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Imagen de archivo de una intervención quirúrgica realizada en el Hospital de Sagunto, en Valencia

Imagen de archivo de una intervención quirúrgicaHospital de Sagunto

La última línea roja que Canadá quiere cruzar: morir al donar órganos tras pedir la eutanasia

Los autores afirman que si el paciente ha aceptado someterse a muerte sin dolor, carece de relevancia ética que fallezca unos minutos antes o durante la extracción

Canadá se ha convertido en un país que no respeta la vida. Desde su aprobación en 2016, las muertes no han parado de crecer. En solo 10 años se estima que más de 94.000 personas han fallecido mediante la eutanasia. A pesar de esta polémica cifra, plantean cruzar una nueva línea roja: la vivisección consentida, un procedimiento que permitirá a los pacientes que han pedido la eutanasia morir durante la extracción de sus órganos para trasplante, sin necesidad de que antes sean declarados muertos.

Esta iniciativa se ha presentado mediante la publicación de un artículo en la revista New England Journal of Medicine, ha abierto un debate en el país, ya que, a día de hoy, se considera una práctica ilegal. Según relata Infocatólica en su web, actualmente trabajan siguiendo la «regla del donante muerto», la cual impide que se mate a un paciente mediante la extracción de órganos. Es decir, primero debe certificarse la muerte.

Para los autores del estudio esto tiene un sentido. Tal y como argumentan en el documento, quitar a un paciente los órganos sin vida deteriora los órganos, por lo que podrían no ser tan eficientes. Aunque es cierto que se podría producir una isquemia (disminución del flujo sanguíneo), la realidad es que durante años se ha realizado así y nunca ha habido ningún problema. De hecho, la Sociedad Catalana de Trasplante subraya que los equipos médicos realizan «la extracción con extrema urgencia y aplican frío para conservar los tejidos».

Por todo ello, los intensivistas canadienses Carter Winberg e Ian Ball han propuesto en el estudio un nuevo método: extraer los órganos antes de certificar la muerte. Los autores consideran aceptable que cuando el paciente vaya a recibir la sedación para la eutanasia, este sea trasladado al quirófano para iniciar la intervención. La muerte se produciría al retirar el primer órgano y, por lo tanto, el enfermo moriría mientras su corazón continúa latiendo.

Al hilo, los autores afirman que si el paciente ha aceptado someterse a la eutanasia, carece de relevancia ética que fallezca unos minutos antes o durante la extracción de sus órganos, resume Infocatólica.

Esta situación ha sido considerada por los bioeticistas y expertos como escandalosa, ya que la que consideran «muerte por donación de órganos» es lo mismo que «llevar a una persona viva al quirófano y salir con una persona muerta», algo que se considera un asesinato. Además, en algunos casos los enfermos podrían verse presionados por los sanitarios para seguir adelante para no frustrar la donación.

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