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El Papa bendice dos corderos

El Papa bendice dos corderos cuya lana se usará para la confección de los palios de los nuevos arzobispos

León XIV restableció la ceremonia pública del 29 de junio de imposición de los palios, tras una década en la que se realizaba de forma privada en las diócesis

este miércoles, 21 de enero, presentaron al Papa dos corderos cuya lana se utilizará para confeccionar los palios destinados a los nuevos arzobispos metropolitanos. El gesto tuvo lugar en la Capilla de Urbano VIII, en el marco de la festividad litúrgica de santa Inés, virgen y mártir.

Como es tradición, los corderos fueron presentados con ocasión de esta celebración. De su lana se elaboran los palios, un símbolo litúrgico que portan el Papa y los arzobispos metropolitanos en sus iglesias y en las de sus respectivas provincias eclesiásticas.

El palio consiste en una banda circular de lana blanca, adornada con seis cruces de seda negra, dos tiras colgantes —una en la parte frontal y otra en la posterior— y pequeños clavos de seda que evocan la Pasión de Cristo. Se utiliza durante celebraciones solemnes como signo de la autoridad pastoral del arzobispo metropolitano y de su comunión con el Sucesor de Pedro.

Benedicto XIV imponiendo el palio a un arzobispo metropolitano

Benedicto XIV imponiendo el palio a un arzobispo metropolitano

El uso de la lana de corderos bendecidos en la festividad de santa Inés, siempre representada con un cordero, subraya el simbolismo propio de esta insignia. El cordero, tradicionalmente asociado a la inocencia, la mansedumbre y la entrega, refleja la fidelidad total a Dios y remite a Cristo como Buen Pastor, imagen central del ministerio episcopal.

La bendición de los palios y su entrega a los nuevos arzobispos se celebra cada 29 de junio, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, una tradición que fue recuperada por León XIV el pasado junio. Desde 2015, por decisión del Papa Francisco, la imposición del palio dejó de realizarse públicamente en Roma. En su lugar, los arzobispos lo recibían en privado y era el nuncio apostólico de cada país quien lo imponía posteriormente en la sede metropolitana correspondiente.

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