Desaladora de la ciudad autónoma de Melilla
Desaladoras 2.0, la alternativa de Europa para ahorrar dinero y energía
Unos 22 millones de personas en la Unión Europea no tienen acceso a agua potable, ya sea por falta de infraestructuras o por problemas de contaminación
La Comisión Europea (CE) considera que la desalación puede ayudar a garantizar el suministro de agua, aunque advierte de que su coste es elevado y requiere un gran consumo energético. Por ello, apuesta por el desarrollo de «desaladoras 2.0», más eficientes y con menor gasto de energía.
Con motivo del Día Mundial del Agua, la CE subraya que estas instalaciones deben formar parte de una estrategia más amplia que tenga en cuenta la demanda global de recursos hídricos. En cuanto a las nuevas desaladoras, se plantea que utilicen menos energía y que gestionen mejor los residuos salinos.
También alerta de que, si funcionan con energías fósiles, pueden generar importantes emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque España impulsa su funcionamiento con energías renovables, esto implica disponer de grandes superficies para instalar paneles solares, un aspecto que también debe valorarse.
Además, la Comisión señala que las desaladoras no tienen por qué operar de forma continua, sino que pueden utilizarse según las necesidades. Dado su alto coste, propone emplearlas de manera parcial, por ejemplo, cuando los embalses no cubren la demanda.
Por otro lado, insiste en la importancia de reforzar la cooperación entre países, como ocurre con el Convenio de Albufeira entre España y Portugal, que regula el uso compartido de varias cuencas hidrográficas.
En relación con la normativa, recuerda que en diciembre de 2025 se anunció la revisión de la Directiva Marco del Agua, con el objetivo de adaptarla y facilitar la autonomía estratégica europea. En este proceso, se ha abierto una consulta pública para recabar información, especialmente del sector minero, sobre posibles dificultades relacionadas con la obtención de permisos.
Asimismo, destaca que unos 22 millones de personas en la Unión Europea no tienen acceso a agua potable, ya sea por falta de infraestructuras o por problemas de contaminación.
Finalmente, la Comisión insiste en que la protección del agua requiere una gestión integrada de los recursos y una mayor implicación de la ciudadanía, ya que será necesario tomar decisiones complejas en el futuro. También fija como meta mejorar la eficiencia en el uso del agua en un 10 % para 2030, animando a cada país a establecer sus propios objetivos según su situación.