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Tanto sacerdotes católicos como representantes de la Iglesia de Noruega y otras personas estuvieron presentes durante la misa con el obispo Erik Varden en la iglesia de Svalbard, el domingo 30 de agosto de 2026.

Erik Varden advierte desde el Ártico: «Encontrarse con uno mismo significa enfrentarse a la propia vulnerabilidad»

El trapense y autor de superventas presidió una solemne liturgia en el archipiélago ártico, recordando la histórica misión de 1926 y exhortando a combatir la soledad moderna con el «sano sentido de la realidad» y la caridad cristiana

el pasado 30 de agosto, el obispo de Trondheim (Noruega), monseñor Erik Varden, celebró una misa solemne en Longyearbyen para conmemorar el centenario de la primera misa católica en el archipiélago de Svalbard, situado en el océano Glacial Ártico y perteneciente a Noruega.

Durante su homilía, monseñor Varden utilizó el árido e imponente paisaje del Ártico como punto de partida para reflexionar sobre la condición y la vulnerabilidad del hombre contemporáneo. El prelado recordó la ardua travesía de aquellos pioneros que hace cien años afrontaron 900 kilómetros de aguas heladas para llegar a estas islas. Hoy, por el contrario, los visitantes acceden cómodamente en avión y disponen de conexión 5G; sin embargo, advirtió el obispo con humor, «todo lo que nos distrae en otros lugares nos sigue hasta aquí».

Evocando a los antiguos monjes cristianos que se retiraban al desierto para liberarse de las ilusiones y encontrarse con la verdad de Dios, Varden comparó la inhóspita naturaleza polar con ese espacio de purificación espiritual. «Encontrarse con uno mismo significa enfrentarse a la propia vulnerabilidad», aseveró el obispo, criticando el intento de la sociedad moderna de eliminar toda fragilidad mediante una fe ciega en el progreso tecnológico. Frente a la incertidumbre actual, el obispo hizo una llamada firme: «Lo que necesitamos no es más imaginación virtual; lo que necesitamos es un sano sentido de la realidad».

La semilla plantada en 1926

El origen de esta centenaria presencia se remonta al 4 de agosto de 1926, cuando el obispo Johannes Olav Smit ofició la primera misa católica documentada en Longyearbyen. Alentado desde Roma por el cardenal Willem van Rossum, el obispo Smit emprendió el viaje al Ártico para localizar a los fieles dispersos. Aunque no halló católicos en Longyearbyen ni en Ny-Ålesund, sí descubrió una pequeña comunidad de mineros holandeses en Barentsburg, quienes trabajaban para la Nederlandsche Spitsbergen Compagnie y habían solicitado asistencia pastoral directamente al Papa. Allí, el 8 de agosto de ese mismo año, el prelado celebró una misa pontifical y administró el sacramento de la confirmación.

Pese a que nunca se erigió una misión permanente, la constancia pastoral resurgió en 1986, permitiendo la celebración regular de la eucaristía en Longyearbyen y el acompañamiento periódico a los científicos de la estación polaca de Hornsund. Desde el punto de vista del derecho canónico, la vinculación del archipiélago con la Iglesia en Noruega data de 1913, bajo el pontificado de san Pío X, adelantándose incluso a la soberanía civil noruega reconocida formalmente en los años veinte.

Iglesia de Svalbard (Svalbard kirke), una emblemática estructura de madera roja situada sobre una colina en Longyearbyen

Una llamada a derribar los muros de la soledad

Monseñor Varden concluyó su alocución invitando a los fieles a no resignarse a la soledad ni a dejarse vencer por el miedo. Recordando una elocuente anécdota del explorador Helge Ingstad sobre un cazador aislado en el Ártico cuya reclusión le provocó una «alegría inquietante» al volver a ver seres humanos, el obispo cuestionó la tendencia humana a mantener las puertas cerradas ante el temor del exterior.

Haciendo eco de las palabras de san Pablo —«no os conforméis al mundo actual, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente»—, el prelado instó a la comunidad a asumir con responsabilidad el cuidado del prójimo. «Llamemos nosotros mismos a las puertas de las cabañas heladas, ya sea en las llanuras de aquí o en un desierto urbano», exhortó finalmente monseñor Varden, invitando a llevar de manera activa la reconciliación, la sanación y la amistad de Cristo a los más desamparados.