Fundado en 1910

Papa León XIV, junto con los cardenales residentes en Roma y los responsables de los dicasterios, participa en los ejercicios espirituales de Cuaresma que se celebran en el Palacio Apostólico.Vatican News

Erik Varden advierte ante la Curia contra la ambición: «Es un virus secreto que hace que la santidad se pudra»

Frente a la tentación de que la Iglesia siga las modas del mundo para ganar relevancia, el obispo noruego propone recuperar el lenguaje propio de las Escrituras y la liturgia como única vía para «orientar la cultura»

En la quinta meditación de los ejercicios espirituales de Cuaresma para el Santo Padre León XIV y la Curia Romana, el obispo Erik Varden ha reflexionado sobre «el esplendor de la verdad» frente a las tentaciones que asedian al creyente. Varden subraya que la Iglesia solo será «original y fresca» si mantiene su propio lenguaje de fe frente a las modas pasajeras, advirtiendo que la ambición clerical es una forma de «locura» que surge cuando se olvida la verdad.

Varden comenzó su intervención recordando, de la mano de San Bernardo, que la tentación es una constante inevitable en la vida terrenal. Sin embargo, lejos de ser un mero obstáculo, el prelado señaló que Dios permite estas pruebas porque resultan útiles para fortalecer el compromiso con la verdad tras resistir los ataques del «Padre de las Mentiras». En este sentido, instó a cultivar un equilibrio entre la confianza en el auxilio divino y la desconfianza en la propia fragilidad humana.

El peligro de la ambición

Uno de los puntos de la meditación se centró en la ambición, definida por Varden como una forma de codicia sublimada y una capitulación ante la falsedad. Citando nuevamente al santo francés de la Orden del Císter, la describió como «un mal sutil, un virus secreto, una peste oculta, un artesano del engaño» que actúa como madre de la hipocresía y origen de los vicios. Esta actitud, como decía Bernardo, «hace que las virtudes se oxiden, la santidad se pudra, los corazones se cieguen», llegando incluso a convertir los remedios espirituales en enfermedades y la medicina en apatía.

Para Varden, la ambición nace de lo que llama una «alienación de la mente» y se vuelve especialmente absurda cuando aparece en personas que están llamadas a servir de manera desinteresada. El prelado lamenta que, con el tiempo, el clérigo ambicioso haya pasado a ser casi un personaje cómico en la literatura y el cine. Por eso, ante la pregunta «¿Qué es la verdad?», que hoy muchos se hacen con inquietud y sinceridad, insiste en que no tiene sentido gastar fuerzas en «tentaciones banales del miedo, la vanagloria y la ambición».

La Iglesia y la tentación de seguir las modas del mundo

Respecto al papel de la Iglesia en la cultura contemporánea, el obispo de Noruega advirtió contra la tentación de seguir las tendencias mundanas. Sostuvo que, aunque la Iglesia pueda parecer «pasada de temporada» por ser «un cuerpo lento», su verdadera fuerza reside en hablar su propio lenguaje: el de las Escrituras, la liturgia y los santos. Al hacerlo, la Iglesia tiene la posibilidad de orientar la cultura expresando «verdades antiguas de nuevas maneras», manteniéndose «original y fresca», protegida y renovada en Cristo.

Finalmente, la meditación concluyó con una llamada a la santidad como la única vía convincente para transmitir la verdad en la actualidad. Recuperando el espíritu del Concilio Vaticano II, Varden recordó las palabras del cardenal Schuster sobre cómo la gente, aunque a veces no se deje convencer por la predicación, sigue arrodillándose ante la santidad. La pretensión cristiana de la verdad, afirmó, solo se vuelve creíble cuando su esplendor se hace evidente a través del «amor sacrificial en la santidad, purificada de las tentaciones de temporalizar».