El cardenal Farrell
El cardenal Farrell avisa: ni el «cambio moral» ni de estructuras llenarán de nuevo los bancos de las iglesias
El prefecto del Dicasterio para los Laicos tilda de «falsa solución» cualquier intento de alterar la doctrina para atraer fieles, señalando que el problema real es la falta de fe
La Curia general de los Jesuitas en Roma ha sido el escenario donde el cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, ha puesto el dedo en la llaga sobre la crisis que atraviesa la Iglesia. En la apertura de la tercera Asamblea Plenaria, Farrell ha querido despejar cualquier espejismo reformista al afirmar que «muchos piensan hoy que la solución a los problemas de la Iglesia es cambiar las estructuras, o cambiar los principios de la doctrina o de la moral católica. Esta, sin embargo, es una solución falsa». Es así como el purpurado ha dejado claro que «no serán estos 'cambios' los que devolverán a la gente a misa, ni los que harán florecer las vocaciones, ni los que acercarán de nuevo a los jóvenes a la Iglesia».
El diagnóstico de Farrell, que retoma reflexiones ya compartidas ante el Papa Francisco en 2022, sitúa el problema no en la organización o el aparato administrativo, sino en la esencia misma de la vida cristiana: la falta de fe. Para el prefecto, la urgencia del momento no reside únicamente en los procesos institucionales, pues «antes incluso de la participación sinodal, lo que falta hoy es la fe». El cardenal ha alertado sobre un «crecimiento espantoso del número de personas que no conocen en absoluto a Jesucristo», señalando que la verdadera prioridad debe ser la formación «de base» de los fieles laicos.
En su intervención, Farrell ha recordado que la fe es una experiencia transformadora: «En el origen de la vida cristiana está el encuentro con la persona de Jesucristo, un encuentro que primero cambia el corazón del hombre, luego cambia su mentalidad, luego convierte su comportamiento cotidiano, y por tanto toda su vida». Esta «dinámica de la fe» exige que cada iglesia local, cada diócesis y cada parroquia ofrezca de forma permanente itinerarios de evangelización, catequesis y primer anuncio que acompañen el crecimiento espiritual de los fieles.
Para llevar a cabo esta tarea, el prefecto ha subrayado la necesidad de una «sinergia de todos los componentes eclesiales», involucrando desde pastores y laicos hasta familias, consagrados y los denominados «apóstoles de la red». Ha hecho especial hincapié en la formación cristiana dirigida a las familias y en el acompañamiento de los cónyuges desde sus primeros años de matrimonio, una necesidad que emerge con fuerza en el trabajo diario de su dicasterio.
Farrell incluyó en su discurso una llamada a la movilización de las Conferencias Episcopales y de todo el Pueblo de Dios para interrogarse seriamente sobre cómo iniciar una nueva obra de formación. Reconociendo que no existen soluciones inmediatas, el cardenal ha insistido en que la Iglesia debe adaptarse al ritmo de los tiempos sin perder su esencia: «Los cambios tan rápidos que se producen en nuestro mundo nos piden a todos, también a nosotros como Iglesia, no quedarnos quietos».