Una imagen de archivo del Papa León XIV
La Biblia no es un fósil: el Papa desentraña el «corazón latente» que une Escritura y Tradición
El Pontífice profundiza en la Constitución Dei Verbum y recuerda, rescatando una afirmación de san Gregorio Magno, que la Palabra de Dios «crece con quienes la leen»
¿Está la fe cristiana escrita solo en la Biblia o también vive en la historia de la Iglesia? La pregunta estuvo implícita en el centro de la Audiencia General de este miércoles, en la que el Papa ofreció una clave: la Sagrada Escritura y la Tradición no compiten entre sí, sino que forman un único organismo vivo.
Continuando su catequesis sobre la constitución conciliar Dei Verbum, el Pontífice partió de dos escenas evangélicas muy concretas. La primera, en el Cenáculo, donde Jesús promete a los discípulos la acción del Espíritu Santo: «Él os enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho». La segunda, tras la Resurrección, cuando envía a los apóstoles a enseñar «todo lo que os he mandado».
Dos momentos distintos, pero que comparten una misma lógica: la Palabra de Cristo no se agota en lo que fue pronunciado entonces, sino que está destinada a ser transmitida, comprendida y vivida a lo largo del tiempo. Así lo expresa el Concilio Vaticano II con una imagen muy gráfica: «La Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición están estrechamente unidas y se comunican entre sí; proceden de la misma fuente divina y forman en cierto modo un todo».
Una Palabra que «crece» y no se fosiliza
Uno de los ejes de la catequesis fue la insistencia en que la Palabra de Dios no es una pieza de museo. «No está fosilizada», afirmó el Papa, sino que es «una realidad viva y orgánica que se desarrolla y crece en la Tradición».
Aquí entra en juego un punto clave que a menudo se presta a confusión: la Tradición no es una acumulación de costumbres antiguas, sino la forma en que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, custodia, interpreta y encarna la Palabra de Dios en cada época. Como recuerda el Catecismo, citando a los Padres de la Iglesia, «la Sagrada Escritura está escrita en el corazón de la Iglesia antes que en instrumentos materiales».
El crecimiento de la Tradición —explicó el Papa siguiendo a Dei Verbum— se da de tres modos muy concretos: mediante el estudio y la reflexión de los creyentes, a través de una comprensión espiritual más profunda, y especialmente por la predicación de los sucesores de los apóstoles, que han recibido «un carisma seguro de la verdad».
«La Escritura crece con quienes la leen»
Para ilustrar esta dinámica viva, el Pontífice recuperó dos citas clásicas. San Gregorio Magno afirmaba que «la Sagrada Escritura crece con quienes la leen», y San Agustín hablaba de «un único Verbo que resuena en boca de tantos santos».
No se trata, por tanto, de cambiar el contenido de la fe, sino de comprenderlo cada vez mejor, del mismo modo que una semilla crece sin dejar de ser lo que es. En esta línea, el Papa evocó al cardenal John Henry Newman, quien describía el desarrollo de la doctrina cristiana como una realidad viva, impulsada por una fuerza interior, tal como Jesús explicó en las parábolas del Reino.
Custodiar un tesoro
El término que articula esta relación es el de «depósito». San Pablo exhortaba a Timoteo: «Guarda el depósito que se te ha confiado». Dei Verbum retoma esta expresión para afirmar que «la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un único depósito de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia».
El Papa subrayó el sentido fuerte de esta palabra, tomada del ámbito jurídico: custodiar no significa alterar ni empobrecer, sino conservar íntegro lo recibido y transmitirlo fielmente. Ese depósito —recordó— está hoy en manos de la Iglesia y de todos los fieles, llamados a guardarlo «como una estrella polar» en medio de la complejidad de la historia.
La catequesis enfatizó el núcleo del mensaje conciliar: la Sagrada Escritura y la Tradición no pueden subsistir la una sin la otra. Unidas e interrelacionadas, «bajo la acción de un solo Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas».