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Retrato de San Judas TadeoPinterest

A él se acude cuando todo parece perdido: la gran devoción a San Judas Tadeo, el apóstol de las causas imposibles

Cada 28 de octubre, el santoral católico conmemora a este santo al que miles de fieles encomiendan sus intenciones más difíciles a través de su tradicional novena y el ejemplo de su testimonio

Pocos se atrevían a invocar a este apóstol fiel, primo de Jesús y hermano de Santiago, ambos hijos de Cleofás, ensombrecido injustamente por la traición del Iscariote. Pero la historia dio un vuelco definitivo cuando la Iglesia rescató su advocación y la universalizó como el gran intercesor de lo imposible. Cada 28 de octubre, al conmemorarse su fiesta junto a la de San Simón Apóstol, el santoral católico vuelve a presenciar una devoción arrolladora: la de miles de creyentes que acuden a san Judas Tadeo precisamente cuando todo lo demás ha fallado.

¿Por qué San Judas Tadeo es el patrón de las causas imposibles?

Su patronazgo sobre las causas imposibles y desesperadas responde a tres razones principales:

1. El «olvido» por el nombre compartido con Judas Iscariote: Debido a que compartía el nombre de «Judas» con el apóstol que traicionó a Jesús, durante mucho tiempo muchos fieles evitaban invocarlo o lo mantenían en el olvido. Por este motivo, la oración al santo quedó asociada de forma singular a los momentos límites y de apuro extremo en los que casi se ha perdido toda esperanza.

2. Las revelaciones de Santa Brígida de Suecia: La razón principal de la extensión universal de este patronazgo se atribuye a las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia (1303-1373). En ellas, la mística relata que el propio Jesús le indicó que acudiera a San Judas Tadeo para pedir favores y gracias, consolidando el privilegio especial del apóstol de socorrer pronta y visiblemente en situaciones desesperadas.

3. Reconocimiento eclesial y fervor popular: La Iglesia católica lo honra universalmente como patrón de los casos difíciles y desesperados —patronazgo que comparte con Santa Rita de Casia—, respaldado por la tradición de sus milagros y por las innumerables muestras de agradecimiento que los fieles envían tras recibir favores cuando la ayuda humana parecía imposible.

La iconografía con la que se le representa refleja fielmente su vida y martirio: suele portar un medallón con la efigie de Cristo sobre el pecho —símbolo de su estrecho parentesco y parecido físico con el Maestro—, un mazo o hacha con el que sufrió el martirio en Persia junto a San Simón, y una llama divina sobre la cabeza que evoca la efusión del Espíritu Santo recibida en Pentecostés.

El intercesor de las causas desesperadas

La práctica de la Novena a San Judas Tadeo combina una estructura oracional diaria —que se inicia con el Acto de Contrición y la Oración propia al Santo, seguida de las Letanías y las devociones finales del Padrenuestro, Avemaría y Gloria— con un itinerario de nueve jornadas.

A lo largo de este recorrido, el fiel medita sobre la pronta vocación del apóstol al seguimiento de Cristo, su amor constante manifestado en la Última Cena, su incansable celo evangelizador hasta el martirio en Persia, el ardor de una fe firme ante falsas doctrinas y la fortaleza de su predicación.

Asimismo, a lo largo de los nueve días se profundiza en la humildad de quien prefirió titularse humilde «siervo de Jesucristo» en su epístola, la mansedumbre reflejada en sus persecuciones, la sabiduría que ilumina frente a la ignorancia y, finalmente, su milagroso poder de intercesión en las causas desesperadas cuando toda esperanza terrenal se desvanece.