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Miembros del personal trabajan en un centro de tratamiento del Ébola en Rwampara, Ituri, República Democrática del Congo

Miembros del personal trabajan en un centro de tratamiento del Ébola en Rwampara, Ituri, República Democrática del CongoEFE

La RD del Congo supera la barrera de los 300 muertos por ébola y eleva a 1.203 los casos confirmados

El brote corresponde a la cepa de Bundibugyo, una variante del virus del ébola cuya tasa de letalidad oscila entre el 30 % y el 50 %

El Gobierno de la República Democrática del Congo ha actualizado al alza el balance del brote de ébola declarado en el este del país el pasado 15 de mayo. Según las últimas cifras oficiales, la epidemia deja ya 321 fallecidos y 1.203 casos confirmados, en un contexto sanitario que mantiene bajo presión a las autoridades nacionales y a los organismos internacionales implicados en el seguimiento de la enfermedad.

Los datos figuran en el boletín más reciente difundido por el Ministerio congoleño de la Comunicación, elaborado con la información recopilada hasta el 25 de junio. De acuerdo con ese informe, la tasa de letalidad del brote se sitúa actualmente en el 26,7 %. En paralelo, las autoridades han señalado que la tasa de rastreo de contactos alcanza el 82,8 %, un indicador clave para tratar de contener la expansión del virus y localizar a las personas que han podido estar expuestas a contagios. Hasta el momento, 148 pacientes han conseguido recuperarse de la enfermedad.

En su comunicación, el Ejecutivo congoleño insistió en la necesidad de mantener la vigilancia y la colaboración ciudadana para frenar la propagación del virus. «El Gobierno recuerda que la lucha contra el ébola es responsabilidad de todos. Se insta a todos los ciudadanos a que notifiquen cualquier caso sospechoso, respeten las medidas de higiene y eviten cualquier manipulación de cuerpos de personas fallecidas», subrayaron la autoridades.

El brote fue declarado oficialmente el 15 de mayo en Ituri, una provincia situada en el este de la República Democrática del Congo, fronteriza con Uganda y Sudán del Sur. Esta zona se ha convertido en el epicentro de la epidemia. No obstante, la enfermedad no ha quedado circunscrita a ese territorio, ya que también se ha extendido a las provincias orientales congoleñas de Kivu del Norte y Kivu del Sur, lo que ha ampliado el alcance geográfico de la emergencia sanitaria.

La propagación del brote ha cruzado además las fronteras congoleñas. Uganda ha detectado 20 contagios confirmados, de los cuales 15 se consideran importados desde la República Democrática del Congo. Entre esos casos se han registrado dos fallecimientos. A esta situación se suma el primer positivo confirmado por el Gobierno de Francia, correspondiente a un médico que había regresado de una misión en la República Democrática del Congo.

El brote corresponde a la cepa de Bundibugyo, una variante del virus del Ébola cuya tasa de letalidad oscila entre el 30 % y el 50 %. Para esta cepa no existe vacuna autorizada ni tratamiento específico, según la Organización Mundial de la Salud. El organismo considera «alto» el riesgo de expansión del brote en África subsahariana y «bajo» a escala global.

La OMS calcula que el virus comenzó a circular en Ituri alrededor de dos meses antes de que se declarara oficialmente el brote. Posteriormente, el 17 de mayo, la organización calificó la epidemia como «emergencia de salud pública de importancia internacional», una declaración que refleja la gravedad del escenario y la necesidad de coordinación frente a la amenaza sanitaria.

Con las cifras actuales, esta epidemia se ha convertido ya en la tercera peor de ébola registrada hasta la fecha. Solo queda por detrás del brote que afectó a África Occidental entre 2014 y 2016, con unos 11.000 muertos y 28.000 contagios, y del que golpeó el este congoleño entre 2018 y 2020, que dejó 2.299 fallecidos y 3.481 casos.

El virus del ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados. La enfermedad puede provocar fiebre hemorrágica grave, vómitos, diarrea y hemorragias internas, lo que explica la especial preocupación de las autoridades sanitarias ante su capacidad de propagación y su elevada gravedad clínica.

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