Álvaro preparándose un reto
Las quemaduras en el 63 % de su cuerpo no frenaron su reto solidario: correrá de Segovia a Madrid por la Fundación Aladina
Con 18 años Álvaro Trigo ya había alcanzado grandes metas, una de ellas terminar una maratón, pero repentinamente cambió su vida por completo
Acabar el colegio, ser mayor de edad, vacaciones de verano con los amigos... acabar Bachillerato significa verano idílico y una nueva vida llena de oportunidades. Estos eran precisamente los pensamientos del madrileño Álvaro Trigo, un joven que en 2017 estuvo a punto de perder la vida en un accidente que le produjo quemaduras en el 63 % de su cuerpo.
Apasionado de los deportes, Álvaro ingresó en la Academia de Bomberos. Quería que fuese su futuro. Mientras tanto, se preparaba carreras populares y competía en las actividades deportivas de la Universidad Autónoma de Madrid, donde estaba matriculado. Tras un mes de entrenamiento constante y esfuerzo, logró completar su primera maratón. Con 18 años ya había alcanzado grandes metas, pero siguió escalando: a los 20 consiguió terminar su primer Ironman. Sin embargo su vida dio un giro en 2017 con la muerte de su hermana.
«La primera lección de vida me llegó ese año», asegura a El Debate. Su hermana, de 20 años, sufrió un accidente de coche cuando iba a comer y falleció al día siguiente. «Fue el primer shock de mi vida», recuerda, pero gracias a los amigos de la familia y a la gente cercana, «comenzamos a salir adelante».
El segundo golpe llegó justo seis meses después, el 2 de febrero de 2018, cuando la familia se encontraba en Jaén, localidad natal de su madre: «Estaba encendiendo una chimenea, me fui a la cocina y al volver estaba todo en llamas. Intenté apagarlo, pero me acabé cayendo encima del fuego». Esto hizo que Álvaro sufriera quemaduras en el 63 % de su cuerpo. Consiguió salir de la casa por su propio pie, pero cuando llegó la ambulancia, perdió la consciencia.
En el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla le indujeron al coma. «A mi madre le dijeron que las posibilidades de sobrevivir eran muy bajas». Álvaro estaba deshidratado y con quemaduras muy graves. Sin embargo, su buena salud jugó a su favor. Su edad, el hecho de que no fumaba y de que era deportista, le dieron ventaja. También, según cuenta, la fe fue un pilar fundamental en su recuperación. «Dentro del hospital, el apoyo religioso fue muy importante para mí». Reconoce que en esos duros momentos, «gran parte de la fuerza y esperanza» la obtuvo al pensar «al 100 % que existía Dios».
A los 10 días lo despertaron del coma, le quitaron la medicación y lo trasladaron a una habitación acristalada. Durante cuatro meses se sometió a múltiples operaciones: «Me implantaron piel en los brazos de la parte de los muslos». También recibió un tratamiento experimental de piel cultivada para curarle la espalda y las piernas. «Fue un éxito. De hecho, fui de los primeros españoles en someterme a esta técnica», cuenta Álvaro.
Álvaro en la habitación de cristal
El día que recibió el alta, sus padres le dieron una buena noticia, le aseguraron que iba a poder volver a correr. «Me lo dijeron para animarme», sonríe, «pero me lo propuse como objetivo». «Tenía un aspecto lamentable», asegura, se agobiaba al ver que recibía un trato diferente, por lo que se planteó un nuevo reto: prepararse para una nueva maratón. A pesar de los fuertes dolores y las heridas, que se le abrían por el esfuerzo, lo consiguió.
Retos llenos de compromiso
En 2019, un año y medio después del accidente, comenzó con los retos y cruzó nadando de Formentera a Ibiza. Todo el dinero que recaudó lo destinó a la ONG Formación Senegal. Desde entonces, el deportista ya ha realizado varias acciones solidarias. Ahora, es el turno de uno nuevo. Correrá los 107 kilómetros que separan el Acueducto de Segovia del Hospital Niño Jesús, en Madrid. La idea es salir «a las cuatro de la mañana y llegar ese mismo día sobre las seis de la tarde».
Este nuevo reto surió tras escuchar un pódcast de Paco Arango que le pasaron en Grupo Limpio, su trabajo, y la historia le encantó. Tanto, que incluso se fue a la presentación de su libro. A partir de ahí habló con la Fundación Aladina y les dijo que quizá podía ayudar haciendo uno de estos retos: «Justo les venía bien por los proyectos que tienen abiertos y así surgió todo, de escuchar ese pódcast y querer colaborar con ellos».
Todo lo recaudado va directamente a la Fundación Aladina. Hay un enlace abierto en la página de la organizaciónpara poder colaborar. «Cuando me preguntaron a qué proyecto quería destinar el dinero, tuve claro que quería que fuera para esta parte de acompañamiento y apoyo», concluye el deportista.
«Es una labor muy humana»
Desde hace ocho años Álvaro siempre ayuda a los demás, concretamente con iniciativas relacionadas con hospitales y cuidados paliativos. «Es un tema del que muchas veces se evita hablar, pero hace muchísima falta ayuda», garantiza. En el caso del cáncer infantil, por ejemplo, alrededor del 20 % de los niños no salen adelante. La Fundación Aladina ayuda a muchas familias con cuestiones muy difíciles: desde la repatriación de un cuerpo hasta el acompañamiento psicológico y emocional durante el año posterior al fallecimiento.
También he colaborado con otras fundaciones vinculadas a Aladina, como Fundación 38 Grados, que intenta cumplir el último deseo de personas que están en fase terminal. Puede sonar duro, pero realmente es una labor muy humana y llena de momentos especiales.