El psicólogo Javier Casanoves explica por qué actuamos diferente en casa que en el trabajo
Javier Casanoves, psicólogo: por qué controlamos el enfado en el trabajo, pero estallamos en casa
Nuestra capacidad para regular las emociones no depende únicamente de cómo somos
Hay personas que pasan toda la jornada laboral conteniendo el enfado, respondiendo con educación a situaciones tensas y evitando conflictos, pero que, al llegar a casa, pierden la paciencia por algo tan pequeño como una pregunta, un ruido o una tarea pendiente. No necesariamente significa que quieran menos a su pareja o a su familia. En muchos casos, tiene que ver con el desgaste emocional, la sensación de seguridad que proporciona el hogar y la forma en que gestionamos nuestras emociones.
El psicólogo sanitario y divulgador Javier Casanoves, explica que nuestra capacidad para regular las emociones no depende únicamente de cómo somos, sino también del contexto en el que nos encontramos y de los recursos que tenemos disponibles en ese momento.
«En el trabajo solemos adaptar nuestro comportamiento a unas normas sociales y profesionales. Aunque estemos enfadados, sabemos que determinadas reacciones pueden tener consecuencias. Eso nos lleva a hacer un esfuerzo consciente por controlar lo que expresamos. Sin embargo, cuando llegamos a casa, podemos encontrarnos cansados, preocupados o emocionalmente saturados, y nos resulta más difícil responder con la misma paciencia», afirma el especialista.
Carga emocional
Otro de los factores tienen mucho que ver con la carga emocional. A este respecto Casanoves indica que las relaciones cercanas tienen una mayor carga emocional. «Un comentario de nuestra pareja o de un familiar puede afectarnos de una manera distinta al de un compañero de trabajo, porque entran en juego nuestras expectativas, necesidades afectivas y experiencias compartidas».
Pero eso no significa necesariamente que nos enfademos con quienes queremos porque nos sentimos seguros con ellos. «Esa explicación es demasiado simplista. En algunos casos puede existir confianza para expresar el malestar; en otros, hay dificultades de regulación emocional, conflictos acumulados o patrones de relación poco saludables».
No significa que la pareja o los familiares tengan que soportar las consecuencias del estrés acumulado
El psicólogo reconoce que identificar por qué ocurre es importante, pero no significa que la pareja o los familiares tengan que soportar las consecuencias del estrés acumulado.
«Hay algo importante que debemos aclarar: enfadarse es completamente normal, pero descargarlo sobre otra persona no es inevitable ni está justificado por la confianza que tengamos con ella. La cercanía no debería convertirse nunca en un permiso para tratar peor a quienes tenemos al lado», concluye.