Varices en la pierna

Varices en la piernaGetty Images

¿Por qué el otoño es un buen momento para tratar las varices?

Piernas hinchadas al final de la jornada, sensación de pesadez, calambres durante la noche, picor o venas que se hacen más visibles después de los meses de verano. Son molestias que pueden acentuarse con las altas temperaturas, ya que el calor influye en la circulación venosa y puede hacer más evidentes síntomas que en otras épocas del año pasan prácticamente inadvertidos.

Con el regreso a la actividad habitual, estas molestias pueden confundirse con el cansancio propio de las vacaciones o con los efectos de las temperaturas elevadas. Sin embargo, las varices no responden siempre a una cuestión meramente estética. En numerosos pacientes son la expresión visible de una insuficiencia venosa crónica, que se produce cuando las válvulas situadas en las venas no desempeñan correctamente su función y la sangre encuentra dificultades para regresar desde las extremidades inferiores hasta el corazón.

«El calor hace que los vasos sanguíneos se dilaten de forma natural. En las venas de las piernas, esa dilatación puede dificultar el retorno de la sangre, hacer que las válvulas trabajen peor y favorecer que la sangre se acumule en las extremidades inferiores», explica el Dr. Enrique Puras, jefe de Servicio de Angiología y Cirugía Vascular de Olympia Quirónsalud.

A ese efecto de las altas temperaturas se añaden determinados hábitos frecuentes durante las vacaciones. Los desplazamientos prolongados en coche o avión, permanecer durante muchas horas sentado o de pie, disminuir la actividad física habitual o mantener las piernas expuestas al calor durante largos periodos pueden favorecer una mayor sensación de pesadez y aumentar la hinchazón.

Piernas cansadas

Experimentar cierta pesadez después de una jornada prolongada no implica por sí solo la existencia de una enfermedad venosa. No obstante, determinados síntomas merecen una valoración médica cuando aparecen de manera reiterada, persisten en el tiempo o evolucionan progresivamente.

Entre las señales que conviene vigilar figuran la hinchazón de los tobillos o de las piernas que no desaparece después del descanso o al mantenerlas elevadas, la presencia cotidiana de dolor o pesadez, los calambres nocturnos frecuentes, el picor y algunos cambios en la piel de la parte inferior de las extremidades. También debe observarse si aparecen de manera progresiva nuevas varices o arañas vasculares.

Una atención especial requieren aquellas venas que empiezan a resultar dolorosas al tocarlas, adquieren una mayor dureza o presentan una zona enrojecida. Estos signos pueden estar relacionados con una inflamación venosa y aconsejan solicitar una valoración médica cuanto antes.

«Si los síntomas se repiten o van a más, no hay que esperar a que el problema empeore. Una valoración permite conocer qué está ocurriendo y, en muchas ocasiones, actuar a tiempo con medidas relativamente sencillas», señala el Dr. Puras.

No solo una cuestión estética

Las varices se forman cuando las venas se dilatan y las válvulas que contienen dejan de desempeñar correctamente su cometido. En circunstancias normales, esas válvulas contribuyen a evitar que la sangre retroceda mientras asciende desde las piernas en dirección al corazón. Si dejan de funcionar adecuadamente, una parte de la sangre vuelve hacia abajo y termina acumulándose.

«Hay pacientes con pequeñas varices cuyo principal motivo de consulta es estético, y es perfectamente legítimo. Pero cuando aparecen síntomas o signos de que la circulación venosa está sufriendo, tenemos que dejar de pensar en las varices únicamente como una cuestión estética», advierte el especialista.

Cuando existe insuficiencia venosa con indicación médica y el problema continúa evolucionando sin tratamiento, la hinchazón puede aumentar y también pueden progresar las alteraciones cutáneas. En etapas más avanzadas es posible que aparezcan eccemas, episodios de flebitis e incluso úlceras venosas, heridas cuya cicatrización puede resultar complicada.

Por este motivo, una de las finalidades de la consulta especializada consiste en distinguir a los pacientes cuya preocupación es esencialmente estética de aquellos que presentan una situación que requiere tratamiento por razones médicas.

Eco-Doppler

El estudio de las varices parte de la historia clínica del paciente y de la exploración de las piernas. A ello se suma una de las pruebas fundamentales para conocer el estado de la circulación: el eco-Doppler venoso.

Mediante esta ecografía es posible examinar tanto la anatomía de las venas como el modo en que la sangre circula a través de ellas en tiempo real. La prueba permite localizar las válvulas que no funcionan correctamente, determinar en qué punto se produce el reflujo sanguíneo y comprobar si el problema afecta a las venas superficiales, a las profundas o a ambas.

