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León XIV, en una audiencia general

El Papa: «No busquéis ante todo el éxito o el reconocimiento: buscad la fidelidad al Evangelio»

El Pontífice alienta a los obispos latinos de las regiones árabes a sembrar con paciencia y esperanza en tierras de conflicto, recordando que «la siembra pertenece a los hombres, pero el crecimiento es de Dios»

El Papa León XIV ha recibido este jueves en audiencia a los miembros de la Conferencia de Obispos Latinos en las Regiones Árabes (CELRA). Durante este encuentro, el Santo Padre ha querido dirigir unas palabras de profundo aliento y realismo pastoral a las comunidades cristianas de Oriente Medio y el Golfo Pérsico, marcadas frecuentemente por fuertes tensiones políticas, sociales y religiosas.

En su discurso, el Pontífice ha insistido en que el verdadero fruto de la Iglesia no radica en los resultados tangibles ni en el éxito mundano, sino en una fidelidad callada y constante, exhortando a los prelados a seguir sembrando el Evangelio sin la impaciencia de cosechar de inmediato.

La fecundidad de la pequeñez

Frente al dolor de la emigración forzada que sufren numerosas familias de la región, que debilita demográficamente a estas comunidades históricas, el Santo Padre ha invitado a los obispos a no tener miedo de la «pequeñez» numérica o estructural de sus rebaños. Como ha afirmado el Sucesor de Pedro, «la fecundidad de la Iglesia no se mide en los números, en las estructuras o en los recursos, sino en la fidelidad al Evangelio».

El Papa ha dibujado un retrato de lo que debe ser una comunidad pequeña enraizada en Cristo: una Iglesia que no busca el poder sino el servicio, que no se impone sino que testimonia, y que responde a la violencia con el poder de la caridad. Este testimonio se hace visible diariamente a través del entramado de escuelas, hospitales, parroquias y obras benéficas con las que la Iglesia apoya activamente a los más vulnerables.

La luz de los mártires

Durante su intervención, León XIV ha tenido un emotivo recuerdo para quienes han pagado con su vida el testimonio de la fe en estas regiones. Ha evocado explícitamente el martirio de la misionera sor Leonella Sgorbati (de las Misioneras de la Consolata), de las Misioneras de la Caridad asesinadas en Yemen mientras servían a los desvalidos, y de tantos sacerdotes, religiosos y laicos cuyas vidas fueron segadas por la violencia en Irak y Siria. «Sus nombres tal vez no sean conocidos por el mundo, pero son bien conocidos por Dios», ha subrayado el Papa, señalando que su entrega extrema es un referencia que anima a no caer en el miedo o en la resignación.

Otro de los puntos fundamentales del discurso ha sido la convivencia ecuménica e interreligiosa, especialmente en un contexto donde conviven diversas tradiciones rituales y una gran mayoría musulmana. León XIV ha alentado a profundizar en la comunión entre los distintos ritos católicos para, desde esa unidad, entablar un diálogo sincero con los musulmanes y otros credos. «Dialogar no significa renunciar a la propia identidad, sino vivirla sin miedo al encuentro», ha afirmado con contundencia, recordando que cada gesto de respeto y colaboración es un ladrillo para reconstruir la paz allí donde la guerra sembró desconfianza.

Llamados a la fidelidad, no al éxito

Asimismo, ha reservado un espacio de especial preocupación para los miles de migrantes cristianos, de manera particular en los países del Golfo, quienes sufren a menudo la soledad y la precariedad de estar lejos de sus hogares. El Papa ha pedido que las comunidades católicas locales sean auténticos hogares donde «nadie se sienta extranjero».

El mensaje central del Papa a los pastores de la CELRA ha sido un baño de realismo: la misión no es resolver todos los problemas de sus tierras, sino ser fieles al pueblo confiado y al Evangelio. Despojando a la labor de la Iglesia de cualquier criterio de eficacia puramente secular, León XIV ha recordado que cada oración, cada consuelo, cada niño educado y cada familia acompañada es una semilla indestructible.

«No tengáis miedo de sembrar sin ver inmediatamente los frutos», ha concluido el Pontífice, confiando el porvenir de estas comunidades a la intercesión de la Virgen María, Reina de la Paz.