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León XIV se reúne con los obispos de la Conferencia Episcopal Francesa en la Sala de Santa BernadetteAFP

Las cinco claves de lo que León XIV ha pedido a los obispos franceses: «Tened el valor de reconocer las faltas y anunciad el Evangelio»

El Santo Padre ha llamado al renacimiento espiritual del país, la audacia misionera, la defensa de la laicidad bien entendida y la unidad eclesial

El Papa León XIV se ha reunido este domingo, 27 de septiembre, con los prelados de la Conferencia de Obispos de Francia (CEF) en el hemiciclo «Sainte-Bernadette» del santuario de Notre-Dame de Lourdes. El Pontífice ha rememorado la profunda raíz mariana del país, calificado históricamente como el «Reino de María» e impulsado por la consagración solemne de 1638.

Ante la asamblea episcopal, León XIV ha pedido no dejarse acobardar por las dificultades históricas y asumir la misión con entereza: «Tened siempre el valor de reconocer las faltas en el amor a la Verdad, y la determinación de curar las heridas con la caridad del Buen Pastor».

1.El legado mariano y la reapropiación de la fe en la «Hija primogénita de la Iglesia»

Invocando las palabras pronunciadas por su antecesor el Papa Francisco con motivo de la reapertura de la catedral de Notre-Dame de París, el Santo Padre ha urgido a los obispos a alentar a todos los bautizados a «reapropiarse de su herencia de fe». León XIV ha subrayado que los múltiples dones concedidos a Francia —su legado de santidad, el florecimiento de las artes y las ciencias bajo el impulso de la fe, y su histórico ardor misionero— son la base para un renuevo espiritual en el momento presente.

2. Autoridad profética en el debate público y firme defensa de la libertad religiosa

El Santo Padre ha recordado que la Iglesia forma parte sustancial de la cultura, la identidad y la historia de la nación francesa, por lo que su voz en la esfera pública «posee, por naturaleza, una autoridad profética». Aunque sus planteamientos no siempre sean seguidos o comprendidos, especialmente en asuntos cruciales que atañen a los fundamentos de la civilización, el Papa ha calificado de «necesaria» la presencia eclesial. En este contexto, ha elogiado expresamente la determinación mostrada por el episcopado francés durante los recientes debates legislativos sobre el final de la vida, instándoles a perseverar en la defensa de la dignidad humana junto a todas las personas de buena voluntad.

Respecto al régimen de laicidad propio de Francia, resultado de un devenir histórico actualmente pacificado, León XIV ha advertido contra la resignación ante los intentos de alterar los equilibrios alcanzados, una tendencia observada en distintos puntos de Occidente. El Pontífice ha llamado a mantener una actitud de vigilancia activa para salvaguardar la libertad y los derechos de la Iglesia a evangelizar, educar en la verdadera libertad y celebrar públicamente el culto.

3. Firmeza en el proyecto educativo católico y acompañamiento al auge de los jóvenes catecúmenos

Abordando los grandes retos sociales, el Papa ha señalado la educación como una prioridad de primer orden y ha respaldado la reflexión de la Conferencia Episcopal sobre la enseñanza católica. Frente a las presiones que cuestionan su carácter propio, León XIV ha afirmado categóricamente que la institución «no puede, de ninguna manera, renunciar a su proyecto educativo», un ideario centrado en Jesucristo que busca el desarrollo integral de la persona. El Pontífice ha dejado claro que la acogida a alumnos no creyentes es enriquecedora, pero que nadie debe sorprenderse de las ocasiones ofrecidas para encontrar a Cristo ni ver marginado a un estudiante por profesar su fe.

Paralelamente, el Pontífice ha puesto la mirada en la juventud, destacando sus grandes aspiraciones y el esperanzador fenómeno del catecumenado, que en Francia está llegando mayoritariamente a adultos jóvenes. León XIV ha instado a los obispos a cuidar este impulso acogiendo a los nuevos católicos en comunidades vivas y fraternas, al tiempo que se les proporciona un sólido aprendizaje doctrinal fundamentado en la Palabra de Dios para hacer frente a las objeciones y dudas del mundo contemporáneo.

4. Tolerancia cero ante los abusos, apoyo al clero y la familia como cuna de las vocaciones

En el ámbito interno de la Iglesia, el Santo Padre ha agradecido la determinación y las valientes disposiciones adoptadas por los obispos franceses para combatir el «doloroso azote de los abusos a menores». Destacando el camino recorrido a través de la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y la prevención, ha pedido mantener la máxima vigilancia sin bajar la guardia. Asimismo, ha solicitado un renovado respaldo afectivo y espiritual hacia los sacerdotes, recordando que para que germinen las vocaciones, el presbítero debe sentirse acogido, querido y comprendido en su identidad configurada con Cristo.

Al expresar su dolor por la pérdida de vocaciones a la vida consagrada y el cierre de históricas comunidades monásticas, el Papa ha situado el centro de la solución en la pastoral familiar. Para León XIV, el arraigo de la fe en los hogares cristianos es la clave decisiva para superar la crisis vocacional y social: «¡Que Jesús viva plenamente en las familias católicas de Francia y las ilumine con su presencia!».

5. Unidad frente a la polarización ideológica y la secularización de la sociedad

Como última clave, León XIV ha analizado el clima de polarización, pérdida de fraternidad e incremento de la violencia y la desigualdad que afecta a Francia y a Occidente. Frente al espejismo de construir la sociedad al margen de Dios, el Pontífice ha recordado las palabras del Evangelio de San Juan: «¡Sin mí no podéis hacer nada!». El Papa ha advertido que las promesas de un mundo sin Dios desembocan en la desilusión y la desorientación de la sociedad.

En este escenario, el Santo Padre ha subrayado que la Iglesia en Francia constituye «un pequeño rebaño que debe reunir sus fuerzas para la misión», por lo que las divisiones ideológicas volverían vano su testimonio. Recordando la oración de Jesús —«Que sean uno para que el mundo crea»—, ha hecho un llamamiento a una unidad dinámica que se nutra de la Tradición, desde los Padres de la Iglesia hasta el Concilio Vaticano II y el Magisterio posterior.