Paco Arango, cantante, guionista, director de cine y presidente de la Fundación Aladina
Entrevista
Paco Arango: «He visto milagros reales trabajando 25 años con niños con cáncer»
El cantante, guionista, director de cine y presidente de la Fundación Aladina ha escrito Si no crees en Dios, te doy su teléfono', un libro que pretende abrir mentes y demostrar la bondad del Señor
Lo que en 2001 se convirtió en una pasión, terminó siendo su vida. Paco Arango, cantante, guionista, director de cine y presidente de la Fundación Aladina, lleva 25 años dedicado a los niños con cáncer. Su fe, dedicación y amor por lo que hace le han llevado a escribir Si no crees en Dios, te doy su teléfono, un libro esperanzador que cuenta experiencias de «los ángeles que se han ido», de milagros que ha presenciado y de Dios en toda su esencia.
Este libro, recomendado para todos los públicos, invita al lector a conectar con un creador bondadoso, no desde la religión, sino desde la comunicación, porque «a menos que tú hagas la llamada, él no te va a llamar».
–¿Cómo nació la idea de escribir este libro?
–Son 25 años de vivencias trabajando con niños con cáncer. En 2001 empecé un voluntariado que iba a ser una hora a la semana y se convirtió realmente en mi vida. A los pocos meses estaba yendo todos los días a un hospital, y eso no ha cambiado en todos estos años. He pasado gran parte de mi vida en hospitales con niños con cáncer.
En 2005 decidí que esto tenía que seguir creciendo y creé la Fundación Aladina. Empezamos muy pequeñitos y hoy en día, gracias a Dios, Aladina es una fundación importante, establecida, que ya sobrevive con más de 36.000 socios. Hemos invertido más de 20 millones de euros en hospitales públicos haciendo mejoras y cuidamos a más de 2.000 niños a pie de cama. Se ha convertido en una fuerza.
Durante estos años he visto cosas muy duras. El 20 % de estos niños lamentablemente fallecen, y yo he estado con ellos, en muchos lechos de muerte, acompañando a los niños y a sus familias, intentando apagar el fuego del dolor de la mejor forma posible. Eso que suena horrible se ha convertido en algo extraordinario, porque en el libro hablo de los milagros que he visto en estos 25 años: cosas verdaderamente increíbles, muchas de ellas constatadas.
Hay una página web que acompaña al libro. Tardé mucho en sacarlo porque tenía miedo de que pensaran que el fundador de la fundación se había vuelto loco, pero todo lo que cuento es verdad. Es un libro esperanzador. Hablo de experiencias con estos ángeles que se han ido: niños que hablan del túnel de la luz, que no se conocen entre ellos y cuentan cosas muy similares.
Es un libro de fe y de esperanza. A Dios le llamo 'el Misterio'. La idea es que, si no tienes fe o eres agnóstico, quizá al leer este libro te animes a intentar contactar con un creador bondadoso, no desde la religión, sino desde la comunicación.
–Y de ahí viene el nombre del libro…
–Exacto. A menos que tú hagas la llamada, él no te va a llamar.
Cuando lees el libro, sabes que lo que cuento es cierto. Y si me ocurrió a mí –que soy un desastre, no soy ningún santo–, le puede pasar a cualquiera. Digo que, si no quieres estudiar, hay una chuleta que se llama caridad. A través de la caridad, te vienen a buscar a ti. Todo el mundo busca a Dios.
–Paco, ¿hay algún capítulo que haya sido especialmente difícil de contar?
–Todos son complicados. Tengo el corazón partido en más de 500 pedazos. Cada niño que se ha ido es muy difícil de revivir. Pero gracias a lo que he vivido, estoy convencido de que estos niños están vivos en otra realidad, en el cielo. Por eso lo cuento con nostalgia, pero no con tristeza.
Todos tenemos la capacidad no solo de conocer a nuestro creador, sino de comunicarnos con Él. La clave es la caridad
–En el libro Dios tiene un papel muy importante. ¿Cómo conviven para ti la fe y la duda?
–Te cuento una historia muy concreta. Una abogada que no tenía nada que ver con el hospital empezó a soñar con un niño al que no conocía. Ese niño había fallecido, y el padre estaba pensando seriamente en suicidarse por el dolor. Esta mujer tuvo tres sueños con información muy concreta que salvó la vida de ese padre.
Ella no conocía al niño ni a la familia. La información que recibió era imposible de saber. Entonces que alguien me explique de dónde salió eso. ¿Cómo no creer que existe algo más? Son historias que te llevan a decir: «No crees en Dios, pero su teléfono existe».
Hay muchas más. Por ejemplo, Enrique, un chico adolescente que iba a ser olímpico en waterpolo y enfermó de cáncer. Éramos muy íntimos. El día que falleció, yo estaba destrozado en mi casa y apareció una lechuza en mi terraza, en un tercer piso de Madrid, algo totalmente imposible. Me miró, volvió, me rozó con las alas y se fue. Justo a esa hora falleció Enrique.
Después supe que en muchas culturas indígenas la lechuza es símbolo del tránsito entre la vida y la muerte. Fue como una despedida. En definitiva, el libro está lleno de historias extraordinarias de niños que han querido regalarme la fe que tengo.
–¿Cuál es el mensaje del libro?
–Hoy en día a los jóvenes les cuesta creer en Dios. Pero estamos viviendo una era de espiritualidad. En el libro hablo también de física cuántica, de cómo la observación cambia la realidad. Todo apunta a que hay algo más.
Todos tenemos la capacidad no solo de conocer a nuestro creador, sino de comunicarnos con Él. La clave es la caridad. No puedo demostrarlo científicamente, pero quien lo vive, lo sabe.
–Si el lector se quedara con una sola idea del libro, ¿cuál te gustaría que fuera?
–Que hay una forma de hablar con nuestro creador. No necesitas estudiar ni ser perfecto. Solo tener buen corazón. Pero hay que pedirlo. Si no lo pides, no vienen, porque respetan profundamente tu libertad.
–Y hablando de vida y compromiso, ¿qué te llevó a cambiar el rumbo de tu vida y crear la Fundación Aladina?
–Siempre he sentido que esta vida no es solo mía, es un regalo. A punto de cumplir 38 años me pregunté: con todo lo que he recibido, ¿qué tengo para mostrar? Pedí ayuda para dedicar mi tiempo a algo con sentido. Y alguien eligió por mí.
Entré en oncología infantil y ya no salí. Cuando falleció el primer niño, entendí que o te ibas o te casabas con esto. Y yo me casé.
–Para terminar, tenéis un gran proyecto entre manos: la Casa Aladina. ¿En qué consistirá?
–Nuestro proyecto más ambicioso es la Casa Aladina, un centro de día para niños con cáncer. Es el primero de su tipo en el mundo. Tendrá terapias gratuitas, apoyo a niños con secuelas y también a padres que han perdido a sus hijos. Queremos devolver la sonrisa y crear un espacio lleno de belleza y cuidado.