Erik Varden predicando los Ejercicios Espirituales al Papa y la Curia
Varden advierte contra la fe como «póliza de seguro»: Dios no es un servicio de emergencias «como cuando llamamos al 112»
El obispo de Trondheim reflexiona ante el Papa sobre el sentido de la ayuda de Dios, invitando a abandonar la visión de la religión como un sistema de protección contra el mal para descubrir en Dios un «hábitat» permanente de gracia
Durante la tercera meditación de los ejercicios espirituales celebrada en la Capilla Paulina para el Papa y la Curia romana, el obispo y monje noruego Erik Varden ha planteado un análisis sobre cómo el creyente se relaciona con la ayuda de Dios.
El prelado de Trondheim ha subrayado que la divinidad no puede reducirse a un «servicio de emergencia al que se puede llamar como si marcáramos el 112». Para Varden, basar la existencia en el Señor significa trascender la visión utilitarista de la fe para aprender a vivir la gracia en una profundidad distinta, pasando necesariamente por el lamento y la amenaza.
En su intervención, Varden ha rescatado la figura de la educadora del siglo XVII Mary Ward, quien solía decir a sus hermanas: «Haced lo mejor que podáis y Dios os ayudará», para recordar que la ayuda divina es un elemento axiomático en la fe bíblica, lo que distingue al Dios compasivo del frío «Motor Inmóvil» de la filosofía clásica.
Citando a san Bernardo de Claraval, el obispo ha explicado que el auxilio de Dios debe entenderse como un «hábitat», una realidad sustentadora en la cual los hombres pueden vivir, moverse y existir de forma constante. Esta presencia no es algo ocasional que se activa solo «cuando una casa se incendia o alguien es atropellado», sino una estructura vital permanente.
La integridad de Job frente a una fe utilitaria
El obispo ha abordado también el silencio de Dios y la angustia del hombre frente al sufrimiento, destacando la integridad de Job, quien se niega a aceptar que Dios actúe simplemente calculando cuentas «como si fuera un balance general» en su vida. En medio de la aflicción y sin ayuda aparente, el personaje bíblico busca desesperadamente la presencia divina, rechazando las justificaciones simplistas de sus allegados.
Esta reflexión ha servido para alertar contra la tentación de considerar la religión como una mera «póliza de seguro» o un contrato de intercambio que asegure el bienestar frente a las pruebas del mundo. Cuando el mal golpea y la «valla protectora, cuidadosamente construida y personalizada» se derrumba, el creyente debe decidir si su relación con Dios es un simple trueque o una vivencia más profunda. Varden advierte contra la postura de la esposa de Job, que invita a maldecir a Dios ante la dificultad, instando en cambio a superar el lamento para vivir en un nivel superior.
El monje noruego ha concluido que vivir con la ayuda de Dios no consiste en «vender seguridades». Por el contrario, la acción divina puede manifestarse derribando muros que el hombre consideraba erróneamente su mundo, pero que en realidad eran estructuras dentro de las cuales se asfixiaba. De este modo, «vivir con la ayuda de Dios, como nos aconseja San Bernardo, no es vender seguridades. Es superar el lamento y la amenaza para vivir con gracia a un nivel más profundo».