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El joven Ignacio saluda al Papa a las afueras de Villa BarberiniVatican News

Ignacio, el joven murciano que venció al cáncer, se reencuentra con el Papa: «Le dije que me he curado, que le espero en Madrid»

El Pontífice, que visitó al joven en la UCI durante el Jubileo de los Jóvenes, celebró su curación definitiva en un emotivo encuentro a las puertas de Villa Barberini, en Castelgandolfo

ignacio Gonzálvez, el joven español de quince años que sufrió un colapso por un linfoma grave durante su peregrinación a Roma con motivo del Jubileo de jóvenes, ha podido finalmente fundirse en un abrazo con León XIV en Castel Gandolfo para darle la mejor de las noticias: «Le dije que me he curado, que gracias a Dios estoy bien».

La historia de Ignacio saltó a las portadas internacionales cuando, pocos días después de llegar a Roma desde Murcia, sufrió un colapso en el pecho que lo situó al borde de la muerte. Ante la gravedad de este linfoma de las vías respiratorias, el Papa León XIV no solo pidió oraciones por él en la vigilia de Tor Vergata, sino que acudió por sorpresa al hospital Bambino Gesù, donde estaba ingresado, para consolar a su familia en un momento en el que Ignacio era inaccesible en cuidados intensivos.

Tras meses de terapias y sufrimientos, el joven recibió ayer la confirmación médica de que el linfoma ha desaparecido. «Nada de lo que tengo ahora es mío... ¡Un milagro!», confesaba el joven a los medios vaticanos tras saludar al Pontífice, a quien además le dijo: «¡Ahora lo espero en Madrid!», tal y como recogeVatican News.

La fuerza de la intercesión y la providencia

Para la familia Gonzálvez, miembros del Camino Neocatecumenal, esta curación tiene nombres propios en el cielo. Además de la cercanía de León XIV, destacan la intercesión de San Charbel —a quien el Papa tiene especial devoción—, el beato Carlo Acutis y Carmen Hernández. Ignacio también alude con sencillez a Santa Clara, nombre de la doctora que lo trató y a quien sintió cerca desde que despertó en la UCI.

Carmen Gloria, madre del joven, califica este tiempo como una «señal del amor de Dios». Pese a encontrarse en un país desconocido y con una lengua ajena, asegura que nunca estuvieron solos: «La providencia, de verdad… Hubo gente que dejó su casa para que nosotros viviéramos allí».

Ignacio, ya libre de sueros y vendas, prepara ahora su regreso a España, probablemente el próximo día 20, llevando consigo el recuerdo de un abrazo único. El Papa, que siguió de cerca cada altibajo de su salud, ya tiene la vista puesta en su próximo encuentro en tierras españolas.