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Psicólogas Betel

De delante a atrás: Ana Gabián, Alba García, Almudena Ayesa y Sara Andújar, socias fundadoras de Betel

Encontrar a Dios en la psicología: cuando el cuidado nace en Betel, la Casa de Dios

Esta gran labor se junta en Betel Psicología, un proyecto que nace del deseo de ofrecer una respuesta profunda al sufrimiento humano, incluyendo la parte espiritual

Encontrar a Dios en lo cotidiano es uno de los placeres más maravillosos del ser humano. Él nos abre el corazón como gesto puro de amor, de escucha, de cuidado, de paz. Nos protege. Nos ama. En lugares como Betel, la «Casa de Dios», este cuidado se convierte en algo cálido, en luz, esperanza, un lugar donde la psicología y la espiritualidad se unen para sanar el cuerpo y el alma.

Esta gran labor se junta en Betel Psicología, un proyecto que nace del deseo de ofrecer una respuesta profunda al sufrimiento humano, incluyendo la parte espiritual. Para Sara Andújar Carmena, Almudena Ayesa Vilallonga, Blanca Estrán Buyo, Ana Gabián Martín y Alba García Herrero, socias fundadoras y psicólogas, esto era un sueño hace tres años y, gracias a su esfuerzo, constancia y amor por el Señor, se hizo realidad.

El nombre Betel proviene del pasaje bíblico de Jacob y significa en hebreo «Casa de Dios». Es un término bíblico compuesto por Beit (casa) y El (Dios). Jacob nombró así el lugar donde soñó con la escalera al cielo. Para ellas, afirma la especialista Alba García, expresa algo muy profundo, es el lugar donde acontece «la sanación y es en un encuentro: encuentro con uno mismo, con la propia historia y sobre todo con el otro». En ese sentido, apunta, la consulta terapéutica se convierte en «un hogar, una casa, donde la persona descubre quién es para poder expresarse en verdad».

Betel nace del encuentro entre varias psicólogas que comparten una inquietud común: integrar su práctica profesional con la fe que comparten en su día a día. Durante mucho tiempo, explica Sara Andújar, perciben que en psicoterapia se necesita «algo más que una técnica o una solución rápida a los síntomas de los pacientes». Esto se debe a que es necesario descubrir «la raíz que sostiene esos comportamientos, mentiras y heridas» para redescubrir y desvelar la verdad, bondad y belleza que hay en cada persona.

Betel, un centro con historia

Todo esto se materializa en un centro de psicología. Las cinco profesionales combinan una formación clínica con una visión integral de la persona, convencidas de que esta no puede reducirse únicamente a «síntomas o diagnósticos», sino que es un ser con «una realidad más profunda». En Betel conciben a la persona como unidad de cuerpo, alma y espíritu.

En este sentido, las socias fundadoras de Betel creen que el paciente deja de ser un conjunto de síntomas y se convierte en «una persona cuya vida es un bien, merecedora de escucha y comprensión profunda». Para ellas, la práctica clínica se centra en respeto, escucha y apertura, conscientes de que el pasado «no determina quiénes somos ni seremos, y confiando en que Dios es quien sana y transforma».

Aunque parezca algo incongruente, la fe y la psicología se iluminan mutuamente porque ambas buscan comprender a la persona en sus cuatro dimensiones: biológica, psicológica, social y espiritual. Almudena Ayesa razona que la psicología estudia «procesos mentales, emocionales y relacionales; la fe aporta sentido y esperanza». Es por ello que integrarlas evita «fragmentar a la persona» y ofrece «un horizonte más completo para comprender la experiencia humana», declara la terapeuta.

Sara Andújar explica que el proyecto se sostiene sobre cuatro pilares: «La psicoterapia, formación, comunidad y oración». La psicoterapia en Betel consiste en «un acompañamiento clínico» desde una perspectiva sistémica, entendiendo a la persona dentro de su red de relaciones. Muchas dificultades solo se comprenden considerando este contexto, y la relación terapéutica se convierte en «un espacio sanador donde la persona descubre quién es a través del encuentro con el otro», revela la psicóloga.

