León XIV bendice a un bebé entre los fieles reunidos en la Piazza della Libertà (Plaza de la Libertad), frente al Palacio Apostólico
«Aguzar el oído y abrir el corazón»: la receta del Papa para descubrir lo que Dios nos dice hoy
Durante el Ángelus en Castel Gandolfo, el Pontífice instó a la comunidad internacional a buscar una «paz justa» en Tierra Santa y celebró el inicio de los Juegos del Mediterráneo
Desde el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, el Papa León XIV presidió este domingo el rezo del Ángelus ante una multitud de fieles y peregrinos. En su alocución, el Santo Padre reflexionó sobre el pasaje evangélico de la mujer cananea, utilizándolo como base para lanzar un potente mensaje: esta mujer extranjera, a pesar de que no pertenecía al pueblo de Israel, reconoció a Jesús como el «Mesías, descendiente de David». León XIV resaltó que, aunque probablemente nunca se habían encontrado, la fe ya había brotado misteriosamente en ella, llevándola a actuar no por un beneficio personal, sino por «la paz para su hija atormentada».
El Pontífice recordó que el camino de la cananea no fue fácil, pues tuvo que enfrentar la incomprensión de los discípulos, quienes la veían como «una persona molesta», e incluso la resistencia inicial del propio Maestro, que se había retirado a esa región buscando un «lugar apartado donde orar y formar a los suyos». Sin embargo, la «humildad y determinación» de la mujer lograron que Jesús se dejara conmover por lo que veía y oía.
Según explicó León XIV, esta mujer enseña que la gracia divina actúa más allá de los límites establecidos. «Aprendemos que la mesa de Dios está preparada para todos y que a nadie le corresponden las migajas, porque cada uno tiene su propio lugar junto al Padre», afirmó con rotundidad.
En este sentido, el Papa advirtió que, ante una fe auténtica, resultan «insoportables las desigualdades, las discriminaciones y las barreras que pisotean la dignidad de tantos hijos e hijas de Dios». Hizo un llamamiento a la Iglesia para que se deje «sorprender» por la obra de Dios y sea capaz de comunicar la paz de Cristo «más allá de las fronteras ya trazadas».
Para lograr esta apertura, el Pontífice subrayó que la misión eclesial es siempre precedida por la gracia divina, la cual ya actúa silenciosamente en «lo más recóndito de las conciencias». Por ello, exhortó a los fieles a mantener una actitud de constante vigilia espiritual ante lo inesperado, señalando que «en cada encuentro, incluso en aquellos que trastocan nuestros planes, hay que aguzar el oído, abrir los ojos y el corazón a lo que Dios quiere decirnos». Según explicó León XIV, solo a través de esta escucha atenta es posible reconocer que el lugar de cada persona junto al Padre ya ha sido preparado por Dios antes de nuestra llegada.
Llamamiento por Palestina
Tras la oración mariana, el sucesor de Pedro puso el foco en la actualidad internacional, mostrando su profunda preocupación por el recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio. León XIV reiteró su llamamiento para que cesen los «repetidos actos de violencia contra la población civil palestina en Cisjordania» e instó a la comunidad internacional a velar por la «solución de dos Estados» como única vía para alcanzar una paz duradera.
Asimismo, el Papa dedicó unas palabras de aliento a los Juegos del Mediterráneo que comienzan esta semana en Taranto (Italia). El Santo Padre expresó su deseo de que este encuentro deportivo, que reúne a naciones de África, Asia y Europa, sea un «presagio de paz y fraternidad entre los pueblos de esta región y del mundo entero».
Antes de finalizar, León XIV saludó afectuosamente a los grupos presentes, con una mención especial a los fieles polacos, extendiendo su bendición a quienes participan en la tradicional peregrinación al Santuario de Piekary Śląskie. Con su habitual cercanía, el Pontífice se despidió deseando a todos un «feliz domingo».