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Andrea Bocelli dudó de la gravedad del covid

Andrea Bocelli durante un conciertoGTRES

La emotiva carta de Andrea Bocelli a su madre por no abortarlo: «Confió en la vida y no eludió sus responsabilidades»

El 22 de septiembre de 1958 se convirtió en el día más importante para Edi Bocelli. Ese día daba la bienvenida a Andrea, un niño que se coronaría como uno de los tenores más importantes a nivel mundial

A pesar de los intentos de elevar la cultura de la muerte, aún hay personas que luchan por la vida de los no nacidos. Un claro ejemplo es el tenor de renombre mundial Andrea Bocelli, quien leyó una emotiva carta durante en la Marcha Nacional por la Vida de Italia, agradeciendo a su madre por no abortarlo.

Todo comenzó con la recomendación de un médico a su madre para terminar con su vida. Sin embargo, ella «optó por confiar» en su vida, «no eludir sus responsabilidades» y «no darle la espalda». Con estas palabras de agradecimiento empezaba Bocelli su carta, que leyó públicamente en la clausura del evento para mostrar la importancia de decir «sí» a la dignidad del ser humano.

Asimismo, Maria Rachele Ruiu, portavoz de Pro Vita & Famiglia y encargada de presentar y leer la carta, subrayó que, en palabras del tenor, la vida, cuando se acoge en lugar de temerse, «se multiplica», y las civilizaciones que han prosperado son aquellas «que invirtieron en las nuevas generaciones», recoge LifeSiteNews en su web.

La historia del gran Andrea Bocelli

El 22 de septiembre de 1958 se convirtió en el día más importante para Edi Bocelli. Ese día daba la bienvenida a Andrea, un niño que, a pesar de la insistencia de los médicos por no traerlo al mundo, estaba vivo, respirando y se coronaría como uno de los tenores más importantes a nivel mundial.

Todo comenzó cuando la joven acudió al hospital con un fuerte dolor de tripa, recoge en una entrevista el canal argentino TN. Allí, tras evaluarla, los especialistas le aconsejaron abortar porque el bebé iba a nacer con «una discapacidad», una enfermedad congénita que le iba a hacer perder la vista: le habían diagnosticado un glaucoma. Es decir, una patología crónica que afecta al nervio óptico.

Edi no se rindió, siguió adelante con la condición de su hijo y estuvo dispuesta a darle la mejor vida que el pequeño podía tener. Sufrió, pues cada dos por tres le decía que su hijo tenía «un bulbo en el ojo que no paraba de crecer», pero veía, aunque fuera poco.

Sin embargo, todo se torció cuando tenía 12 años. El ya adolescente Andrea, que jugaba al fútbol como cualquier chico de su edad, recibió un fuerte balonazo que le perjudicó en su condición: le volvió ciego por completo. No veía. Pasaban los años y aunque su condición le privaba de hacer vida completamente normal, era feliz. De hecho, se convirtió en un gran tenor que alegra a todos los amantes de la música.

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