Imagen de la serie 'The Chosen', que reúne las vivencias de los 12 apóstoles con Jesús
Un funcionario romano, un nacionalista y pescadores: los 12 hombres que Jesús eligió para evangelizar el mundo
No destacaron por sus títulos nobiliarios, por sus riquezas o por una educación cualificada. Su verdadero valor residía en su disposición para ser transformados por Jesús
Es imposible entender la historia del cristianismo sin conocer las vidas y obras de los doce hombres que Jesús eligió para transmitir su mensaje por todo el mundo. Entre los miembros del grupo se encuentran pescadores, agricultores, un recaudador de impuestos y hasta un 'nacionalista revolucionario'. Esta docena de varones comunes cambió por completo el rumbo de la historia.
La palabra «apóstol» proviene del griego apostolos, que significa «enviado». Este término define con precisión su misión: no solo debían aprender las enseñanzas del maestro, sino ser los mensajeros oficiales de su palabra tras su partida. Pedro, Andrés, Santiago el Mayor, Santiago el Menor, Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Judas Tadeo, Judas Iscariote y Simón son algunos de los nombres de los primeros hombres que transmitieron el mensaje de salvación traído por Cristo a la tierra.
El líder y roca de la Iglesia
Simón, a quien Jesús renombró como Pedro (que significa «piedra» o «roca»), era un impetuoso pescador del mar de Galilea. Desde el principio, asumió un rol de liderazgo natural entre los doce. A menudo actuaba como el portavoz del grupo, haciendo preguntas audaces o declarando su fe con vehemencia.
San Pedro, por Diego González de la Vega
A pesar de sus debilidades y de haber negado a Jesús tres veces durante la noche de su arresto, Pedro se convirtió en el primer Papa de la Iglesia. Su papel fue crucial para abrir las puertas del cristianismo a los no judíos (gentiles) y guiar a la primera comunidad en Jerusalén. La tradición histórica señala que lideró la Iglesia en Roma, donde murió martirizado.
El instructor y misionero
Hermano de Simón Pedro y también pescador, Andrés fue originalmente discípulo de Juan el Bautista antes de unirse a Jesús. Su papel principal en los Evangelios se caracteriza por su capacidad para conectar a las personas con el maestro: fue él quien llevó a su hermano Pedro ante Jesús y quien presentó al joven de los cinco panes y los dos peces antes del milagro de la multiplicación.
Tras la crucifixión, la tradición le atribuye una extensa labor evangelizadora en las regiones de Escitia, Grecia y Asia Menor, donde se convirtió en un símbolo de la expansión del mensaje bíblico en territorio pagano.
El primer mártir del grupo
Hijo de Zebedeo y hermano de Juan, Santiago el Mayor formaba parte del círculo más íntimo de Jesús junto a Pedro y su hermano. Debido a su temperamento fuerte y apasionado, Jesús los apodó a él y a Juan como los «hijos del trueno».
Santiago tuvo el privilegio de presenciar eventos exclusivos como la transfiguración y la agonía en el huerto de Getsemaní. Su legado está fuertemente ligado a la península ibérica, en donde transmitió el mensaje de Cristo. Su papel histórico quedó sellado por su valentía, siendo el primer apóstol en morir por su fe, decapitado por orden del rey Herodes Agripa I en Jerusalén.
El discípulo amado
Hermano menor de Santiago, Juan es tradicionalmente identificado en el cuarto Evangelio como «el discípulo amado». Gozó de una cercanía única con Jesús, al punto de recibir la encomienda de cuidar a María, la madre de Jesús, durante la crucifixión.
San Juan Evangelista, por Cristóbal García Salmerón
El papel de Juan fue profundamente teológico y literario. A diferencia de sus compañeros, sobrevivió a las persecuciones iniciales y vivió hasta una edad avanzada. Se le atribuyen varias autorías: uno de los evangelios, tres epístolas y el libro del Apocalipsis; textos que definieron la mística y la doctrina del amor divino en el cristianismo.
El hombre pragmático
Originario de Betsaida, el mismo pueblo de Pedro y Andrés, Felipe fue uno de los primeros en recibir el llamado directo de Jesús. Su enfoque era sumamente práctico, es famoso por haber calculado el costo financiero de alimentar a la multitud en el relato bíblico de los panes y los peces y por pedirle a Jesús durante la Última Cena: «Muéstranos al Padre».
