(Foto de ARCHIVO) Álvaro Torres y Ana Hernández, investigadores que han descubierto un brote inusual de ciguatera
Investigadores detectan en Canarias un brote inusual de ciguatera en una bicuda de menos de dos kilos
La investigación, que analiza la evolución de esta toxina en el archipiélago entre 2008 y 2025, pone el foco en un brote ocurrido en junio de 2025 tras el consumo de una bicuda
Un equipo de especialistas liderado por Ana Hernández Aceituno y Álvaro Torres Lana, vinculado a la Universidad de La Laguna y al Servicio de Epidemiología y Prevención de la Dirección General de Salud Pública, ha publicado un estudio que documenta el primer caso en dos décadas de una intoxicación por ciguatera vinculada a un pez de apenas dos kilogramos.
La investigación, que analiza la evolución de esta toxina en el archipiélago entre 2008 y 2025, pone el foco en un brote ocurrido en junio de 2025 tras el consumo de una bicuda (Sphyraena viridensis) adquirida en un supermercado, una especie que, por su tamaño, no estaba sujeta a los controles de peso obligatorios actuales.
El hallazgo es calificado por los autores como un hito científico debido a que rompe con la norma biológica establecida de que la ciguatoxina solo se encuentra en niveles peligrosos en grandes depredadores.
Según explica Torres Lana, la acumulación de la toxina funciona de forma similar a otros metales pesados en el ecosistema marino, ya que la sustancia se concentra a medida que se sube en la cadena trófica, recoge una nota de la ULL.
En palabras del investigador, «la toxina se acumula, no se limpia, es como el mercurio, a pez más grande, más mercurio, y a pez más grande, más toxina».
Por este motivo, detectar un nivel de toxicidad relevante en un ejemplar de tan solo dos kilos es un evento fuera de lo común que motivó la publicación del estudio, dado que, como señala el investigador, «lo que ha ocurrido es excepcional y de ahí el interés de la publicación, porque es algo que no es lo habitual».
A pesar de la relevancia del descubrimiento, los investigadores han querido lanzar un mensaje de tranquilidad a la población respecto a la seguridad de la cadena alimentaria en las islas.
Torres Lana enfatiza que «se puede seguir confiando perfectamente en los sistemas», ya que la probabilidad de encontrar pescado con toxinas fuera de los controles habituales es extremadamente baja.
De hecho, el experto sostiene que si la afectación en pescados pequeños fuera masiva, la incidencia de la intoxicación sería generalizada en la población, algo que las cifras de vigilancia desmienten categóricamente.
Los protocolos actuales, que se revisan de forma continua, establecen controles obligatorios para especies específicas como el medregal o el mero, y el sistema permite que, si se detectan nuevos riesgos, se puedan añadir especies o bajar los pesos de control de manera dinámica.
La investigación también profundiza en los retos del diagnóstico clínico, señalando que la sintomatología de la ciguatera puede ser muy inespecífica y confundirse fácilmente con otras patologías comunes.
Hernández Aceituno destaca que los cuadros suelen comenzar con diarreas y vómitos, pero lo que realmente define a esta intoxicación es una sensación térmica alterada.
Sobre este punto, los autores relatan que en el brote de 2025 uno de los afectados estuvo un mes acudiendo a distintos servicios médicos sin obtener un diagnóstico claro hasta que fue atendido por un especialista que reconoció los síntomas neurológicos característicos.