León XIV saluda al entrar en su residencia tras una reunión de dos días con los cardenales en el marco de un consistorio extraordinario
Un consistorio al año: la apuesta de León XIV para escuchar a la Iglesia universal
El anuncio de un nuevo consistorio extraordinario para junio de este año confirma que esta dinámica de tres o cuatro días de trabajo será habitual
Ocho meses después de su elección, el Papa León XIV ha dejado claro que su pontificado no busca recluirse en pequeños consejos de expertos, sino abrir las ventanas al Colegio Cardenalicio en su conjunto. Al concluir este jueves su primer consistorio extraordinario, el Pontífice estadounidense ha dejado un mensaje sobre su método de gobierno: la colegialidad deja de ser un concepto teórico para convertirse en una práctica anual.
La gran novedad de este encuentro, que ha reunido en el Vaticano a 170 de los 245 cardenales del mundo, es la intención de hacerlas frecuentes. A diferencia de su predecesor, León XIV parece haber aparcado la estructura del C-9 —el consejo reducido de nueve cardenales— para apostar por el discernimiento de todo el colegio. Según sus propias palabras, este grupo no debe ser visto como un simple «equipo de expertos», sino como una «comunidad de fe» llamada a trabajar unida.
El anuncio de un nuevo consistorio extraordinario para junio de este año confirma que esta dinámica de tres o cuatro días de trabajo será habitual. Para el Papa, el sacrificio de que tantos purpurados hayan viajado desde rincones remotos del mundo ofrece una «testimonio de la voluntad» de buscar juntos lo que el Espíritu pide a la Iglesia hoy.
«¿Hay vida en nuestra Iglesia?»
Durante la primera sesión, León XIV optó por dirigir unas palabras improvisadas o a braccio. En este espacio, el Pontífice lanzó una pregunta a los purpurados: «¿Hay vida en nuestra Iglesia?». Su respuesta fue una llamada a evitar el inmovilismo: «No podemos cerrarnos y decir: 'Todo está ya hecho, terminado, haced como siempre hemos hecho'».
Frente al miedo que paraliza —representado en la figura de Herodes, quien «teme por su trono» y «se agita por lo que siente fuera de su control»—, el Papa propuso la «alegría del Evangelio», que libera y permite ser «audaces, atentos y creativos». Animó a los cardenales a sentirse cómodos «en la barca» a pesar de las dudas: «¿A dónde vamos?, ¿cómo terminaremos? (...) si ponemos la confianza en el Señor (...) podemos hacer mucho».
El enfoque de este consistorio ha estado lejos de ser administrativo. León XIV ha insistido en que la razón de ser de la Iglesia no son los cardenales ni los obispos, sino la evangelización. En este sentido, fue tajante al pedir que se dejen de lado las «agendas personales o grupales», una sutil alusión a cualquier labor de lobby ideológico.
«Buscar ser una Iglesia misionera en el mundo de hoy», subrayó, vinculando el camino de la sinodalidad con el anuncio propuesto en Evangelii Gaudium. A pesar de los retos actuales —desde la incertidumbre geopolítica hasta el avance de la inteligencia artificial y la implantación de la ideología de género en buena parte de las legislaciones occidentales—, el Papa pidió a sus colaboradores centrar la mirada en Dios para «no correr el riesgo de correr a ciegas o dar golpes en el aire».
Una Iglesia que busca los «cinco panes y dos peces»
La crónica de este encuentro no estaría completa sin la exigencia espiritual que León XIV ha impuesto a los que se les conoce como 'príncipes' de la Iglesia. Reconociendo que ante una humanidad «hambrienta de bien y de paz» los pastores pueden sentirse inadecuados, el Papa les pidió ayudarle a encontrar los «cinco panes y los dos peces» que la Providencia nunca deja faltar, «y acogerlos, entregarlos, recibirlos y distribuirlos, enriquecidos con la bendición de Dios, la fe y el amor de todos, para que a nadie le falte lo necesario».
Un consistorio que no dejó de subrayar su sentido último con una cita de san Agustín, que resume la disposición absoluta que el Pontífice espera de su Colegio: «Da lo que mandas y manda lo que quieras». Con la fecha ya fijada para junio, el Vaticano se prepara para una nueva etapa en la que el discernimiento común marcará el ritmo de la barca de Pedro.