China y la Santa Sede firmaron un acuerdo secreto en 2018 que incluye el nombramiento conjunto de obispos
Consagrado un nuevo obispo en la China de Xi Jinping bajo el 'claroscuro' del acuerdo con la Santa Sede
Giuseppe Chang Yanfeng asume la diócesis de Mongolia Interior tras años de administración provisional, en un clima marcado por la extensión del pacto con Pekín y las denuncias de represión persistente
La Santa Sede ha comunicado hoy, miércoles 22 de julio, la ordenación episcopal del reverendo Giuseppe Chang Yanfeng como nuevo obispo de Chifeng, en la provincia de Mongolia Interior. El nombramiento, que recibió el visto bueno del Papa el pasado 15 de junio, se produce bajo el paraguas del polémico Acuerdo Provisional entre Roma y la República Popular China, un pacto cuyos términos exactos siguen siendo un secreto guardado por ambas partes.
Este movimiento diplomático se enmarca en la prórroga del acuerdo por un periodo de cuatro años, la más larga desde su firma original en 2018, lo que evidencia la apuesta del Vaticano por mantener los canales abiertos con el régimen comunista a pesar de las voces que cuestionan la eficacia y las consecuencias del acuerdo.
Las sombras del acuerdo
El nuevo obispo, nacido en 1984, representa a una generación de clérigos chinos con experiencia internacional. Tras pasar por el seminario de Shenyang, Chang Yanfeng completó sus estudios en la Universidad Católica de Daejeon, en Corea del Sur, donde obtuvo la licenciatura en Teología Bíblica. Ordenado sacerdote en 2010, ha desempeñado diversos cargos en la curia y en parroquias de Chifeng hasta que en 2021 fue designado administrador diocesano, cargo que ha ocupado hasta su consagración definitiva este miércoles.
A pesar del anuncio, la situación de la Iglesia en China dista de ser una balsa de aceite. El acuerdo secreto convive con una situación de 'claroscuro' permanente, ya que informes recientes como el de Nina Shea para el Hudson Institute denuncian que la represión religiosa ha empeorado desde la firma del pacto en 2018.
La realidad sobre el terreno muestra una Iglesia fracturada. Por un lado, la Santa Sede busca normalizar la vida de los fieles, pero por otro, el régimen de Xi Jinping sigue presionando a los obispos y fieles para que se integren en la Asociación Católica Patriótica China, un organismo controlado directamente por el Partido Comunista.
Desafíos y vulneraciones
La fragilidad del entendimiento entre el Vaticano y Pekín ha quedado patente en episodios recientes por parte de las autoridades chinas. Durante el periodo de sede vacante tras el fallecimiento del Papa Francisco, se produjeron las «elecciones» unilaterales de obispos en las diócesis de Xinxiang y Shanghái sin la ratificación previa de Roma, movimientos impulsados por la Asociación Patriótica para reafirmar su independencia de la Santa Sede.
El acuerdo del Vaticano de 2018 —renovado sucesivamente en 2020, 2022 y en 2024 por cuatro años más— es la 'espina clavada' de una diplomacia que busca evitar el cisma, aun a costa de convivir con la vigilancia y el control estatal sobre los pastores. En este escenario, la consagración de Chang Yanfeng es un paso más en un diálogo que exige a la Iglesia en China navegar entre la fidelidad al Sucesor de Pedro y las exigencias de un régimen que no ha restablecido relaciones diplomáticas formales desde 1951.