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La palmera datilera es un símbolo de Irak, pero su conservación supone un desafío.

La palmera datilera es un símbolo de Irak, pero su conservación supone un desafíoAFP

La palmera datilera: el tesoro nacional y económico de Irak que constituye un desafío

La guerra con Irán y los problemas medioambientales, como la sequía o la salinización, afectan a la supervivencia de estas especies

A las puertas del desierto iraquí, miles de palmeras datileras se alinean hasta donde alcanza la vista. El país se enfrenta al desafío de preservar este símbolo nacional, cuyo fruto es el segundo producto de exportación tras el petróleo.

En el pasado, Irak, que era conocida como el país de los «30 millones de palmeras», producía más de 600 variedades de dátiles.

Pero los conflictos, como la guerra con Irán (1980-1988), y los problemas medioambientales, como la sequía o la salinización, afectaron al sector, que necesita reinventarse.

Un megaproyecto, lanzado en 2016 y financiado por una prestigiosa institución religiosa de Kerbala, en el centro del país, trata ahora de salvar el árbol.

La palma datilera es el símbolo y el orgullo de IrakMohamed Abul-MaaliDirector comercial del palmar de Fadak

Cerca de Kerbala, las palmas datileras están plantadas a intervalos regulares en parcelas que tienen sus tanques de agua. A pesar del pequeño tamaño de los árboles, los dátiles verdes ya cuelgan entre las ramas.

«La palma datilera es el símbolo y el orgullo de Irak», explica el director comercial del palmar de Fadak, Mohamed Abul-Maali. El objetivo del proyecto, señala, es «volver a colocar esta cultura en el lugar que ocupaba antiguamente».

Su palmeral alberga «más de 90 variedades de palmeras datileras, especies iraquíes, pero también árabes», procedentes de países del Golfo o del Magreb.

De los 30.000 árboles, más de 6.000 ya producen sus frutos, agrega Abul-Maali. «Esta temporada esperamos una cosecha de más de 60 toneladas», añade, lo que supone 40 toneladas más que en 2021.

Soluciones ante los problemas

En un país asolado por la desertificación y la sequía, un sistema de riego por goteo –abastecido por un afluente del río Éufrates y diez pozos– ha sustituido el abundante riego tradicional.

El contraste con la región de Basora es notable. En esa zona del sur de Irak, fronteriza con Irán, los troncos de las palmeras decapitadas se extienden sobre kilómetros junto a las ramas secas.

El lugar se encuentra, sin embargo, a orillas del río Chat el Arab, donde confluyen los ríos Tigris y Éufrates.

Durante la guerra contra Irán, Bagdad arrasó zonas enteras para evitar la infiltración del enemigo. Los canales de riego se volvieron inútiles y se taponaron, a menudo con troncos cortados.

«Parece un cementerio», señala el ingeniero agrícola Alaa al-Badran. El número de palmeras pasó de seis millones antes del conflicto a menos de tres millones actualmente, contabiliza.

Pero el país se enfrenta a otro desafío. «La salinización de las aguas del Shat el Arab y de la tierra», apunta.

«La solución sería el riego por goteo y los sistemas de desalinización. Pero eso puede ser caro», admite Ahmed al-Awad. Su familia llegó a tener 200 palmeras datileras. En la actualidad, sólo quedan 50 árboles en pie.

El Ministerio de Agricultura defiende sin embargo los programas que fomentan la plantación de nuevos ejemplares.

«En los últimos diez años hemos pasado de 11 millones de palmeras a 17 millones», asegura el portavoz del ministro, Hadi al-Yaseri, refiriéndose a un programa de fomento de la plantación.

La iniciativa, lanzada en 2010, se suspendió en 2018 por falta de presupuesto, reconoce. Sin embargo, promete que el próximo presupuesto del Gobierno lo incluirá.

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