administrativo, sino una responsabilidad moral crucial ante los fieles que, en un futuro, confiarán sus familias, sus matrimonios, sus confesiones y sus almas a estos sacerdotes.

«El juicio sobre la idoneidad de un candidato no es meramente de procedimiento, sino un acto solemne e irrevocable de responsabilidad pastoral, realizado por el bien del candidato, de los fieles y de la integridad del propio sacerdocio», afirman.

Por ello, el informe insta a que los obispos —quienes en ocasiones solo ven periódicamente a los seminaristas— respeten y asuman el criterio negativo de los formadores y rectores, quienes observan diariamente al candidato en la oración, la vida comunitaria y la madurez humana indispensable para abrazar una vida célibe de sincera entrega.