Hija sujetando la mano de su madre antes de recibir la eutanasia
El Parlamento escocés rechaza la aprobación de la eutanasia: «Necesitan amor y dignidad hasta su final natural»
De haberse aprobado, el territorio habría sido la primera región del Reino Unido en legalizar esta práctica
La vida ha ganado una vez más a la muerte. Esta vez en Escocia, donde el Parlamento ha rechazado el proyecto de ley para dar luz verde a la eutanasia. Con 69 votos en contra, 57 a favor y una abstención, la iniciativa, que permitía a los enfermos decidir morir mediante químicos, ha quedado completamente descartada. Este final ha sido posible gracias a el cambio de postura de 12 diputados, los cuales modificaron su voto ante la procupación por posibles presiones a pacientes, deficiencias en los mecanismos de control y otros riesgos asociados.
La propuesta, titulada Assisted Dying for Terminally Ill Adults, que fue impulsada hace dos años por el diputado liberal-demócrata Liam McArthur, entre otros objetivos, pretendía permitir que los adultos con enfermedades terminales y en plena capacidad de decisión que decidiesen acabar con su vida pudiesen hacerlo sin acceder antes a asistencia de cuidados paliativos. Tras la negativa de la mayoría de los diputados, McArthur les ha acusado de haber dado la espalda «al sufrimiento y el trauma experimentados por los escoceses moribundos y sus familias».
Según explica el medio LifeSite, entre los detractores del proyecto en Escocia se han encontrado figuras destacadas como el ministro principal John Swinney, el líder laborista Anas Sarwar y la vicepresidenta Jackie Baillie, quien ha calificado la votación como una de las más decisivas desde la creación del Parlamento autónomo y alertó sobre la insuficiente financiación de los cuidados paliativos.
También expresó su rechazo la miembro del parlamento Ruth Maguire, quien ha mostrado su procupación al saber que pacientes con cáncer como ella pudiesen pedir la muerte: «Se me hiela la sangre solo de pensar en estar sentada en una habitación de hospital y que un médico me plantee el tema del suicidio asistido mientras sopesamos las opciones de tratamiento», ha expresado. Asimismo, ha revelado que al votar en contra del proyecto de ley, simplemente elige «votar por la dignidad inherente de la vida e insto a mis colegas a que hagan lo mismo».
Los diputados en contra de esta medida también se han referido a la objeción de conciencia. En este sentido han señalado que la ausencia de este derecho para los sanitarios podría haber obligado a cerrar dentros provida y religiosos por la obligación a realizar estas controvertidas prácticas.
Por último, recoge LifeSite, el obispo Keenan ha elogiado la votación, y ha destacado que los miembros del Parlamento escocés pueden estar seguros de que «han tomado la decisión correcta y responsable», y ha subrayado que la máxima prioridad es «fortalecer los cuidados paliativos, garantizando que cuenten con la financiación adecuada y sean accesibles para todos aquellos que los necesiten».
Si este proyecto de ley se hubiese aprobado, la muerte estaba asegurada. Para acceder a ella, el paciente solo debería realizar dos declaraciones afirmando sus deseos y pasar dos controles médicos. Si todo estaba en orden solo bastaría con que un médico o sanitario inoculase el químico. Un tiempo después, su vida habría acabado. De haberse aprobado, Escocia habría sido la primera región del Reino Unido en legalizar esta práctica.