Marta Martín Mazaira, 'clinical lead' en Alan España y experta en psicooncología
Entrevista Marta Martín, psicóloga: «Ocultar información sobre el cáncer puede generar más ansiedad que la realidad»
La experta en pacientes oncológicos alerta de que «la demora en la comunicación multiplica exponencialmente el sufrimiento psicológico»
Los fallos y retrasos en la comunicación de resultados del cribado del cáncer de mama en Andalucía han reabierto el debate sobre la atención emocional a las pacientes. Coincidiendo con el Día Mundial contra el Cáncer de Mama, que se celebra este domingo, Marta Martín, responsable de área clínica en Alan España y psicóloga especializada en pacientes oncológicos, denuncia en El Debate que la falta de información «puede generar niveles de ansiedad superiores incluso a los que produciría conocer la realidad de la situación».
–En primer lugar, ¿le parece correcto que no se informara a las pacientes de sus resultados dudosos en el cribado del cáncer de mama para «no alarmar» o «no generar ansiedad», como se ha dicho?
–No informar a las pacientes sobre resultados dudosos bajo la premisa de «no alarmar» es un error fundamental que vulnera tanto la legislación vigente como los principios básicos de la atención sanitaria centrada en la persona. Como psicooncóloga he sido testigo de las graves consecuencias que tiene la falta de transparencia en la relación médico-paciente y en la salud mental.
En mi experiencia clínica he observado que ocultar información genera consecuencias devastadoras. He tratado a mujeres que, años después de superar un cáncer, siguen aterrorizadas ante cualquier prueba médica porque «no se fían de lo que les digan».
–¿Hasta qué punto la demora en ofrecer explicaciones tras un resultado dudoso puede incrementar el sufrimiento psicológico?
–La demora en la comunicación multiplica exponencialmente el sufrimiento psicológico. Cuando una persona está en una situación que percibe como amenazante pero no tiene información clara, su mente tiende automáticamente a imaginar los peores escenarios posibles. Este fenómeno, conocido como rumiación catastrófica, puede generar niveles de ansiedad superiores incluso a los que produciría conocer la realidad de la situación, por grave que esta sea.
En mi práctica clínica he tratado a numerosas mujeres que desarrollaron cuadros de ansiedad severos simplemente por la incertidumbre prolongada. El silencio médico se interpreta como confirmación de que «algo muy grave está pasando», y cada día sin respuestas alimenta más temores. Una de mis pacientes me confesó: «Los días esperando a que me dijeran qué pasaba fueron peores que el día que me confirmaron que tenía cáncer. Al menos entonces ya sabía a qué me enfrentaba».
He visto a pacientes que no recuerdan absolutamente nada después de escuchar «resultado anormal»
–Cuando a una paciente se le comunica un resultado dudoso o necesita pruebas adicionales, ¿qué emociones suelen aparecer primero? ¿Cómo deberían abordarse desde el primer momento?
–Muchas mujeres experimentan lo que en psicología clínica llamamos visión en túnel. Después de escuchar las palabras clave como «no estamos seguros de los resultados», su capacidad atencional se reduce a solo esas palabras. Es como si la persona hiciese un tubo con una hoja de papel y solo pudiera ver una pequeña porción de la realidad. Todo lo que el profesional explica después de esas primeras palabras simplemente no se procesa. He visto a pacientes que no recuerdan absolutamente nada de lo que se les dijo después de escuchar «resultado anormal» aunque la conversación durase 20 minutos.
–¿Cree que el personal sanitario en Andalucía recibe suficiente formación psicológica para comunicar resultados sensibles? ¿Qué carencias detecta?
–La formación en comunicación de malas noticias es claramente insuficiente en nuestro sistema sanitario. La mayoría de profesionales reciben una formación técnica excelente en sus especialidades, pero las habilidades de comunicación empática y manejo de reacciones emocionales muchas veces dependen del interés personal de formación de cada profesional, no de un programa estructurado y obligatorio. Muchos profesionales se sienten incómodos con las pausas y las llenan con información técnica innecesaria, cuando a veces lo que la paciente necesita es simplemente un momento para procesar.
–¿Qué lugar ocupa la salud mental en los programas públicos de cribado? ¿Se contempla o sigue tratándose como un aspecto secundario frente al diagnóstico físico?
–La salud mental sigue siendo la gran olvidada en los programas de cribado. Se diseñan protocolos centrados exclusivamente en la eficacia diagnóstica, sin considerar de manera sistemática el impacto emocional del proceso en las personas que participan. A veces no es necesario nada extraordinario, sino simplemente humanizar el proceso. Un «¿cómo te sientes?» sincero, un «¿necesitas que paremos un momento?» o un «¿qué podría hacer para que te sintieras más cómoda?» pueden marcar una diferencia enorme en la experiencia de la paciente.
Se debe normalizar la existencia de resultados dudosos aclarando que no implican necesariamente cáncer
–Si pudiera proponer un protocolo ideal de comunicación para resultados de cribado, ¿qué pasos incluiría para garantizar una atención psicológica adecuada desde el primer momento?
–Mi protocolo ideal incluiría cinco fases. La primera empezaría antes del cribado. En esta etapa es fundamental ofrecer una información clara y realista sobre todo el proceso, explicando no solo el procedimiento técnico, sino también los posibles resultados y su significado. Se debe normalizar la existencia de resultados dudosos, que aparecen en alrededor del 10 % de las mamografías, aclarando que no implican necesariamente cáncer.
Posteriormente, en la fase de comunicación de resultados dudosos, la conversación debe realizarse siempre de forma presencial, en un entorno privado, con tiempo suficiente y posibilidad de estar acompañada. Es esencial utilizar un lenguaje sencillo, evitar tecnicismos y ofrecer fechas concretas para los siguientes pasos, junto con material informativo para revisar en casa.
El profesional debe responder con paciencia a todas las preguntas, validar las emociones expresadas y confirmar la comprensión pidiendo a la paciente que repita lo que ha entendido. Posteriormente, se debe garantizar un canal directo de comunicación para resolver dudas y ofrecer explícitamente apoyo psicológico especializado.
El seguimiento estructurado es clave para reducir la ansiedad y acompañar emocionalmente a la paciente. Siempre que sea posible, se recomienda mantener la continuidad con el mismo profesional, ofrecer notificaciones adaptadas a las preferencias individuales y evaluar el nivel de ansiedad con herramientas validadas como el GAD-7 o el Distress Thermometer. Si se detecta un distrés significativo, se debe derivar proactivamente a psicología.
Finalmente, está la evaluación del proceso, que se haría mediante encuestas de experiencia y sesiones de supervisión del equipo sanitario, que permite analizar casos difíciles y mejorar las habilidades comunicativas del personal.