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Muy pocos conocen la anécdota del día que el Papa mandó quemar al diablo con petardos.

Muy pocos conocen la anécdota del día que el Papa mandó quemar al diablo con petardos.GTRES

El día que el Papa Francisco le puso petardos al mismo Diablo

Sucedió en Buenos Aires. El futuro Papa Francisco era un joven párroco y celebraba una multitudinaria misa de niños

Hay un episodio en la vida del Papa Francisco que pocos conocen. Sucedió en Buenos Aires. El futuro Papa era un joven párroco que vivía entre niños. Junto a ellos compartía el catecismo, las lecciones de San Ignacio, pero también muchos momentos de fiesta, de diversión.

Jorge Bergoglio era un párroco alegre, que sabía hacer felices a los niños. Esta anécdota está relatada en un libro del jesuita Antonio Spadaro En tus ojos está mi palabra.

El futuro Papa Francisco recuerda cuando era rector de la facultad del Colegio Máximo, al que asistían estudiantes jesuitas, los 'escolásticos', y párroco al mismo tiempo. «Yo les pedía a los jesuitas en formación que realizaran el trabajo –explica Bergoglio–, yo daba las directivas. La parroquia estaba llena de niños. Los estudiantes iban a buscar a los niños a todos los barrios y llegaban en gran número».

La misa de los niños, dice el Papa Francisco, «era lo más hermoso. Había más de trescientos niños». «Y entonces comenzaba un verdadero teatro», señala Bergoglio. «Por ejemplo, el primer domingo de Cuaresma, yo preguntaba a los niños: '¿Qué hacía el diablo con Jesús? ' Quería que Jesús se sometiera... quería gobernarlo, el diablo'».

El ángel y el diablo

«¿Entendéis quién es el diablo?», pregunté una vez muy emocionado. Y los niños, embargados por la emoción, gritaron, dejando muy claro con palabras y sonidos lo malo que era y cómo había que mantenerlo alejado».

En el Día del Niño, entonces, ocurría algo muy «extraño». «En esa fiesta solíamos quemar al diablo», cuenta Jorge Bergoglio, «era una forma de hacer la meditación de las dos banderas de San Ignacio con los niños. De un lado estaba el diablo y del otro un ángel». El futuro Papa preparaba un gran diablo de tela y ponía petardos dentro. A continuación se dio una catequesis y después se proyectó una película para los niños, mientras las niñas se iban a jugar.

Quememos al diablo

Por último, Bergoglio y los niños irían en procesión desde el colegio Maximus hasta la parroquia. «Estábamos todos serios. Los niños lo sabían y gritaban: 'Quememos al diablo'. Así que se encendió el fuego, todos gritaron, hubo una explosión de petardos y los niños se divirtieron».

Eso de 'quemar al diablo', señala el Papa Francisco, no era un simple juego. «Era una manera de que hicieran el tercer ejercicio de la 'Primera Semana' de los ejercicios espirituales de San Ignacio. En este ejercicio San Ignacio quiere estimular la capacidad de condenar el mal y suscitar el odio hacia el pecado», señala el futuro pontífice.

Pero no terminó así, advierte el entonces rector del Colegio Máximo de Buenos Aires: «Cada uno llevaba una tarjeta con algo para pedirle a Dios. Las tarjetas se ponían en un bolso. Y había un ángel grande, de poliestireno, con muchos globos de helio. El ángel llevaba un carrito con la dirección de la parroquia. Rezábamos. Decíamos: 'Hemos vencido al Diablo, y ahora rezamos a Dios, que es nuestro Padre'. Y soltábamos al ángel que, gracias a los globos, subía, subía. Y entonces todo el mundo rezaba... mientras el ángel subía. El domingo siguiente preguntábamos si alguien había encontrado al ángel. Una vez, recuerdo, había llegado hasta Uruguay y llamaron desde allí».

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