Un paciente con herpes zoster en consulta
¿Por qué sigue doliendo el herpes zóster cuando ya no hay virus? La ciencia tiene una respuesta
Los exosomas podrían explicar por qué el dolor del herpes zóster persiste después de la infección
Investigadores de la Universidad de Colorado Anschutz han descubierto que unas pequeñas partículas presentes en la sangre, conocidas como exosomas, podrían ser responsables de que algunas personas con herpes zóster sufran dolor persistente incluso después de que el virus haya desaparecido del organismo.
El estudio, publicado en Annals of Neurology, analiza el origen de la neuralgia postherpética (NPH), una complicación del herpes zóster causada por el virus varicela-zóster.
«Podemos detener por completo la infección, pero en algunos pacientes el dolor no desaparece», dijo el autor principal del estudio, Andrew Bubak, PhD, profesor asociado de neurología en CU Anschutz, quien estudia el papel de los exosomas en las enfermedades infecciosas.
Los exosomas son pequeñas estructuras liberadas por las células que transportan proteínas y otras moléculas por todo el organismo. Según los investigadores, la infección por herpes zóster puede hacer que las células nerviosas liberen señales inflamatorias y permanezcan en un estado de elevada actividad.
«Los exosomas son paquetes microscópicos liberados por las células que transportan proteínas y otras moléculas por todo el cuerpo. El estudio reveló que una infección por herpes zóster puede provocar que las células nerviosas liberen señales inflamatorias y se vuelvan muy activas.»
Los autores plantean que el dolor crónico no sería únicamente consecuencia del daño producido durante la infección inicial
«Nuestros hallazgos sugieren que el dolor crónico por herpes zóster podría no ser simplemente el resultado del daño causado durante la infección inicial», afirmaron los autores del estudio. «En cambio, las señales biológicas transportadas por los exosomas podrían mantener a las células nerviosas en un estado irritado y disfuncional, impidiendo su curación. Esto abre la puerta a enfoques completamente nuevos para predecir, prevenir y tratar la neuralgia postherpética».
Daño nervioso
En experimentos de laboratorio, los científicos observaron que las células nerviosas infectadas con el virus del herpes zóster se inflamaban y mostraban signos de estrés e irritación.
Después, recogieron exosomas presentes en la sangre de personas con neuralgia postherpética y los introdujeron en células nerviosas sanas. A pesar de que no había virus en estas células, los exosomas provocaron muchos de los mismos cambios observados durante una infección.
En concreto, los exosomas procedentes de pacientes con neuralgia postherpética:
- Desencadenaron inflamación en las células nerviosas.
- Redujeron la capacidad de los nervios para crecer y repararse.
- Provocaron cambios estructurales que pueden alterar el funcionamiento de los nervios.
- Aumentaron la producción de moléculas asociadas al dolor crónico.
- No destruyeron las células nerviosas, pero aparentemente las mantuvieron en un estado poco saludable y disfuncional.
Posible fallo en la recuperación
Los investigadores esperaban encontrar un aumento de los canales habituales implicados en la señalización del dolor. Sin embargo, observaron que estos canales estaban reducidos.
Al mismo tiempo, aumentaron los niveles de sustancia P, un mensajero químico implicado en la transmisión del dolor. Estos resultados apuntan a que el dolor crónico asociado al herpes zóster podría depender menos de la activación nerviosa tradicional y más de señales químicas persistentes que mantienen activado el sistema del dolor.
Los resultados sugieren que la neuralgia postherpética podría aparecer cuando el organismo no consigue desactivar por completo la respuesta desencadenada por la infección. Aunque el virus haya desaparecido, los exosomas podrían seguir transmitiendo señales que dificultan la recuperación normal de los nervios.
Los investigadores describen este proceso como un modelo de «fallo en la resolución», en el que el sistema nervioso queda atrapado en un ciclo de inflamación y remodelación nerviosa anormal.
Nuevas vías para tratar el dolor
Según Bubak, estos hallazgos podrían abrir la puerta a nuevas terapias dirigidas contra los exosomas para tratar el dolor persistente.
Los antivirales habituales, como el aciclovir y el valaciclovir, actúan contra el virus cuando se está replicando, pero no previenen de forma sistemática la aparición de neuralgia postherpética.
«Esto concuerda con nuestros hallazgos, que sugieren que los exosomas circulantes no infecciosos, una vez generados durante la infección aguda, persisten y provocan disfunción neuronal independientemente de la replicación viral en curso», afirma el estudio.
Bubak también plantea que, si los exosomas mantienen este estado de irritabilidad dentro de las células, podrían aprovecharse como vehículos para transportar agentes terapéuticos capaces de bloquear proteínas específicas y favorecer que los nervios se recuperen y regeneren con normalidad después del herpes zóster.
«Este es un descubrimiento importante, que ofrece esperanza a quienes siguen luchando contra el dolor, a menudo intenso, tras una infección por herpes zóster», afirma el científico.