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León XIV es recibido en el escenario por el presidente francés Emmanuel Macron en el auditorio principal del Centro de Conferencias Robert SchumanAFP

León XIV interpela a la juventud europea: «No tengáis miedo de formar una familia y de tener hijos»

El Papa apela ante Macron a las raíces cristianas del Continente y reivindica para Europa la «dignidad humana» que ya reclamó en Canarias

Desde el Auditorium del Centro de Congresos Robert Schuman de Metz, en el corazón de la región francesa de Mosela, y ante la mirada del presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, y del presidente de la Conferencia Episcopal gala, cardenal Jean-Marc Aveline, el Santo Padre ha desglosado un ambicioso itinerario para la reconstrucción de la identidad europea. Bajo el lema «A las raíces de Europa por la paz y la unidad», León XIV ha invitado a realizar un viaje intelectual desde los orígenes históricos y culturales del Viejo Continente hasta los desafíos contemporáneos, advirtiendo de que Europa solo podrá cumplir su vocación pacificadora si rescata el espíritu de sus Padres Fundadores y no cede a la tentación de la militarización.

De la herencia helenística al poso monástico de San Benito

El Pontífice ha comenzado su intervención situando el marco de su discurso en la propia tierra de Mosela, un espacio geográfico castigado por los avatares bélicos de los siglos XIX y XX de donde Robert Schuman extrajo la inspiración para redactar la histórica Declaración del 9 de mayo de 1950. A partir de este homenaje, León XIV ha planteado la dificultad ontológica de delimitar la frontera europea, recordando que «Europa debe entenderse, por tanto, como una realidad cultural e histórica antes que geográfica». En su análisis, ha remarcado cómo el continente fue tomando conciencia de sí mismo a través de las etapas helenística y romana, la posterior expansión del cristianismo y la asimilación fecunda de los pueblos germánicos y eslavos.

Para el Papa, la clave de la supervivencia europea ha sido siempre la capacidad de asimilar creativamente el pasado mediante el diálogo con la alteridad. «Europa se ha desarrollado y ha progresado cuando ha sido capaz de asimilar los aspectos positivos de su pasado y de replantearlos de formas nuevas y creativas gracias al encuentro con el otro», ha aseverado, citando como ejemplos la presencia de la cultura árabe en la Península Ibérica o la proyección iberoamericana.

Transicionando de la historia general a los cimientos espirituales, el Santo Padre ha enfatizado que este recorrido resulta incomprensible sin la figura de san Benito, proclamado patrono del continente por san Pablo VI en 1964 como «mensajero de paz, realizador de unión, maestro de civilización». La asistencia a los desvalidos, la sanidad, la educación universitaria, el derecho o la ordenación urbana emanan, en palabras de León XIV, del acervo monástico benedictino, ejemplificado en la propia ciudad de Metz mediante san Crodegango y la difusión del canto gregoriano.

El príncipe Alberto II de Mónaco (izquierda) y la princesa Charlene de Mónaco (derecha) llegan para asistir a un encuentro titulado «En las raíces de Europa: por la paz y la unidad»AFP

El cristianismo no es un estorbo: el legado de Schuman y De Gasperi

Avanzando en la lógica de su argumentación, el Papa ha reafirmado que es imposible disociar la idea de Europa de la fe cristiana. Apoyándose de forma directa en las palabras de Robert Schuman, León XIV ha recordado que «el cristianismo ha enseñado la igualdad de naturaleza de todos los hombres, hijos del mismo Dios, redimidos por el mismo Cristo, sin distinción de raza, color, clase o profesión». Asimismo, ha rescatado el pensamiento de Alcide De Gasperi sobre el «legado común europeo», fundado en una moral unitaria que exalta la responsabilidad individual, el respeto al derecho antiguo y el ansia de verdad y justicia.

Saliendo al paso de posibles suspicacias secularistas, el Pontífice ha precisado que apelar a la matriz cristiana de Europa no constituye un «criterio confesional exclusivo». Al contrario, supone reconocer que la apertura a la trascendencia es una dimensión intrínseca de la persona y una fuente viva de civilización.

Una laicidad de colaboración y el equilibrio entre derechos y deberes

Con el objetivo de articular el encaje de la fe en la estructura institucional actual, León XIV ha apelado al artículo 17 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, el cual fomenta un «diálogo abierto, transparente y regular» con las confesiones religiosas. En este punto, el Santo Padre ha insistido en que esta no debe entenderse como un mero distanciamiento neutral, sino como una «verdadera colaboración» que garantice la autonomía de las Iglesias y promueva la libertad de culto, expresión y organización.

Prosiguiendo hacia el fundamento normativo de la convivencia, el Papa ha subrayado la necesidad de remontarse a los valores universales proclamados en el Preámbulo del Tratado de la Unión Europea —derechos inalienables, libertad, democracia, igualdad y Estado de Derecho—. Sin embargo, citando el magisterio de Francisco, ha advertido contra el riesgo de las hegemonías y contra la hipertrofia de los derechos individuales desvinculados de los deberes. El Pontífice ha insistido en que el concepto de derecho debe ir asociado al de deber, pues el ser humano está ligado a un tejido social y al bien común de la sociedad.

