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Chiara Corbella saluda al Papa emérito Benedicto XVI tras la audiencia general

Enrico Petrillo desmiente los mitos sobre su mujer, Chiara Corbella: «No se la debe instrumentalizar políticamente»

El viudo de la sierva de Dios publica un nuevo libro para defender el auténtico perfil cristiano de su esposa y reivindica el valor de la vida y de los cuidados paliativos frente a la eutanasia

Enrico Petrillo ha presentado el libro Solo il vino migliore (publicado por Edizioni San Paolo) con el objetivo de ofrecer un testimonio de fe y defender la figura real de su esposa, Chiara Corbella Petrillo, declarada sierva de Dios, cuyo proceso de beatificación se encuentra en curso. Chiara, quien falleció a los 28 años en 2012, atravesó dos embarazos marcados por la enfermedad y la muerte de sus hijos. Su primera hija, Mariagrazia, nació con anencefalia y falleció poco después. Posteriormente, quedó embarazada de Davide, que padecía una grave malformación y también murió a los minutos de nacer.

Durante su tercer embarazo, los médicos comprobaron que el bebé se encontraba sano, pero diagnosticaron a Chiara un cáncer de lengua. Pudo someterse a una primera intervención durante la gestación, pero decidió retrasar el siguiente tratamiento, incluida la quimioterapia, hasta después del nacimiento de Francesco, para evitar poner en riesgo la vida de su hijo.

Con su nuevo libro, Enrico Petrillo pretende acercarse a la verdadera historia de su esposa y mostrarla tal como fue: una mujer de admirable fe que atravesó experiencias de enorme sufrimiento, pero sin convertir su figura en un símbolo político o ideológico o elevándola a los altares antes de tiempo. «El proceso de la Iglesia seguirá su curso; sin embargo, para mí Chiara sigue siendo un gigante por el ejemplo de fe inquebrantable que ha dado», sostiene Petrillo.

Medjugorie 19/4/2012 Chiara Corbella Petrillo Ph: Cristian GennariCRISTIAN GENNARI

El dolor de la viudez y el sostén de la fe

En una entrevista que ha concedido al periódico italiano Il messaggero, Enrico Petrillo, fisioterapeuta paliativista de 48 años, sostiene que a lo largo del tiempo se ha difundido una «idea muy romántica y errónea» sobre Chiara. Frente a estas interpretaciones, aclara que su esposa jamás se consideró alguien especial ni «más hija de Dios» que los demás. «Así lo atestigua la propia historia: el hecho evidente de que no se la trató de forma diferente a los demás hijos. Es más, al igual que les ha ocurrido a todos, y a Jesús en primer lugar, no se le ahorró esa dosis de sufrimiento necesaria para su salvación y la del mundo», afirma.

El autor evoca las complejas vivencias familiares que le ha tocado atravesar, como la pérdida prematura de sus dos primeros hijos y la crianza de su tercer hijo, que actualmente tiene 15 años. Petrillo puntualiza con franqueza que ser viudo no constituye una vocación, sino una condición. En este sentido, confiesa no haber dejado de llorar durante al menos los primeros tres años posteriores a la muerte de Chiara, logrando salir adelante únicamente aferrado a la fe y al Señor.

Además, Petrillo reafirma la importancia de «custodiar y proteger la vida desde la concepción hasta la muerte». Desde su experiencia personal y profesional, denuncia que diversas políticas empujan hacia una «falsa libertad» de elegir cuándo morir por conveniencia financiera. Según expone, «la diferencia la hace siempre el amor, y el amor es un desaprovechamiento de tiempo y dinero», motivo por el cual la eutanasia resulta económicamente más ventajosa para las administraciones que la alternativa más onerosa de los cuidados paliativos.

El verdadero sentido de su legado

El viudo de Chiara Corbella, además, ha hecho una petición expresa para que la memoria de su esposa no sea utilizada en disputas partidistas y permanezca «libre de cualquier bandera política, sea cual sea». Petrillo denuncia la falta de rigor de quienes intentan manipular su historia personal o distorsionar su vivencia de la fe: «Ver la propia historia manipulada es un dolor profundo», señala Enrico. «No es correcto poner en su boca palabras que jamás ha dicho para legitimar las propias ideas».

Denuncia que ciertos movimientos han pretendido encasillar la figura de Chiara Corbella como una «bandera del movimiento pro-vida» o una paladina de la lucha antiabortista. Frente a ello, aclara que, aunque evidentemente Chiara se oponía al aborto, reducir su testimonio a esa causa resulta simplista y limitante: ella no pospuso su tratamiento médico para salvaguardar la vida de su hijo por seguir una ideología, sino por su amor a Jesucristo.

«Reducirla a esto es absolutamente limitante en comparación con lo que era, con su fe, con la coherencia con la que intentaba vivir plenamente como cristiana en cada momento. Para Chiara, Cristo era el motor de todo. No defendió la vida de nuestro hijo a costa de la suya para llevar adelante una ideología. Lo hizo porque amaba al Señor. Y me parece una distinción nada desdeñable», enfatiza.