Una enfermería más allá del cuidado
A menudo se asocia la enfermería únicamente con la técnica sanitaria, pero la experiencia enseña que una parte muy importante del trabajo sucede en otro plano menos visible
Cada vez que se habla de cuidados paliativos aparece, casi de forma automática, una idea equivocada: que son cuidados reservados para los últimos días de vida. Sin embargo, quienes trabajamos cerca de personas con enfermedades avanzadas sabemos que los cuidados paliativos empiezan mucho antes. Empiezan cuando aparece el miedo, la incertidumbre o el impacto de un diagnóstico incurable. Empiezan cuando una persona necesita alivio, pero también comprensión, acompañamiento y a alguien capaz de ayudarle a atravesar una situación que cambia completamente su vida y la de su familia.
En ese proceso, las enfermeras ocupan un lugar difícil de sustituir.
A menudo se asocia la enfermería únicamente con la técnica sanitaria, y por supuesto esa parte es esencial: administrar medicación, controlar síntomas, realizar curas o coordinar cuidados. Pero la experiencia enseña que una parte muy importante del trabajo sucede en otro plano menos visible. Tiene que ver con escuchar, con detectar el sufrimiento que muchas veces no se expresa abiertamente, con acompañar silencios o con ayudar a las familias a afrontar situaciones para las que nadie está realmente preparado.
En cuidados paliativos esto se ve con especial claridad, porque el sufrimiento rara vez es solamente físico. Hay miedo, desgaste emocional, sensación de pérdida de autonomía, incertidumbre y, muchas veces, una profunda soledad. Las familias también atraviesan momentos de enorme vulnerabilidad y necesitan apoyo, orientación y alguien cerca. La enfermería suele estar precisamente ahí, en ese espacio del día a día donde las personas necesitan sentirse acompañadas además de atendidas.
Sin embargo, el sistema sanitario no siempre facilita ese tipo de atención. La presión asistencial, la falta de tiempo y la escasez de recursos hacen que muchos profesionales trabajen en condiciones difíciles, intentando llegar a todo sin poder dedicar a cada persona el tiempo que necesitaría. Y eso genera una frustración muy frecuente entre las enfermeras: la sensación de no poder cuidar como les gustaría.
España afronta además una realidad demográfica que hará cada vez más necesaria una reflexión seria sobre los cuidados. Vivimos más años, aumentan las enfermedades crónicas y crece la necesidad de atención paliativa y acompañamiento. Aun así, seguimos teniendo importantes desigualdades dependiendo del lugar donde viva cada paciente y una falta evidente de profesionales especializados. También seguimos llegando tarde a conversaciones importantes sobre el final de la vida, como si hablar del sufrimiento o de la fragilidad siguiera siendo algo incómodo que preferimos posponer.
A esto se suma otro problema menos visible: el desgaste emocional de quienes cuidan. La enfermería es una profesión profundamente vocacional, pero también emocionalmente exigente. Durante la pandemia esta realidad quedó expuesta de una manera especialmente dura. Muchos profesionales sostuvieron situaciones extremas durante meses, acompañando a personas aisladas, gestionando el dolor de las familias y conviviendo diariamente con la muerte y la incertidumbre. Aunque el reconocimiento social hacia la profesión aumentó entonces, gran parte de ese cansancio continúa hoy presente.
Quizás por eso resulta importante aprovechar fechas como el Día Internacional de la Enfermería, que se celebra en este mes de mayo, para mirar la profesión con algo más de profundidad y alejarnos de ciertos tópicos. Hablar de enfermería es hablar de cuidados, pero también de humanidad, de escucha y de acompañamiento. Y en una sociedad cada vez más envejecida y necesitada de apoyo emocional y social, probablemente deberíamos empezar a entender el cuidado como una responsabilidad colectiva y no únicamente sanitaria.
Con el tiempo, muchas familias quizá no recuerden con detalle un tratamiento concreto o una intervención determinada, pero sí recuerdan perfectamente cómo se sintieron acompañadas en algunos de los momentos más difíciles de sus vidas. Ahí es donde la enfermería deja una huella que va mucho más allá de la técnica y donde los cuidados paliativos muestran, probablemente, una de las dimensiones más humanas de nuestro sistema sanitario.
- Mara Castillo es enfermera y presidenta de la Fundación Dignia