Emmanuel Macron pronuncia un discurso al inicio de un encuentro titulado «En las raíces de Europa: por la paz y la unidad»AFP

Migraciones: acogida en clave familiar y dignidad inviolable

Esta exigencia de equilibrio y empatía social ha servido a León XIV para conectar con la realidad contemporánea de los flujos migratorios. Ante los hombres y mujeres que huyen de las guerras o la miseria, el Santo Padre ha reiterado las palabras que pronunció durante su reciente visita a las Islas Canarias: «La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra».

Pero el Papa ha dado un paso más allá del mero plano asistencial o regulatorio: «Acoger a una persona significa integrarla como en la propia familia, ofreciéndole la posibilidad de desarrollar sus talentos, sus capacidades y sensibilidades, pero también de entrar en el espíritu de la casa que la acoge». Tal y como ha explicado, se está produciendo un encuentro inédito entre culturas que exige un «redescubrimiento creativo de nuestras raíces» y una escucha atenta al recién llegado.

Frente a la barbarie de las armas: la ilusión del rearme y el valor de la palabra dada

Entrando en el núcleo político y geopolítico de su discurso, León XIV ha analizado la génesis del proyecto comunitario tras la Segunda Guerra Mundial, surgido para frenar los abusos del poder humano sin límites. Rememorando el contexto histórico en que Schuman se formó, el Pontífice ha lamentado que la guerra haya vuelto a brotar en suelo europeo, calificándola nuevamente de «inútil masacre».

Reivindicando la plena vigencia de la Declaración Schuman de 1950, el Papa ha llamado a la audacia negociadora y ha criticado duramente las tendencias militaristas actuales. Rechazando tanto un «irenismo ingenuo» como las políticas de disuasión armamentística, León XIV ha denunciado la falacia de la carrera armamentística: «Hay que tener cuidado con la ilusión del rearme. No es casual que los repetidos llamamientos a incrementar el gasto militar y las decisiones que esto conlleva sean presentados por muchos gobernantes con la justificación del peligro respecto a los otros».

En un tono interpelativo, el Santo Padre ha cuestionado si los líderes internacionales están haciendo «esfuerzos creadores» por la paz o si únicamente buscan «detener la hemorragia de la guerra» mientras se preparan para futuros enfrentamientos. Para León XIV, la Europa soñada por Schuman es aquella donde los recursos se ponen en común para que la guerra resulte «no sólo impensable, sino materialmente imposible».

El valor del tiempo y la paciencia frente al «tenerlo todo, ya»

Como antídoto a las dinámicas de dominación que asolan las relaciones internacionales contemporáneas —donde priman «la mentira y el engaño» y las relaciones se vuelven «cada vez más bárbaras»—, el Papa ha propuesto el principio universal pacta sunt servanda («los pactos deben cumplirse») y el multilateralismo basado en la igualdad efectiva de los Estados. En este contexto, ha puesto de relieve la vigencia del Concordato de 1801 en la región de Alsacia-Mosela como prueba de la estabilidad jurídica y del respeto mutuo entre el Estado y la Iglesia Católica.

Asimismo, León XIV ha apelado al pragmatismo realista de Schuman frente a las prisas de la modernidad: «Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho». Frente a la precipitación del «tenerlo todo, ya», el Santo Padre ha ensalzado la pedagogía europea de la paciencia y del paso a paso para tejer una solidaridad efectiva donde nadie quede olvidado.

Manifiesto a la juventud: «¡Sean artífices de comunidad!» y defiendan la vida

En el tramo final de su alocución, el Pontífice ha dirigido su mirada y su mensaje a las nuevas generaciones, a las que encomienda la tarea imprescindible de reactivar la fraternidad cristiana. Retomando el pensamiento del Venerable Schuman, ha formulado el deseo de que la idea de una Europa reconciliada sea la consigna de los jóvenes deseosos de servir a una humanidad libre de odio.

Dirigiéndose a ellos de manera apremiante, León XIV les ha exhortado a no someterse a la lógica de la violencia ni de la opresión, haciéndoles un vibrante llamamiento a la esperanza y a la acción social y familiar: «¡Amen la vida en cada momento y no le teman al futuro! No tengan miedo de formar una familia, de tener hijos, de defender la dignidad de cada persona, desde el primer instante en el vientre de la madre hasta su último aliento. No tengan miedo de trabajar incansablemente al servicio del bien de sus comunidades, incluso a través del compromiso político. ¡Sean artífices de comunidad!».

Con este apasionado alegato en defensa de la vida humana, la natalidad y el compromiso ciudadano, el Papa León XIV ha concluido su intervención implorando la bendición divina para toda Europa, expresando su fe en que un continente firmemente arraigado en sus valores seguirá siendo fuente de inspiración para el mundo.