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El cardenal Zen junto al Papa

El cardenal Zen junto al PapaColegio de Cardenales

El cardenal Zen denuncia una «férrea manipulación» del Sínodo: «Es un insulto a la dignidad de los obispos»

Por su parte, el cardenal Müller secunda la preocupación al denunciar la «confusión» entre el Sínodo de los Obispos y la sinodalidad, recordando que la Iglesia «no es un parlamento» ni una democracia, sino un «sacramento para la salvación»

El consistorio extraordinario celebrado los pasados 7 y 8 de enero ha dado de qué hablar, aunque quizá no tanto que analizar. Con apenas dos días disponibles para que 170 cardenales expusieran sus intervenciones —limitadas a tres minutos cada una—, se votaron como temas de reflexión «Sínodo y sinodalidad» y «Evangelización y carácter misionero de la Iglesia a la luz de Evangelii gaudium».

Los cardenales debían elegir solo dos temas, por razones de tiempo y para garantizar una profundización más adecuada, de entre un conjunto de cuatro propuestas, que incluían también la Liturgia y la constitución apostólica Praedicate Evangelium sobre la Curia romana y su servicio a las Iglesias locales.

Con todo, la intervención durante el reciente consistorio, presidido por León XIV, no ha dejado lugar a la indiferencia. En particular, ha suscitado interrogantes a partir de las observaciones del cardenal Joseph Zen, quien ha puesto el dedo en la llaga respecto al proceso sinodal desarrollado entre 2021 y 2024, cuestionando si realmente se ha escuchado a todo el Pueblo de Dios o si los laicos que participaron constituyeron una representación fiel del mismo.

Interrogantes sobre la autoridad sinodal

Para el purpurado chino, lo vivido no ha sido un ejercicio de libertad, sino una «férrea manipulación del proceso» que considera «un insulto a la dignidad de los obispos». En su discurso, Zen llega a calificar de «ridícula y casi blasfema» la continua referencia al Espíritu Santo para justificar sorpresas (una expresión recurrente durante el pontificado anterior, referida a las llamadas «sorpresas del Espíritu») que, a su juicio, parecen pretender repudiar «lo que inspiró en la Tradición bimilenaria de la Iglesia».

La preocupación de Zen radica en que, al «eludir el Colegio Episcopal» para escuchar directamente a una base seleccionada, se está alterando el marco interpretativo del ministerio jerárquico. El cardenal advierte del riesgo de caer en una fractura similar a la de la Comunión Anglicana, debido a interpretaciones contradictorias de documentos que contienen «muchas expresiones ambiguas y tendenciosas».

Es por ello que se pregunta en su discurso recogido por el portal Colegio de Cardenales: «¿Deben someterse los resultados de esta 'experimentación y prueba' —por ejemplo, la llamada 'activación creativa de nuevas formas de ministerialidad'— al juicio de la Secretaría del Sínodo y de la Curia romana? ¿Serán estas instancias más competentes que los obispos para juzgar los distintos contextos de sus Iglesias?»

A su vez, plantea otra cuestión: «Si los obispos se consideran más competentes, ¿no conducen entonces las diferentes interpretaciones y opciones a nuestra Iglesia hacia la misma división —o fractura— que se observa en la Comunión Anglicana?» Además, afirma que, en lo que respecta a los obispos ortodoxos, estos jamás aceptarán la llamada «sinodalidad bergogliana», ya que para ellos la sinodalidad significa, ante todo, la centralidad y la importancia del Sínodo de los Obispos. Según su visión, se ha explotado el término «sínodo» mientras que, paradójicamente, se ha ido desdibujando la institución del Sínodo de los Obispos, establecida por Pablo VI.

Confusión entre Sínodo y «sinodalidad»

Pero esta inquietud no es exclusiva del cardenal Zen. En una línea muy similar, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, ex prefecto de la Doctrina de la Fe, ha manifestado en una entrevista con Ewtn sus propias reservas sobre cómo se está entendiendo la sinodalidad hoy. Müller coincide en que ha existido una «confusión entre realidades distintas», señalando específicamente «la mezcla del Sínodo de los Obispos y la llamada 'sinodalidad'».

Para el purpurado alemán, es fundamental recordar que la Iglesia no es una democracia parlamentaria. Con contundencia, Müller ha afirmado que «la sinodalidad no tiene nada que ver con un parlamento en un Estado democrático», subrayando que la Iglesia es, ante todo, una «asamblea de los fieles, un sacramento para la salvación del mundo en Jesucristo».

Müller también ha criticado las nuevas metodologías de trabajo, como los pequeños grupos de mesa, y ha expresado que una gran parte del colegio cardenalicio desea «volver a la forma clásica» de los consistorios, donde las intervenciones se exponen de forma plenaria ante el Papa. En un contexto marcado por la «secularización, el ateísmo y sistemas políticos anticristianos», tanto Zen como Müller parecen coincidir en que la Iglesia no debe perderse en debates internos que desdibujen su constitución jerárquica y su misión salvífica.

Ambos cardenales, desde la experiencia de sus respectivos ministerios, han hablado para recordar que cualquier reforma que pretenda ser auténtica no puede hacerse a costa de la identidad que la Iglesia ha mantenido durante dos milenios. Sus reflexiones quedan ahora sobre la mesa de un consistorio que busca el equilibrio entre la escucha y la fidelidad al depósito de la fe.

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