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Varios sanitarios trasladan a una persona con ébolaEuropa Press

Entrevista

Las enfermeras del ébola que hoy marcan la respuesta al hantavirus: «Nosotras enseñamos a los del Gómez Ulla»

El Debate entrevista a dos de las personas que se encargaron de tratar a los seminaristas contagiados de ébola en 2014 en el Hospital Carlos III de Madrid, ahora integrado en La Paz

En el año 2014, un hasta entonces inédito brote de ébola surgió en diferentes regiones de África, desde donde se fue expandiendo de forma paulatina. En España, esta enfermedad altamente infecciosa se coló a través de dos seminaristas contagiados que fueron ingresados en el Hospital Carlos III de Madrid .

El primero fue el sacerdote Miguel Pajares, trasladado desde Liberia al citado hospital en agosto, donde falleció días después. Posteriormente, fue repatriado el religioso Manuel García Viejo desde Sierra Leona, también ingresado en aislamiento y fallecido en septiembre. Ambos casos activaron por primera vez en España los protocolos de alta contención biológica.

Al pie del cañón estuvieron Esther y Ana (nombres ficticios para preservar su anonimato), quienes se vieron obligadas a improvisar una serie de protocolos de protección que hoy en día siguen vigentes y que han ayudado a contener el brote de hantavirus surgido en el crucero MV Hondius.

«A raíz del ébola se establecieron una serie de protocolos que se hicieron aquí. Los hicimos nosotras, porque fuimos las primeras que atendimos a ese tipo de pacientes. Al principio entrábamos y hacíamos las cosas como buenamente podíamos, porque la única información que había eran experiencias de pacientes tratados en África o Asia, y las condiciones allí no tienen nada que ver con las de Europa», comenta Esther a El Debate.

Una enfermera se coloca un EPIMinisterio de Defensa

«Después nos obligaron, y también quisimos hacerlo nosotros, a redactar protocolos de todas las tareas de enfermería y de todos los procedimientos: transporte, manejo de muestras, todo. Todo eso viene de la época del ébola. Se hizo a raíz de aquello. Luego ya se estableció en todos los hospitales. De hecho, personal de aquí, del Carlos III, fuimos incluso a otros países, también en América, a dar formación a hospitales», revela esta enfermera.

A pesar de su larga experiencia en aislamiento, Esther reconoce que ella ya ha abandonado esa unidad. «Después de muchos años me salí porque ya no tengo edad ni ganas. Y mis hijos lo pasaron fatal; cada vez que oyen algo, piensan que voy a tener que volver a entrar y lo pasan mal. Así que pensé: 'qué necesidad'», señala. Explica, además, que para entrar en la unidad de aislamiento de alto nivel, los sanitarios tienen que pasar una serie de pruebas, tanto físicas como psicológicas, para comprobar que realmente están preparados para una experiencia como las que se pueden vivir allí.

El protocolo

Según relata Ana, que lleva desde 2014 en la unidad de aislamiento, cuando surge un caso, la coordinadora de la unidad de aislamiento es quien les avisa. «La unidad de aislamiento está permanentemente preparada. Tiene un mantenimiento continuo: presión negativa, aire acondicionado, luces, informática… todo», apunta.

Además, continúa, «hay una formación anual muy intensa. El equipo de aquí entrena cuatro veces al año. Somos unas 65 personas aproximadamente. En esos entrenamientos se practican los diferentes protocolos: no solo la colocación y retirada de los EPI, sino también situaciones de accidente biológico».

Dos personas con trajes EPI caminan por una ciudad chinaEuropa Press

Asimismo, los sanitarios de esta unidad entrenan el manejo de muestras, el protocolo post mortem o el alta del paciente. «Como tuvimos pacientes que fallecieron, hay que saber sacar un cadáver altamente contagioso desde una habitación contaminada al exterior de forma segura. Eso también se entrena», revela a este periódico.

Respecto a los protocolos de activación e ingreso, Ana explica que «la unidad tiene que estar activada en un máximo de cuatro horas. Por eso requiere ese mantenimiento constante previo, porque si no sería inviable».

Por otro lado, esta enfermera muestra su «dolor» porque la sociedad se ha olvidado dónde se atendieron a los pacientes del ébola y quiénes fueron los pioneros en esta cuestión. «Parece que ahora el referente es el Gómez Ulla y ya está. Pero nosotras hemos formado al personal del Gómez Ulla, al hospital de Donosti, a hospitales de La Rioja, Menorca, Barcelona, Valencia… Somos referencia a nivel nacional y parece que toda la 'palma' se la lleva el Gómez Ulla», lamenta.