Mamografia
Un estudio vincula aceites de semillas de fritos y ultraprocesados con un cáncer de mama agresivo
Un estudio ofrece una posible explicación molecular que conecta el consumo de ácido linoleico con el desarrollo del cáncer de mama
El ácido linoleico omega-6 es un lípido esencial que los mamíferos deben obtener a través de la dieta y que resulta clave en diversos procesos fisiológicos. Sin embargo, su presencia en los hábitos alimentarios de las sociedades occidentales ha crecido de manera notoria desde mediados del siglo XX, en paralelo al incremento del uso de aceites de semillas en productos fritos y alimentos ultraprocesados.
Esta tendencia ha despertado inquietudes en la comunidad científica, ya que algunos expertos sugieren que un consumo excesivo de omega-6, presente en aceites de semillas como la soja y el cártamo, y en productos animales como la carne de cerdo y los huevos, podría estar vinculado al aumento en la incidencia de determinadas enfermedades, entre ellas el cáncer de mama. No obstante, a pesar de décadas de investigación, los estudios han arrojado conclusiones dispares y aún no se ha identificado un mecanismo biológico claro que respalde una relación causal directa entre los omega-6 y el desarrollo de esta patología.
Con la intención de aportar claridad a este debate, un grupo de investigadores de Weill Cornell Medicine ha dirigido su atención al cáncer de mama, cuya aparición se asocia con factores modificables como la obesidad. En concreto, centraron su estudio, publicado en Science, en los efectos del ácido linoleico —el tipo de omega-6 más común en las dietas occidentales— sobre una vía celular crítica para la regulación del crecimiento y detección de nutrientes: la ruta mTORC1.
Uno de los descubrimientos más relevantes del estudio fue que el ácido linoleico activa la vía mTORC1 en modelos celulares y animales de cáncer de mama, pero exclusivamente en aquellos casos identificados como triple negativos. Esta clasificación hace referencia a tumores que carecen de tres receptores comunes —entre ellos, el de estrógenos— y que, por tanto, no responden a terapias hormonales convencionales.
Los autores del trabajo concluyeron que esta activación específica se produce debido a que el ácido graso poliinsaturado forma un complejo con la proteína FABP5. Esta proteína se encuentra en concentraciones elevadas en los tumores de mama triple negativos, lo que facilita el ensamblaje y la posterior activación de mTORC1. Esta vía, conocida por su papel en el metabolismo y el crecimiento celular, resulta especialmente relevante en el contexto del cáncer, ya que su hiperactivación puede favorecer la proliferación de células malignas.
De este modo, el estudio ofrece una posible explicación molecular que conecta el consumo de ácido linoleico con el desarrollo del cáncer de mama en un subtipo específico de la enfermedad. Aunque estos hallazgos no implican que los omega-6 causen cáncer de forma generalizada, sí abren nuevas líneas de investigación sobre su papel en contextos tumorales particulares y podrían tener implicaciones en futuras recomendaciones dietéticas o estrategias terapéuticas.