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AlimentosGetty/ C. Gawronski

Las nuevas guías dietéticas de EE.UU. reabren el debate sobre alimentación y salud

La Dra. María Achón y Tuñón, profesora de Nutrición de la Universidad San Pablo CEU hace un repaso por más de un siglo de guías dietéticas estadounidenses

En plena era de la nueva administración Trump, la atención de la opinión pública en Estados Unidos está centrada en las diversas guerras y en la economía. En medio de este panorama, y entre las novedades impulsadas por el presidente, también se ha introducido un cambio significativo en las guías dietéticas dirigidas a la población. Publicadas el 7 de enero de 2026, estas nuevas recomendaciones suponen otro capítulo controvertido en la historia de la alimentación de la sociedad norteamericana.

Las guías dietéticas estadounidenses representan un fascinante recorrido por la evolución de la joven ciencia de la nutrición, influida por factores socioeconómicos, avances científicos y presiones políticas. Desde sus inicios a finales del siglo XIX, estas recomendaciones han buscado orientar a la población hacia patrones alimentarios que promuevan la salud, primero evitando carencias nutricionales y, a partir de la segunda mitad del siglo XX, previniendo el desarrollo de las «enfermedades de la abundancia», adaptándose a contextos como guerras, crisis económicas y epidemias de obesidad.

Los orígenes de estas guías datan de 1894, cuando el químico Wilbur Atwater, «padre» de la nutrición en Estados Unidos, publicó el Farmers' Bulletin No. 23, titulado Foods: Nutritive Value and Cost. Atwater estableció los primeros consejos basados en el análisis químico de los alimentos y elaboró las primeras tablas de composición de alimentos. Su trabajo estaba influido por el contexto de la revolución industrial y la urbanización, y se enfocaba hacia la prevención de deficiencias nutricionales. Promovía una dieta centrada en proteínas y calorías para los trabajadores y priorizaba la economía y la accesibilidad. Atwater, que se había basado en estudios del alemán Max Rubner, es el responsable de que hoy podamos contar las calorías de los alimentos que comemos. Las vitaminas todavía no se habían descubierto y apenas algunos científicos europeos comenzaban a realizar algunos hallazgos preliminares sobre ellas.

Y como siempre las mujeres nos hemos preocupado y ocupado más de la alimentación, es Caroline Hunt, del Bureau of Home Economics, la que publica en 1917 el influyente How to select foods, junto a Helen Atwater (hija de Wilbur). Estas recomendaciones ayudaban a planificar comidas nutritivas y equilibradas para las familias. Hunt ya había agrupado los alimentos en un documento anterior, específicamente destinado a niños, en cinco grupos: leche y carne (incluyendo lácteos, carnes, huevos y pescado); cereales; verduras y frutas; grasas como la mantequilla; y azúcares.

Prevención de las enfermedades

Durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales, las recomendaciones se orientaron a combatir el desperdicio y la escasez. En los años 40, el Basic Seven fue un modelo de siete grupos de alimentos (leche, verduras, frutas, huevos, carne, cereales y mantequilla), diseñado para racionar recursos y evitar deficiencias como el escorbuto o la pelagra. En el siguiente decenio, las guías se simplificaron. El Basic Four redujo los grupos a cuatro: lácteos, proteínas, frutas/verduras y cereales. Este período marcó un giro total hacia la prevención de las enfermedades crónicas, impulsado por estudios como el Framingham Heart Study, que relacionaba dietas ricas en grasas saturadas con problemas cardiovasculares. La preocupación pasó de las deficiencias nutricionales a los problemas derivados de consumir en exceso. En 1977, los Dietary Goals for the United States invitaron a reducir grasas, colesterol y sal, y aumentar carbohidratos complejos, frutas y verduras. Este informe, combatido por la industria agroalimentaria, sentó las bases para las guías modernas.

Pirámide Alimentaria de 1990

La era contemporánea comenzó en 1980 con la primera edición de las Dietary Guidelines for Americans. Esta versión inicial promovía variedad, mantenimiento del peso ideal, reducción de grasas saturadas y colesterol, aumento de almidones y fibras, moderación en azúcar, sal y alcohol. Actualizadas cada cinco años, incorporan revisiones de un Comité Científico Asesor para garantizar una evidencia científica actualizada. En 1990 se introdujo la Pirámide Alimentaria, un icono visual copiado después en muchos países que jerarquizaba cereales en la base, seguido de frutas/verduras, proteínas y lácteos. La edición de 1995 incorporó actividad física, y la de 2000 abordó la diversidad cultural y el control de las raciones.

El siglo XXI trajo cambios significativos ante la epidemia de obesidad. En 2005, se lanzó MyPyramid, una versión que buscaba personalizar las recomendaciones, con énfasis también en el ejercicio físico. Como visualmente no era fácil de entender, cinco años más tarde, MyPlate la reemplazó por una imagen más intuitiva y familiarizada con los hábitos alimentarios: un plato, dividido en cuatro partes (frutas, verduras, cereales, proteínas) y lácteos aparte, promoviendo la simplicidad y una menor ingesta de alimentos. Y se limitaron los azúcares añadidos y el sodio, con las correspondientes presiones de las industrias cárnica y azucarera.

Durante el primer mandato de Trump (2017-2021), las guías mantuvieron el enfoque en patrones saludables para todas las etapas de la vida, animando a la ingesta de verduras, frutas, cereales integrales, proteínas magras, lácteos de bajo contenido en grasa y limitando azúcares, grasas saturadas y sodio. Sin embargo, se rechazaron recomendaciones del comité científico para reducir aún más los azúcares y el alcohol, o la promoción de dietas basadas en alimentos de origen vegetal, más sostenibles en términos de impacto ambiental.

recién publicado

Pirámide alimentaria invertida

Pirámide alimentaria invertida

Las últimas guías, publicadas en enero de 2026, representan un «reset histórico», según sus responsables, Robert F. Kennedy Jr. y Brooke Rollins. Optan por «comer comida real» y recuperan la pirámide alimentaria; pero invertida. Priorizan proteínas, grasas saludables, frutas, verduras y cereales integrales; evitan ultraprocesados, azúcares añadidos y carbohidratos refinados; promueven alimentos de origen animal, como la carne roja, los huevos, los lácteos (que han vuelto a incorporar enteros, sin desnatar, en los colegios), junto a legumbres y frutos secos. Esto ha generado un debate mundial, al ignorar la evidencia sobre riesgos de carnes rojas en cáncer y enfermedades cardiacas.

La historia de las guías dietéticas en Estados Unidos revela una preocupación constante y profunda por la alimentación, impulsada no solo por el deseo de promover la salud, sino también por el enorme impacto económico que generan las enfermedades relacionadas con la dieta.

  • Dra. María Achón y Tuñón
Profesora Titular de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Farmacia de la Universidad San Pablo CEU
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