De izquierda a derecha: Almudena Ayesa, Ana Gabián, Alba García, y Sara Andújar

De izquierda a derecha: Almudena Ayesa, Ana Gabián, Alba García, y Sara AndújarMiguel Pérez

Al hilo, continúa Andújar, la formación continua es «clave» en su trabajo diario, ya que transforma su manera de intervenir y exige reflexión constante sobre la persona. Esta parte integra cuatro áreas fundamentales: psicología, filosofía, antropología y teología, que sustentan la esencia del proyecto terapéutico.

En la parte de la comunidad, Betel brinda un espacio de encuentro y apoyo entre el equipo y otros profesionales. Esta interacción fortalece «la calidad humana y profesional del acompañamiento», evitando la soledad que a veces caracteriza la práctica terapéutica.

Por último, subraya Andújar que la oración diaria acompaña a su labor y les ayuda a enfocar «los casos desde una mirada renovada». Es por ello que reconocen que, aunque son instrumentos en el proceso, «la verdadera sanación proviene de Cristo, y esta práctica espiritual refuerza nuestra vocación y compromiso profesional», reza la psicóloga Andujar.

Un espacio creado para todos

«Betel es casa para todos, seas creyente o no», con estas palabras lo resume Ana Gabián mientras revela que las cinco han visto «mucha sed en las personas, tanto creyentes como no creyentes, de ser atendidas desde este enfoque». Para ello, emplean herramientas clínicas que ayudan al paciente a tomar conciencia de lo que le ocurre, comprender su historia y encontrar nuevas formas de relacionarse consigo mismo y con los demás.

Este modo surge porque «todos desde nuestra infancia hemos necesitado que otro nos ponga un nombre, nos cuide, nos mire y nos abrace para más adelante poder hacerlo nosotros», expone la especialista Gabián, y desde Betel realizan un camino junto a los pacientes que consiste en «detenerse, mirarse, encontrarse con uno mismo y descubrirse para por último poder expresarse en verdad».

Para ayudar a los pacientes, no se centran en una técnica concreta, sino en la forma de comprender a la persona. Es decir, no reducen el sufrimiento a un síntoma aislado, sino que lo ven en el contexto de su historia, relaciones y mundo interior. Esto les permite trabajar de manera personalizada, atendiendo la singularidad de «Buscamos que la persona comprenda su vida y pueda orientarla hacia un mayor crecimiento», afirma la psicóloga de Betel Ana Gabián.

Otros proyectos para acompañar

Además de la consulta clínica, en Betel desarrollan espacios de formación sobre temas que afectan profundamente a la vida de las personas: «Identidad, afectividad, relaciones, familia, duelo o gestión emocional», esclarece la terapeuta Sara Andújar. También ofrecen talleres y procesos de acompañamiento en contextos educativos y de parroquia.

Y es que, descubre Andujar, la idea es poder ofrecer herramientas que ayuden a las personas a comprender mejor su vida y a afrontar «con mayor madurez los desafíos que encuentran». Así, delata, también han creado un espacio de supervisión de casos y formación para psicólogos, en el que pueden acompañarlas en la práctica clínica, ya que, aunque acompañar a quien sufre es un regalo, a veces esta profesión se convierte en «algo muy solitario y demandante emocionalmente»

Por último, explican que «nacer de nuevo» resume su propuesta, ya que no se trata de olvidar la historia, sino de mirar la vida de manera nueva y transformadora. Así, recuerdan a las personas que «la terapia permite liberarse de heridas, miedos y narrativas limitantes, recuperando libertad, verdad y reconciliación. La redención en Cristo facilita soltar, encontrar paz interior y vivir más plenamente», concluyen.

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