El eco-Doppler proporciona un auténtico mapa de la circulación venosa

Según explica el Dr. Enrique Puras, el eco-Doppler proporciona un auténtico mapa de la circulación venosa. La información obtenida permite localizar el origen del problema y diseñar el tratamiento conforme a la anatomía de cada paciente, ya que no todas las varices presentan las mismas características ni requieren el mismo abordaje.

Además, se trata de una exploración no invasiva, indolora y que puede efectuarse en la propia consulta.

El otoño, un periodo favorable

La llegada del otoño reúne varias circunstancias que pueden resultar favorables para estudiar y, siempre que exista indicación, tratar las varices. Por un lado, las molestias experimentadas durante los meses de mayor calor permanecen todavía recientes y permiten valorar con más precisión cómo ha afectado el verano a la circulación de las piernas.

Por otro, después de algunos tratamientos puede recomendarse evitar la exposición solar directa sobre la zona intervenida o emplear medias de compresión durante un periodo determinado. Estas indicaciones suelen resultar más fáciles de cumplir cuando las temperaturas empiezan a descender.

«Septiembre y el inicio del otoño son un momento muy adecuado para valorar las varices, pero no existe una temporada oficial para tratarlas. Lo importante es la situación clínica y personal de cada paciente. Lo que sí ocurre es que el otoño y el invierno ofrecen condiciones especialmente favorables para el tratamiento y la recuperación», puntualiza el especialista.

Tratamientos frente a la cirugía

El abordaje de las varices ha cambiado de manera significativa durante los últimos años. Frente a la cirugía clásica o stripping, que podía implicar anestesia general o raquídea, ingreso hospitalario y un periodo de recuperación de varias semanas, actualmente existen distintas opciones mínimamente invasivas.

La técnica escogida depende del tipo de variz, su tamaño, su localización, los síntomas asociados y las características concretas de cada paciente.

Escleroterapia

En el caso de las varices pequeñas y de las arañas vasculares puede recurrirse a la escleroterapia, un procedimiento basado en la inyección de una sustancia en el interior de la vena para provocar su cierre y su posterior reabsorción. La ecoescleroterapia añade el apoyo de la ecografía para guiar la intervención en tiempo real y permite tratar con precisión venas situadas a mayor profundidad o de mayor tamaño.

También se dispone de técnicas endovenosas con láser o radiofrecuencia, destinadas a sellar desde dentro la vena enferma mediante un catéter fino. A ellas se suman procedimientos como la flebectomía ambulatoria para determinados tipos de varices superficiales.

«Muchas veces combinamos varias técnicas en un mismo paciente porque no todas sus varices tienen las mismas características. El tratamiento actual es mucho más personalizado y, en la mayoría de los casos, mínimamente invasivo», afirma el Dr. Puras.

El especialista de Olympia Quirónsalud señala que muchos de estos procedimientos pueden efectuarse actualmente de manera ambulatoria y con anestesia local, de forma que el paciente puede regresar andando a su domicilio el mismo día. En numerosos casos, la actividad habitual puede retomarse en uno o pocos días. Aun así, los plazos dependen de cada persona y durante la recuperación puede resultar necesario reducir los esfuerzos intensos o evitar permanecer demasiadas horas de pie.

Caminar ayuda al retorno venoso

La vuelta a la rutina puede ser también una oportunidad para incorporar hábitos cotidianos que favorezcan la circulación venosa. Uno de los más accesibles consiste en caminar con regularidad.

«Los músculos de la pantorrilla funcionan como un auténtico motor natural para impulsar la sangre hacia arriba. Por eso, caminar y evitar permanecer muchas horas seguidas inmóviles, ya sea de pie o sentados, son dos medidas muy importantes», destaca el Dr. Puras.

En los trabajos sedentarios o en aquellos que exigen estar de pie durante periodos prolongados, el especialista aconseja realizar pausas activas aproximadamente cada hora. Elevar las piernas durante un tiempo al acabar el día, evitar una exposición prolongada al calor directo, conservar un peso saludable y recurrir a medias de compresión cuando estén indicadas son otras medidas que pueden contribuir a proteger la circulación venosa.

Estos hábitos pueden ayudar, pero no sustituyen la consulta médica cuando ya existen varices o cuando los síntomas se mantienen.

«Si después del verano notamos que las piernas han empeorado, no debemos esperar necesariamente a que las molestias sean más intensas. Una valoración y un eco-Doppler pueden decirnos exactamente qué está ocurriendo y si necesitamos simplemente cambiar algunos hábitos o plantear algún tipo de tratamiento», concluye el Dr. Enrique Puras.

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