Su papel fue el de un buscador honesto que facilitaba el acceso de los extranjeros a Jesús, sirviendo de puente cultural debido a su nombre de origen griego. Evangelizó en la región de Frigia tras la dispersión de los apóstoles.
El varón sin doblez
Mencionado como Bartolomé en los Evangelios sinópticos, era un hombre culto de Caná de Galilea. Cuando Felipe le habló de Jesús, reaccionó con escepticismo preguntando si algo bueno podía salir de Nazaret. Sin embargo, al conocerlo, Jesús lo elogió llamándolo «un verdadero israelita en quien no hay engaño».
Bartolomé representa así la conversión del intelectual honesto que rinde sus prejuicios ante la evidencia espiritual. La tradición afirma que llevó el Evangelio hasta la India y Armenia.
«Si no lo veo, no lo creo»
Frecuentemente recordado por su incredulidad, Tomás se negó a creer en la resurrección de Jesús hasta que pudo tocar físicamente sus heridas. No obstante, su escepticismo no nacía de la apatía, sino de un profundo dolor y deseo de certeza.
Su papel es vital para la teología cristiana, ya que su duda dio pie a una de las mayores confesiones de fe de la Biblia: «¡Señor mío y Dios mío!». Posteriormente, desempeñó un rol misionero épico, viajando fuera de las fronteras del Imperio Romano para fundar iglesias en la antigua Persia y el sur de la India.
El cronista del Reino
Antes de su llamado, Mateo ejercía en Cafarnaúm como recaudador de impuestos al servicio de Roma, una profesión sumamente repudiada por sus compatriotas judíos, quienes los consideraban traidores.
San Mateo, por Pedro Pablo Rubens
Al dejar su mesa de recaudación por seguir a Jesús, Mateo redimió su pasado. Su Evangelio fue escrito con un enfoque especial hacia el pueblo judío, demostrando a través de minuciosas genealogías y profecías del Antiguo Testamento que Jesús era el Mesías esperado.
El pilar de la ley y el orden
El otro Santiago, hijo de Alfeo, se le llama «el Menor» para distinguirlo del hijo de Zebedeo, probablemente debido a su estatura o edad. A menudo es identificado por los historiadores como un líder de pensamiento profundamente respetado en la comunidad de Jerusalén.
Su papel se centró en mantener la cohesión de la Iglesia primitiva, equilibrando las tradiciones de la ley judía con la libertad del nuevo mensaje cristiano, promoviendo una vida de estricta piedad y justicia social.
El consolador de los afligidos
Judas Tadeo, durante la Última Cena, le preguntó a Jesús cómo se manifestaría a ellos y no al mundo entero, recibiendo una explicación sobre la comunión espiritual íntima.
Tras vivir en primer plano el mensaje de caridad y esperanza de Jesús, dedicó el resto de su vida a ser un incansable misionero en Mesopotamia y Persia. En la posteridad, su figura cobró un rol devocional inmenso dentro de la tradición cristiana, siendo considerado el intercesor por excelencia en situaciones desesperadas.
Del radicalismo político a la fe
Antes de unirse al grupo, Simón pertenecía a la facción de los zelotes, un grupo político-religioso judío que abogaba por el uso de la fuerza y la rebelión armada para derrocar la ocupación del Imperio Romano.
Tras abandonar estos ideales por los mensajes de amor de Cristo, Simón se convirtió en un testimonio del poder unificador de Jesús: Simón el Zelote tuvo que convivir y compartir su vida estrechamente con Mateo, quien había sido un colaborador directo de los opresores romanos. Su transformación demostró que el Reino de Dios superaba cualquier división política terrenal.
Simón el Zelote, por Pablo Pedro Rubens
30 monedas de plata por entregar a Jesús
Judas Iscariote, el tesorero del grupo, es la figura más trágica del Nuevo Testamento. Guiado por la avaricia y la desilusión de que Jesús no pretendía establecer un reino político inmediato, traicionó a su maestro entregándolo a las autoridades religiosas a cambio de treinta monedas de plata.
Sus decisiones personifican las consecuencias de la traición y la falta de arrepentimiento. Tras su suicidio, el grupo de los doce quedó incompleto, por lo que la comunidad primitiva eligió por sorteo a Matías para ocupar su lugar como testigo de la resurrección.