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León XIV anima a una mujer en silla de ruedas durante su encuentro con los profesionales y los usuarios del centro «Accueil Notre-Dame»AFP

León XIV, rotundo contra la eutanasia: «Lo que es legal no es necesariamente moral»

En un discurso ante enfermos y sanitarios en el Accueil Notre-Dame, en Lourdes, el Santo Padre ha señalado la «falsa compasión» de la muerte programada y recuerda que quienes sufren son «el corazón palpitante de nuestra humanidad»

Desde el santuario del Accueil Notre-Dame —lugar que acoge los sufrimientos físicos, psicológicos y espirituales de peregrinos de todo el mundo desde hace más de siglo y medio—, el Pontífice ha llamado a rechazar la eutanasia y ha recordado a los profesionales de la salud que el sentido de su vocación es «hacerse cargo de una persona que sufre, y no eliminarla».

El Santo Padre inició su discurso destacando el carácter singular del santuario mariano, donde «la fragilidad no se esconde, sino que se convierte en el lugar de un encuentro sagrado». Apoyándose en el tema pastoral del santuario —la Anunciación del ángel Gabriel a la Virgen María («¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo»)—, León XIV desgranó la trascendencia de la mirada materna de María, la cual recuerda a cada ser humano que «ninguno es invisible a los ojos de Dios».

Por eso el Papa recordó la tendencia de las sociedades contemporáneas a apartar la mirada con la urgencia de cultivar una «mirada contemplativa». Para el Pontífice, la grandeza del ser humano no depende de su capacidad o estado de salud: «La persona humana es, en efecto, 'digna' por el mero hecho de existir y de tener como fin la eternidad. Su dignidad no se mide ni se discute».

León XIV bendice a un niño durante su encuentroAFP

Frente a la «falsa compasión» y la muerte programada

Dirigiéndose a quienes atraviesan pruebas difíciles a causa de enfermedades y «dolores a veces terribles», León XIV enfatizó que los horizontes oscuros no deben hacer perder la certeza del valor propio. En este sentido, denunció la corriente ideológica que busca justificar el final provocado de la vida: «Precisamente en nombre de esta dignidad inalienable de la persona humana debe rechazarse firmemente la tentación de quitar la vida con el pretexto de una falsa compasión. Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral».

Asimismo, el Papa lanzó una advertencia contra la tecnificación deshumanizadora y los criterios fríos en el ámbito médico: «¡Ninguno tiene el derecho, nunca, basándose en algoritmos de laboratorio, de decidir sobre la vida de un embrión determinado o de una persona de la tercera edad determinada!». Evocando sus palabras ante la Fundación Jérôme Lejeune, aseveró: «¡La medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada!».

Frente a las presiones de la eutanasia, el Santo Padre instó a los profesionales de la salud, médicos, enfermeros, camilleros y personal pastoral a ser «servidores apasionados de la vida». Les exhortó a desarrollar sin descanso la investigación y las estructuras de cuidados paliativos, acompañando siempre al enfermo con ternura. «Cuidando de los cuerpos, ustedes cuidan también de las almas», afirmó expresando su gratitud a las asociaciones hospitalarias y agentes sanitarios.

Por último, León XIV dirigió un mensaje lleno de afecto a los enfermos presentes y a quienes seguían el encuentro desde sus hogares o salas de hospital. El Papa desmontó cualquier estigma utilitarista con el que el mundo juzga la vulnerabilidad: «Queridos hermanos y hermanas enfermos, quiero decirles: vosotros no sois un peso, sois el corazón palpitante de nuestra humanidad y un tesoro precioso para la Iglesia».